La forma en que el Gobierno del Presidente Sebastián Piñera ha manejado la crisis ambiental en Quintero refleja una preocupante falta de disciplina y coordinación.Porque no es normal que la principal resistencia a la posición oficial del gobierno provenga de personas que han sido nombradas discrecionalmente por el propio Presidente Piñera, la crisis de Quintero deja entrever un mal olor político que, sin ser tan dañino como lo que hoy sufren los residentes de la zona, tendrá efectos negativos más duraderos para la administración que la nube tóxica que amenaza a esa ciudad.

La emergencia ambiental en Quintero ha producido una crisis al interior del gobierno. Si bien es comprensible que haya posiciones divergentes respecto a quién es responsable de las emisiones contaminantes y también que haya posiciones encontradas respecto a cuál es la mejor forma de enfrentar el problema, es inaceptable que esas diferencias se ventilen públicamente después de que el propio Presidente Piñera parece haber dejado clara cuál es la posición oficial del gobierno.

El costo inmediato de la descoordinación del gobierno lo paga Quintero, que no sabe cuándo se acabará el riesgo de la nube tóxica ni tampoco conoce los costos de mediano y largo plazo que este accidente ambiental tendrá para la salud de su gente. Pero el costo de largo plazo de este incidente lo terminará pagando el gobierno. La ciudadanía necesita ver que el gobierno tiene una sola voz y que hay una estructura de mando clara y definida. Cuando la gente ve que las autoridades de gobierno se andan peleando públicamente y que mientras algunos dicen A, otros dicen B, la ciudadanía comprensiblemente responsabiliza a la máxima autoridad del país por el desorden. Si las autoridades no se ponen de acuerdo, la gente inevitablemente cree que el Presidente no está ejerciendo adecuadamente su autoridad.

 

Como la información que se ha hecho pública es confusa y porque la indecisión del gobierno alimenta las teorías de conspiración, ahora ya no basta que éste tenga un mensaje único y que todas las autoridades se alineen detrás de la posición oficial. Ya hay un daño para su credibilidad. Pero en tanto se mantenga la falta de disciplina y haya funcionarios públicos que se vayan por la libre, demostrando una falta de coordinación, seguirán aumentando las dudas sobre qué tanta capacidad tiene el gobierno para imponer orden y disciplinar a sus funcionarios de confianza.

Lamentablemente para el gobierno, la nube tóxica de Quintero ha hecho que en el propio palacio de La Moneda se perciba un mal olor político. La falta de disciplina y el desorden en la respuesta oficial del gobierno alimentan la sospecha de que, cuando toca enfrentar una crisis, no está clara cuál es la línea de mando ni quién toma las decisiones finales. Como sabemos que habrá nuevas situaciones imprevistas, el gobierno debiera tomar medidas para evitar que cada crisis que estalle alimente las dudas sobre quién lleva las riendas del día a día en el gobierno de Chile Vamos.

/Escrito por Patricio Navia para El Líbero

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