Sebastián Piñera y Cecilia Morel se bajaron del auto presidencial en el frontis de la Catedral Evangélica 10 minutos pasadas las 11 de la mañana y fueron recibidos por carabineros, autoridades y un grupo de cerca de 30 personas con carteles en contra de la ley de identidad de género. “Piñera traidor”, gritaban los manifestantes -entre los que se encontraba el pastor Sabino Larenas-, mientras otros levantaban una pancarta que en letras azules decía: “Piñera mintió a la Iglesia”.

Al mismo tiempo, adentro del edificio, el director del coro avisaba el ingreso del Mandatario por altoparlante y rápidamente el ambiente cambió para Piñera. Junto con el Himno Nacional, las personas presentes en el tedeum evangélico se pusieron de pie y aplaudieron mientras el Jefe de Estado y la primera dama ingresaban al evento escoltados por el obispo Eduardo Durán, presidente del Concilio Nacional de Iglesias Evangélicas de Chile.

Uno por uno fueron saludando a autoridades del mundo religioso, militares y, finalmente, a los políticos. Gonzalo Blumel, Cecilia Pérez, Andrés Chadwick y Nicolás Monckeberg se sentaron en primera fila, junto a casi la mayoría del gabinete ministerial, marcando una fuerte presencia del gobierno. Cerca de ellos, un reducido grupo de parlamentarios, entre quienes figuraban los diputados Camila Flores, Eduardo Durán y Joaquín Lavín, y los senadores Juan Antonio Coloma y Carlos Bianchi, además del exdiputado José Antonio Kast.

Días antes, distintos políticos habían anunciado que no participarían de la ceremonia. Primero fue la presidenta de la Cámara, Maya Fernández (PS), y luego siguió su par del Senado, Carlos Montes (PS). Tras ellos se sumaron los timoneles de los partidos de Chile Vamos y los alcaldes de Recoleta, Independencia, Quilicura y Cerro Navia, quienes lo anunciaron a través de una carta.

¿La razón? Tras la aprobación de la ley de identidad de género en el Congreso -iniciativa en la que el gobierno impulsó el cambio de sexo registral desde los 14 años-, en el Ejecutivo y oficialismo se había instalado una inquietud ante la posibilidad de que se repitiera un escenario similar al que enfrentó Michelle Bachelet en el tedeum evangélico de 2017, cuando se le hicieron duras críticas por las medidas de su agenda valórica, como la ley de aborto en tres causales.

Sin embargo, al interior de la iglesia no se vio reflejada hoy la molestia que se había instalado en el mundo evangélico por la decisión de Piñera de involucrarse en la ley de identidad de género. El evento, de hecho, se desarrolló con normalidad y en un ambiente tranquilo para el Mandatario, quien estuvo en primera fila junto a Morel y las máximas autoridades de tres órganos del Estado: Iván Aróstica (TC), Haroldo Brito (Corte Suprema) y Patricio Santamaría (Servel).

El mensaje

El momento más esperado eran las palabras del obispo Eduardo Durán, quien está siendo investigado por la fiscalía por eventual lavado de dinero o infracciones tributarias. Esto, por su alto patrimonio, cercano a los $ 1.152 millones.

En su discurso, el obispo expresó las actuales preocupaciones del mundo evangélico en temas como el avance económico y la desigualdad, los desafíos de la inmigración, la valoración del rol de la mujer y el “acceso a la educación de calidad”.

“No nos corresponde dar receta, mucho menos política, pero tengo claro que sí nos corresponde dar esperanza”, dijo a las autoridades de gobierno. Y agregó: “El Estado tiene una responsabilidad especial en la búsqueda del bien común”.

Sin embargo, en su intervención -a diferencia del año pasado- no abordó la agenda valórica y ni siquiera aludió a la ley de identidad de género, algo que tampoco hicieron los otros representantes religiosos que hablaron desde el podio. “Nos sentimos honrados y bendecidos con la presencia de las autoridades. Que Dios los bendiga”, dijo uno de los obispos durante la prédica.

Las garantías de que esta sería una ceremonia que se desarrollaría con normalidad fueron conversadas previamente entre los obispos. “Era necesario que fuera así, se moderó bastante. Trabajamos nosotros en el tema, lo que se iba a tratar, e hicimos un llamado a los que iban a participar a que lo hicieran con mucha prudencia y mucho respeto”, reveló a La Tercera el presidente de Consejo Nacional de Obispos y Pastores de Chile, Jorge Méndez. Asimismo, el secretario de esa organización, Javier Espinoza, dijo que “estamos conscientes de que los políticos conocen nuestro pensamiento (respecto de la Ley de Identidad de Género) y queríamos hacer un servicio de acción de gracias que fuera más unificador”.

Además de las gestiones internas realizadas por los organizadores del tedeum, se sumaron los contactos entre representantes religiosos y los ministros Gonzalo Blumel y Cecilia Pérez en los días previos, conversaciones en las que se les dieron garantías necesarias al gobierno, considerando que Piñera ya había confirmado su asistencia. El miércoles, el obispo Eduardo Durán llamó a Pérez para transmitirle esa seguridad. Y desde la Segpres afirmaron que Blumel estaba en constante contacto con los evangélicos para reafirmar que el evento se desarrollaría con “normalidad”.

A la salida de la Catedral Evangélica, el Mandatario destacó cómo se desarrolló la ceremonia y señaló que “comparto con el mundo evangélicos los valores y principios esenciales: el valor de la vida, de la familia de la justicia, de la paz, de la verdad, y por eso fue una gran ceremonia de acción de gracias”. Además, abordó la ley de identidad de género, defendiendo su tramitación. “Todos nacemos iguales en dignidades y derecho, y el proyecto de ley que aprobó el Congreso busca exactamente eso. Por eso lo hicimos con mucha prudencia y sensibilidad”, dijo, junto con recalcar que “es una ley que apunta a fortalecer la dignidad y los derechos de todos los habitantes de este país”.

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