Estados Unidos empezó a transitar el camino hacia las elecciones de medio término más dramáticas de las últimas décadas. Comicios que históricamente reciben menor atención, por ser exclusivamente legislativos a nivel nacional, se convirtieron en un plebiscito que podría resultar decisivo para el futuro de Donald Trump en la Casa Blanca.

El ambiente ya venía recalentado por las investigaciones judiciales contra el entorno presidencial, en el marco de la trama de la injerencia rusa en las elecciones de 2016. La carta abierta publicada esta semana en The New York Times, en la que un alto funcionario nombrado por Trump dijo —sin revelar su identidad— que al interior del gobierno hay una resistencia contra el Presidente, y que evaluaron acudir a una enmienda constitucional para destituirlo, terminó de exasperar los ánimos.

El 6 de noviembre se elegirán 39 de los 50 gobernadores, además de miles de autoridades legislativas y ejecutivas de nivel subnacional. Pero lo verdaderamente decisivo es la renovación del Congreso, que actualmente está bajo control del Partido Republicano.

Se elige a la totalidad de los miembros de la Cámara de Representantes y a un tercio de los senadores. Las proyecciones indican que es muy difícil que el oficialismo pueda retener la mayoría en la cámara baja, pero tiene altas probabilidades de conseguirlo en la alta. De un puñado de estados y de distritos que están muy peleados depende el resultado final, que podría tener un impacto trascendental en los próximos años de la política norteamericana.

Los estados clave son aquellos en los que se eligen senadores, particularmente los que tienen competencias muy parejas. También son muy importantes los distritos legislativos con elecciones competitivas. Ellos son los que van a determinar quién obtiene la mayoría en cada cámara”, explicó Joseph Bafumi, profesor de gobierno en el Dartmouth College, consultado por Infobae.

Las batallas que definirán el nuevo Congreso

La Cámara de Representantes está compuesta por 435 legisladores, y el país se divide en 435 distritos legislativos, de modo que cada uno elige a un solo representante. En un sistema marcadamente bipartidista, la disputa suele ser entre un candidato republicano y uno demócrata.

Un rasgo distintivo del Parlamento estadounidense es la altísima tasa de reelección. En cada ciclo electoral cerca del 90% de los candidatos son congresistas que buscan un nuevo período. Como las identidades partidarias son muy estables, y quienes están en el cargo cuentan con múltiples ventajas, tiene éxito una proporción similar de los que buscan la reelección. Eso explica que los legisladores pasen, en promedio, muchos años en sus escaños.

Esta dinámica permite proyectar con alto grado de exactitud cuál será el resultado en la mayor parte de los distritos. Por ende, los cambios que se producen en las mayorías de un período a otro se explican, en gran medida, por lo que sucede en un pequeño número de batallas. Son aquellas en las que el legislador que busca la reelección se vio involucrado en algún escándalo que dañó su imagen, o aquellas en las que quien está en el poder decide retirarse y deja vacante su lugar.

Martha McSally y Kyrsten Sinema se disputan una banca en Arizona

Martha McSally y Kyrsten Sinema se disputan una banca en Arizona

En la composición actual, los republicanos tienen 241 bancas y los demócratas 194. Para tener la mayoría se necesitan al menos 218. Si hay muchas chances de que la Cámara cambie de manos es, en primer lugar, porque 37 miembros del oficialismo no irán por la reelección, contra sólo 18 representantes de la oposición, menos de la mitad.

Según el promedio de las principales encuestas que realiza RealClearPolitics, 392 de los 435 escaños tienen un favorito muy claro, que le saca mucha diferencia a sus competidores. Entre ellos, 201 son demócratas y 191 son republicanos.

Eso significa que la clave estará en el resultado de los restantes 43 distritos, en los que hay paridad. Con la excepción de dos circunscripciones en Minnesota, las otras 41 están en manos de republicanos. Considerando que los demócratas ya tendrían 201 bancas “seguras”, para llegar a 218 sólo necesitarían defender las dos que están muy parejas y que ya están en su poder, y robarles a sus rivales 15 de las 41.

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