El libro Felipe Camiroaga, La Verdadera Historia -escrito por Cristián Farías, editor de Glamorama, y Cecilia Gutiérrez- reveló que las cosas entre Kathy Salosny y Felipe Camiroaga estaban mal, muy mal, mucho antes de la pifiadera contra el inolvidable animador en el Copihue de Oro de 2010, el episodio público más amargo que vivió el conductor.

Tenían diferencias. Discusiones. Pero el dolor que le causaron al Halcón de Chicureo las pifias en el Caupolicán los distanciaron aún más.

Algunos medios de comunicación habían instalado en el público la idea de que Camiroaga pidió la salida de Salosny del matinal. Algo que él siempre negó, que nunca se comprobó.

Pero Salosny no negó los rumores que perjudicaban al animador y eso a él le causó aún más aflicción. Siguieron enojados.

Hasta ahora se sabía que los ex pololos nunca se volvieron a hablar. Pero anoche, en su late en TVN, Kathy reveló que hubo un último encuentro en público con Felipe, en el que ha ella le quedó la sensación de que las cosas podrían arreglarse.

Estas fueron las palabras de la anfitriona de No Culpes a la Noche:

“Me hiciste recordar una situación personal que yo viví, y que a ti también te consta, porque nosotros estábamos distanciados. Saben lo que sucedió.

“Pero en nuestra larga historia, teníamos un vínculo indisoluble y nos peleamos tantas veces. Eso la gente no lo sabe. Y siempre venía algún hito de reconciliación.

“A mí me pasó, a lo mejor la gente no tiene idea, lo quiero contar. Como una semana, una semana y media antes de que Felipe falleciera, no nos vimos en mucho tiempo. Nos encontramos solos.

“Fue una situación muy particular, porque era un lugar público, donde había mucha gente, y nos encontramos solos y fue, para los dos, volver a conectar esa mirada donde nos reconocíamos.

“‘Hola, chica. ¿Cómo estai?’, me dice. ‘Bien, ¿y tú?’, le digo. ¿Y tú casa?’, porque se le había quemado su casa. ‘Ya está mejor, está bien’. Y no nos dejábamos de mirar a los ojos. Y me dijo ‘¿cómo está tu mamá?’, porque la quería mucho. ‘Bien. ¿Cómo está tu hermana?’. ‘Bien’. ‘¿Y tu familia?’. ‘Bien’. Y empezamos a sonreír.

“Y de repente me dice… Me emociono un poco (se frota los ojos). Me dice ‘qué lindo tu pañuelo’ (comienza a sollozar). Y ese pañuelo yo lo miro, y no había caído en cuenta. ‘Si poh, me lo regalaste tú poh, weón’, le dije. Él me lo había regalado y lo tenía puesto.

“Nos despedimos. ‘Que estés bien, chica’. ‘Que estés bien, Felipe’. Y nos fuimos cada uno por su camino. Y pensé en ese momento y sentí ‘que bueno, acá comienza otra reconciliación más con él’. Fue tantas veces. Me fui contenta. Y después se murió. Pero me despedí.

“Hay tantas cosas que no se saben tampoco. Pero para mí, menos mal que me encontré con él. Por suerte me encontré con él”.

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