Imposible no dedicar estas líneas a las tertulias que mantuve estas fiestas con agricultores y emprendedores de la Araucanía, sin transmitir a mis leales lectores cómo ellos suspiraban por lo mal que estaba la zona y por lo esperanzados que están con los anuncios presidenciales para la Región…

Lo que más me impactó fue que uno de mis interlocutores dijera… “Cómo no va ser irritable comprobar a diario que… Dios está en todas partes, pero sólo atiende en Santiago…”.

Compartiendo el sentimiento de centralismo que experimentaba nuestro país, y de que, en materias políticas y económicas (por decir lo menos), las prioridades parecían estar concentradas en la capital, confieso que siempre quise “sumar aguas” con quienes esperaban confiados el nuevo plan para la Araucanía, señalando que el proyecto contenía muchos elementos positivos y abría grandes posibilidades para la zona. A modo de arenga, expresaba: “dejemos de lado los pesimismos y adhiramos con fuerza y convicción a esta nueva oportunidad”.

Revisamos muchas veces los contenidos del plan: 491 proyectos involucran a 10 ministerios, significan una inversión de más de ocho mil millones de dólares en ocho años, y además debieran generar el doble en inversiones privadas durante el mismo periodo… Poco a poco mis interlocutores se fueron convenciendo de que: “la tarea se ha hecho bien y lo que corresponde ahora es sumarse…”.

Convencido de las bondades del plan, pero conocedor de las características de nuestros predispuestos emprendedores, en todas las oportunidades que pude traté, discretamente, de advertir que estas iniciativas tomaban tiempo, por lo que no sólo había que tener paciencia sino que, además, era preciso apoyar y también presionar (tal como se lee… “presionar”) a las autoridades para que adopten las medidas capaces de generar orden en el sector público y confianza en el privado.

Invariablemente, la conversación siempre derivó al movedizo terreno de la política… “aquí lo que ha faltado es autoridad y decisión; nuestra región, que antiguamente fue el granero del país, hoy es la más pobre de todas; la inversión ha sido igual a cero. Todo ello por no tener las cosas claras… se ha permitido que la política divida lo que el tiempo y la historia ha unido”.

Reiteradamente mis interlocutores rcordaron que… “la Junta General de Loncos y Caciques de Nueva Imperial y de las 30 comunas de la Araucanía el ‘89 nombró a Pinochet ‘Ulmén Futa Lonco’ (Lonco de Loncos)…” y se preguntaban… ¿Qué pasó ahora, por qué llegamos a esta intolerancia…?

Por último, y después de largas tertulias, me quedo con lo que dijo un prestigiado agricultor de la zona… “este proyecto, que si bien tiene un alto componente de beneficios productivos económicos y sociales (que van a demorar en concretarse), ha sido recibido como una respuesta a las presiones violentistas de unos pocos, cuya réplica ha sido quemar camiones y tomarse con una marcha el centro de Temuco… Aquí lo que falta es una pieza clave…que el pueblo mapuche y sus Loncos adhieran a la verdadera pacificación de la Araucanía y aíslen a los violentistas que quieren quedarse con… el oro y el moro”.

por Cristián Labbé Galilea