Los analistas suelen decir que en Perú es difícil prever el resultado de una elección presidencial, porque todo puede cambiar repentinamente en las últimas semanas. Sucedió con la elección de Alberto Fujimori en 1990 y volvió a suceder, por ejemplo, con el sorprendente repunte de Alan García que lo llevó a ser elegido por segunda vez como presidente en 2006. En cambio en Chile, teníamos la costumbre de saber quién gobernaría el país con meses de antelación. Pasó con Frei, pasó con Bachelet y volvió a pasar con Piñera (quizá la única sorpresa, y fue eso, una sorpresa, fue la disputada primera vuelta de la elección de Ricardo Lagos).

Pero hoy los papeles parecen haberse invertido. En Perú, George Forsyth lidera con comodidad la carrera presidencial, a poco más de dos meses de las elecciones. Y en Chile tenemos el elenco más nutrido de candidatos de los últimos años. Sólo en Chile Vamos hay seis cartas posibles, sumando al último incorporado,  Ignacio Briones, que se agregan a Paula Narváez, Heraldo Muñoz, Francisco Vidal y Jorge Tarud en el PPD, Carlos Maldonado en el PR y Alberto Undurraga y Ximena Rincón en la DC –que este fin de semana se someterán a primarias. Ello sin contar a Daniel Jadue y Pamela Jiles. La ironía es que el Frente Amplio, que vino a remover el tablero en la izquierda, sigue sin tener a nadie.

Sobre esto último, escribió Carlos Correa el lunes pasado en una columna que no pasó inadvertida en algunos sectores y que tituló el Headhunting del Frente Amplio. Independiente de si gane o no, “tener una candidatura fuerte permite apalancar votos para el Parlamento como lo hizo la vez anterior Sánchez”, escribe el analista. Pero “la búsqueda ha encontrado negativas difíciles de rechazar”. Es el caso de Fernando Atria, Daniel Stingo y Patricia Muñoz. Por eso, según Correa, “la fórmula para el FA no deba ser seguir buscando candidaturas en modelo “headhunting”, sino apostar a su propia institucionalidad”. Aunque algunos ya muestra disponibilidad.

Y siguiendo con la carrera presidencial, Juan Ignacio Brito y Paula Walker abordaron el escenario desde sus respectivas ópticas. Para Brito es sintómatico el contraste entre nuestra realidad y lo sucedido en Estados Unidos. Mientras allí, el recién asumido presidente Joe Biden “es un caso extremo de acumulación de experiencia política para enfrentar tiempos difíciles”, aquí en Chile “parecemos ir en sentido contrario”. “Más allá de los nombres”, advierte, “cabe preguntarse si la carrera por La Moneda es lugar para experimentos”. Y su respuesta es clara: “a la hora de pensar en nombres (hay que evaluar) si los precandidatos están a la altura del desafío por delante.”

En cambio para la exdirectora de la secretaría de comunicaciones de Michelle Bachelet, su lectura es muy distinta, en especial sobre la figura de Paula Narváez. Según ella más allá del fuego amigo y enemigo que ha comenzado es relevante destacar “la frase que usa la precandidata Narváez: ‘Yo soy yo misma’” y lo que agregó después, que el proyecto que lidera no se trata de ‘rostros ni de personas, sino de ideas, de diálogo para poner a Chile… en el centro de cualquier conversación’”. Ello, porque, “estamos ante una campaña electoral que en nada se parece a las anteriores y en medio de un proceso constituyente que permitirá proponer, conversar y no imponer”.

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