La tapa de una de las últimas ediciones de la revista Time apareció con una ilustración de Donald Trump en un salón Salón Oval completamente inundado, con el agua al cuello. En realidad, solo se ven las piernas del jefe presidente estadounidense, intentando respirar desesperado el escaso aire que le queda, en medio de lo que parece una tormenta arrasadora.

Es que estas últimas semanas han sido de las peores de su año y medio de mandato y lo han dejado con el agua al cuello por la difusión de un nuevo libro y un editorial anónimo que revelan una trama de caos y traiciones en la Casa Blanca, sumado al testimonio de dos de sus ex colaboradores que lo complican y lo podrían llevar incluso a un juicio político.

Sin embargo, hay otra realidad paralela a la que se aferra Trump para salir a flote entre la turbulencia: los números de la economía están fuertes y a esas cifras apuesta para sobrevivir a los escándalos.

Una Casa Blanca “amoral”, escandalosa, y un presidente “tonto” con problemas judiciales por todos lados mientras la economía –al menos por ahora– marcha con solidez: son dos frentes que conviven en simultáneo y que serán clave para las próximas elecciones legislativas de noviembre.

Un libro del periodista Bob Woodward reveló que varios de los colaboradores presidenciales consideran a Trump un “idiota”, a quien le esconden los informes para que no tome decisiones dignas de un niño de primaria.

Se sumó luego un alto funcionario que escribió en forma anónima una columna de opinión en el New York Times que califica al presidente de “amoral”, entre otros adjetivos que estremecen.

El autor incluso habla de una especie de grupo de resistencia dentro del gobierno que trata de contener los impulsos erráticos de Trump. Como era de esperar, el presidente está furioso buscando al traidor y dicen que el clima de la Casa Blanca hoy es irrespirable.

Bob Woodward . AFP

Bob Woodward . AFP

En el plano legal, mandatario está evidentemente complicado. Su ex abogado y hombre de confianza, Michael Cohen, días pasados declaró ante un juez federal que, a pedido del magnate, le había pagado a una actriz porno y una conejita de Playboy para que mantuvieran silencio sobre el supuesto romance que habían tenido hace años con quien luego se convertiría en candidato republicano.

No es un tema de personal ni de revistas del corazón. De comprobarse que estos pagos fueron hechos con fondos de las empresas de Trump, como alega Cohen, se estarían violando las leyes de financiamiento electoral. El presidente, que antes negaba que le hubiera pagado, ahora alega que lo hizo con dinero propio, lo que no sería delito.

Podría ser citado a que cuente todo lo que sabe, con los riesgos que implica que un hombre lenguaraz y sin filtros como Trump se siente ante un magistrado a declarar. Sus abogados tiemblan ante esta perspectiva.

Ante este panorama, crecen en Washington los rumores de un posible impeachment. Aunque esta posibilidad estaría lejos de concretarse dado que los demócratas no tienen mucho entusiasmo por embarcarse hoy en esta discusión, es la primera vez que al presidente se lo implica directamente en un posible delito y por eso crecen las especulaciones.

No solo por el caso Cohen está complicado Trump. Su ex jefe de campaña, Paul Manafort, fue considerado el martes culpable de 8 delitos, que incluyen fraude bancario y fiscal, en una investigación del equipo del fiscal especial Robert Mueller, que sigue las pistas del “Rusiagate”, la supuesta injerencia de Moscú en la campaña de 2016.

Lo que teme la Casa Blanca es que alguno de ellos, o ambos, acepten declarar en la causa del “Rusiagate” –la que más asusta a Trump— para intentar que se les reduzca la pena.

Michael Cohen, el ex abogado personal de Donald Trump, y hoy uno de los grandes problemas para el presidente. AP

Michael Cohen, el ex abogado personal de Donald Trump, y hoy uno de los grandes problemas para el presidente. AP

Bajo esta presión judicial, Trump salió a decir en una entrevista con tono de advertencia: “Le diré esto: si alguna vez soy sometido a un impeachment creo que el mercado podría colapsar. Creo que todos podríamos ser más pobres”, afirmó. Así, Trump intentaba neutralizar su frente “complicado” con algo en lo que puede sacar pecho, los datos económicos.

De acuerdo con varios indicadores, la economía se encuentra –al menos por ahora– en excelente forma. Wall Street ha batido récords constantes.

El crecimiento para el segundo trimestre de este año se fijó en una tasa de 4,2% anual, el mejor desempeño desde el tercer trimestre de 2014. La desocupación cayó al 3,8 por ciento (prácticamente pleno empleo) y así igualó al porcentaje más bajo de los últimos 50 años en Estados Unidos. El consumo bate récords.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó para este año un crecimiento de casi 3%, mejorando incluso sus perspectivas gracias a una actividad “más sólida de lo esperado anteriormente”, una demanda externa “más firme”, el impacto macroeconómico de la reforma fiscal de diciembre de 2017, y un mayor gasto público, que llega tras el acuerdo bipartidista alcanzado en el Congreso estadounidense en febrero.

Además, las fábricas tienen más pedidos y el índice de confianza del consumidor está a niveles que no se veían desde la época de Bill Clinton. La renegociación del NAFTA con México es percibido como un gran triunfo en el interior del país, sobre todo en los estados un industria automotriz fuerte.