El enemigo ha sido derrotado. Esta es la sensación general tras difundirse los resultados de la tensa noche electoral en Holanda. “Lo hemos parado”. Fue el aplauso del primer ministro, Mark Rutte, el gran ganador, a pesar de haber perdido nueve escaños con respecto a las últimas elecciones. La batalla en estos comicios era evitar, fuese como fuese, una victoria del ultraderechistaGeert Wilders, al que muchas encuestas daban como ganador o, al menos, rival extremamente cercano al partido liberal-conservador de Rutte, el VVD.

Lo que ahora se abre es el tradicional periodo de incertidumbre para determinar la futura coalición del Gobierno en un hemiciclo de 150 escaños, en el que la formación ganadora, el VVD, tiene solo 33 diputados. Un tripartito no es suficiente para llegar a los 76 asientos que marcan la mayoría absoluta, hay que jugar al menos a cuatro bandas. Y Rutte no ha tenido mucho tiempo para descansar de la resaca de anoche. A primera hora de este jueves ya estaba haciendo matemáticas sobre las posibles coaliciones. “Veréis que pasaremos unas cuantas semanas sentándonos a la mesa”, advirtió.

 

Este mismo jueves han empezado los primeros acercamientos, que de momento dirigirá la actual presidenta del Parlamento, Khadiya Arib, diputada del partido socialdemócrata PdvA y, por cierto, nacida y criada en Marruecos. Es ahora cuando empieza lo realmente complicado para el primer ministro: mantenerse al mando del futuro gabinete para encarar su tercera legislatura consecutiva.

/El Confidencial

/gap