LA NUEVA Mayoría es poco más que la foto de los lunes en La Moneda. Entre sus dirigentes, predomina hoy la preocupación por la factura política que habrá que pagar por la gestión de gobierno, la incertidumbre electoral por el fin del binominal y el temor al futuro. Todo eso ocurre mientras la Presidenta Bachelet todavía está en funciones; cuando ya no esté, ni foto.

El gobierno de la NM provocó “desconfianza estructural” en la sociedad, y la mayor responsabilidad es de la Mandataria, que creyó que el país necesitaba virar a la izquierda e impuso un programa que hiciera sentirse cómodo al PC, y que se basaba en la idea de que más Estado significa más igualdad. Ese programa multiplicó los planes de gasto público y, a la vez, despreció el crecimiento de la economía. Si Chile ha podido amortiguar el daño de reformas tan defectuosas como la tributaria y la laboral, es porque progresó sólidamente en las décadas anteriores. Sin embargo, las expectativas de la población hace rato que van a la baja, la economía crece poco y el propio ministro de Hacienda reconoce los problemas para concretar inversiones.

Quienes como el ministro Mario Fernández abogan por la continuidad de una experiencia de gobierno abrumadoramente desaprobada por los ciudadanos, tienen sin duda dificultades para reconocer la realidad. Lo más conveniente es que él se concentre en cumplir con sus obligaciones lo mejor posible y que el gobierno no intente fijar la ruta de los próximos años.

Carolina Goic fue proclamada por la DC, pero no se sabe hasta dónde llegará; Guillier empezó a mostrar vacilaciones; Lagos está a la espera de lo que pase con el refichaje del PPD; y el PS intenta aclarar lo que quiere. Mientras tanto, la ansiedad parlamentaria está disparada. Ante la propuesta DC de presentar dos listas, los otros partidos piden lista única, es decir negociada con pactos por omisión y ojalá con seguro de vida, lo que implica meter a 7 partidos en una lista que legalmente debe tener 40% de mujeres. ¡Y todos los diputados quieren ser reelegidos!

Hablar de la primaria es surrealista. Depende en primer lugar de que los partidos cumplan el refichaje dentro de cuatro semanas, y eso está difícil. Pero incluso si la primaria llegara a realizarse, el espectáculo sería más bien penoso debido a las grietas que quedarían a la vista. ¿Sería una competencia por liderar el segundo capítulo del actual gobierno? Y todo eso, ¿para llevar a Chile hacia dónde? Lo más honesto sería que todos los partidos dieran la cara en la primera vuelta, y que en la segunda pactaran una fórmula de gobierno aquellos que tengan verdaderas coincidencias.

La NM va hacia el ocaso. Eso abre una oportunidad para configurar una centroizquierda moderna, genuinamente democrática, que defienda el valor universal de los DD.HH., que rechace todas las dictaduras, que tome distancia de los tics populistas y la reingeniería social con retroexcavadora. Una centroizquierda que apueste por la cooperación entre el Estado y el sector privado para que Chile sea más próspero y más justo.

/Blog de Sergio Muñoz para La Tercera

/gap