El asteroide Bennu, expulsando partículas de su superficie el 6 de enero de 2019
El asteroide Bennu, expulsando partículas de su superficie el 6 de enero de 2019

La nave espacial OSIRIS-REx de la NASA llegó al asteroide Bennu en diciembre de 2018 cargada de preguntas. Los científicos estaban interesados en este objeto con forma de diamante y medio kilómetro de ancho por varias razones, entre ellas la posibilidad de que, por su antigüedad, mejore nuestro conocimiento sobre los orígenes de sistema solar. También para afinar su trayectoria, ya que se considera potencialmente peligroso para la Tierra y no está de más tenerlo vigilado. Por si eso no fuera bastante, una semana después de su llegada, la misión descubrió algo extraordinario e inesperado. La superficie del asteroide crepitaba de actividad, arrojando pequeños trozos de roca al espacio. Entonces, los investigadores no tenían claro cómo y por qué sucedía algo tan extraño y ahora están comenzando a entenderlo.

Que el primitivo Bennu tenga afición a disparar cosas no es nada convencional. Por lo general, son los cometas, no los asteroides, los que están activos. Los cometas están compuestos de hielo, roca y polvo. A medida que el Sol calienta el hielo, el vapor emana de la superficie, el polvo y trozos del núcleo del cometa se pierden en el espacio y se forma una de esas largas colas polvorientas tan vistosas. Los asteroides, sin embargo, están compuestos principalmente de roca y polvo (y quizás una cantidad menor de hielo), por lo que suelen ser mucho menos animados. Pero no todos.

El lanzamiento de partículas en Bennu sorprendió a los científicos, que han pasado el último año investigándolo. Las cámaras en OSIRIS-REx detectaron partículas de roca proyectadas al espacio repetidamente durante una inspección del asteroide en enero de 2019. Uno de los estudios, dirigido por el Laboratorio de Propulsión a Reacción (JPL) de la NASA en el sur de California, encontró que la mayoría de estos trozos de roca del tamaño de un guijarro, que suelen medir alrededor de 7 milímetros volvieron a Bennu bajo la débil gravedad del asteroide después de un salto corto, a veces incluso rebotando hacia el espacio después de chocar con la superficie. Otros tardaron más en volver a la superficie, permaneciendo en órbita unos días y a hasta 16 revoluciones. Y otros fueron expulsados con suficiente empuje para escapar por completo de los alrededores de Bennu.

El asteroide Bennu
El asteroide Bennu

Fractura térmica

Al rastrear los viajes de cientos de partículas expulsadas, el equipo también pudo comprender mejor qué podría estar causando que las partículas se lancen desde la superficie de Bennu. Los tamaños de las rocas coinciden con lo que se espera para una fractura térmica (ya que la superficie del asteroide se calienta y enfría repetidamente mientras gira), pero las ubicaciones de las eyecciones también coinciden con las ubicaciones de impacto modeladas para posibles meteoroides (pequeñas rocas que golpean la superficie de Bennu mientras orbita el Sol). Los investigadores creen que incluso puede ser una combinación de estos fenómenos. Pero para llegar a una respuesta definitiva, advierten, se necesitan más observaciones.

Si bien su propia existencia plantea numerosas preguntas científicas, las partículas también arrojaron luz sobre cómo es el campo de gravedad de Bennu. Muchas partículas orbitaban Bennu mucho más cerca de lo que sería seguro para la nave espacial OSIRIS-REx, por lo que sus trayectorias eran muy sensibles a la gravedad irregular del asteroide. Esto permitió a los investigadores estimar la gravedad de Bennu con mayor precisión de lo que es posible con los instrumentos de la nave espacial.

Peligro para la nave

Pero, ¿es peligroso este lanzamiento de rocas para OSIRIS-REx? En promedio, solo se expulsan una o dos por día y, debido a que se encuentran en un entorno de muy baja gravedad, la mayoría se mueven lentamente. Representan una pequeña amenaza para la sonda, que intentará aterrizar brevemente en el asteroide el 20 de octubre para recoger material de la superficie. Ese material puede incluir partículas que fueron expulsadas antes de volver a caer a la superficie. Si todo sale según lo planeado, la nave espacial regresará a la Tierra en septiembre de 2023 con un alijo que nos ayudará a entender mejor nuestros propios orígenes.

/psg