Luego de un año de trabajo, la división de estudios de la Superintendencia de Pensiones, departamento que cuenta con la mayoría de profesionales mujeres, concluyó su primer “Informe de género sobre el sistema de pensiones y seguro de cesantía”, que revela datos que servirán como un insumo técnico final para demostrar las brechas de género que se tienen que abordar en la inminente reforma previsional que está terminando de cuajar el gobierno, y que enviará en un proyecto de ley durante los próximos días, destinado a mejorar el nivel de la jubilación y, asimismo, reducir la brecha de género.

Las conclusiones del reporte, al que tuvo acceso PULSO Domingo, son reveladoras y parecen profundizar aún más la distancia que existe entre hombres y mujeres a nivel de salarios. El informe -que se elaborará todos los años en base a información de las administradoras de fondos de pensiones y de cesantía- muestra que si la diferencia del sueldo imponible entre hombres y mujeres es de 10,3% -totalizando $ 816.338 y $ 732.400 al primer semestre, respectivamente-, en los montos promedio de pensiones la distancia llega al 39,7%. Así, si a junio de este año la pensión para una mujer era de $ 189.807, la de hombres alcanzaba los $ 314.839. Actualmente, las mujeres representan al 46,7% del total de afiliados del sistema de capitalización individual y un 42,3% de los cotizantes.

El estudio se hizo en base a datos de personas que pertenecen al segmento de trabajadores formales que cotizan en los sistemas, a los que perciben beneficios al incurrir en condición de cesantía en el caso del seguro y a quienes reciben una pensión de vejez, ya sea de manera autofinanciada o como beneficiario del Pilar Solidario. Y mostró, aún más, que en las pensiones 100% autofinanciadas la diferencia es aún más importante. A junio de 2018 se registra una brecha promedio de 48,4%, donde las mujeres y hombres reciben $ 202.876 y $ 392.987, respectivamente. Esta distancia se acentúa en el caso del retiro programado (55,5%) y es significativamente menor en el caso de Renta Vitalicia (26,9%).

Al revés, en aquellas jubilaciones donde existe aporte estatal, justamente esa ayuda -el Aporte Previsional Solidario (APS)- reduce la distancia por sexo. De hecho, al primer semestre, considerando solo el componente autofinanciado de aquellas personas que reciben APS, la diferencia es de 44,8% a junio. Si al dato se le suma el componente estatal, la brecha se reduce a 22,3%. Situación similar se observa en las pensiones de vejez pagadas bajo la modalidad de Retiro Programado, en la cual la brecha de pensión promedio pagada se reduce al incluir el componente del APS de 55% a 20,8%.

Menos brechas en sistema antiguo

Las 315.823 personas registradas a junio en el antiguo sistema de pensiones tienen menos brechas en su pensión respecto de las que están afectas al sistema actual. El 65,2% de los participantes del viejo sistema son mujeres (206.010), proporción que destaca por su magnitud y que se explica principalmente por la diferencia en los requisitos que tienen ambos sexos para pensionarse.

En el sistema antiguo, las mujeres se jubilaban con 60 años de edad y 10 años de cotizaciones, en cambio, los hombres con 65 años de edad y 20 años de cotizaciones. Al comparar los montos promedio de pensión pagados para el mismo período, estos fueron de $ 351.180 para hombres y $ 250.464 para mujeres, lo que significa una brecha de 28,7%, versus la diferencia de 39,7% del sistema actual.

Si se compara el sistema antiguo con el nuevo respecto de las personas que reciben APS, también la brecha es menor en el esquema anterior. En efecto, la brecha de las pensiones promedio pagadas a quienes son beneficiarios de APS versus aquellos que no lo son es de 40,2% para aquellos que no perciben el beneficio (48,4% en el actual).

Si se considera solo a aquellos receptores de la ayuda, la brecha de los montos promedio del componente autofinanciado es de 7,3%, el que se reduce a 5,2% si se suma el APS, dato considerablemente menor al 22,3% actual.

La disparidad en el período imponible

El período de cotizaciones a lo largo de la vida laboral también les juega en contra a las mujeres, repercutiendo directamente en las débiles pensiones recibidas al final. La denominada densidad de cotizaciones de los afiliados -porcentaje de años cotizados en relación con la vida laboral- presenta diferencias significativas entre ambos sexos. En los cinco tramos de densidad de cotizaciones más bajos que estratifica la Superintendencia de Pensiones se concentra el 53,7% de las mujeres, mientras que en el caso de los hombres este porcentaje es de 37,7%. A su vez, en los rangos de densidad superiores al 70% de la vida laboral se concentra solo el 30,8% de las mujeres, versus el 43,6% de los hombres. “Siendo este uno de los factores determinantes del nivel de pensiones, las diferencias por sexo incidirán también en las brechas de los montos que estas alcanzan”, señala el informe.

Nuevos pensionados de vejez

Mensualmente, alrededor de 10 mil afiliados al sistema de capitalización individual se pensionan por vejez, de los cuales más del 50% son mujeres. Entre julio de 2017 y junio de 2018, este porcentaje alcanzó el 57,5% de un total de 118.940 nuevos pensionados del período.

Al observar las densidades promedio de cotizaciones de estos nuevos pensionados, hay una brecha de 14,6 puntos porcentuales, dado que la densidad promedio de cotización de los hombres es de 60% y en el caso de las mujeres es de 45,4%. “Esta diferencia refleja la presencia de mayores períodos sin cotizaciones en las mujeres y constituye un indicador más de las diferencias en los patrones de inserción laboral por sexo que dan cuenta de una trayectoria laboral de las mujeres más interrumpida y discontinua a lo largo del tiempo respecto de los hombres”, se lee en el estudio.

Por otra parte, al medir los saldos promedio acumulados al momento de solicitar la pensión, el regulador de pensiones constata una brecha de los nuevos pensionados mujeres respecto de hombres de 62,2%. Las nuevas pensionadas tienen un saldo promedio de 634,86 UF y el género masculino de 1.679,57 UF. En esta distancia incide, además de las densidades de cotizaciones, el período de acumulación de ahorros determinado por las diferencias en las edades legales de jubilación por sexo (60 años para las mujeres y 65 años para los hombres), lo cual resulta en un menor período de acumulación de recursos en el caso de las mujeres.

Las diferencias no se agotan solo en los ejemplos previos. Todo lo anterior redunda en que los montos promedio de la primera pensión de los nuevos jubilados del período julio 2017-junio 2018 ascienda al 67,1%, totalizando apenas $ 78.235 en el caso de las mujeres, y de $ 237.550 para los hombres.

De acuerdo al estudio, esta disparidad se explica por las diferencias de los diversos factores que determinan el nivel de pensión, entre ellos los niveles de remuneración, las densidades de cotización, los períodos de acumulación y los saldos acumulados, y la expectativa de vida mayor en mujeres que en hombres, la cual conlleva una mayor cantidad de períodos de desacumulación -o pago de pensión- a financiar. Según las tablas de mortalidad vigentes, en 2017 la expectativa de vida de una mujer a los 60 años es de 30,5 años, es decir, que vivirá en promedio hasta los 90,5 años, mientras que la expectativa de vida de un hombre a los 65 años es de 16 años, es decir, que vivirá en promedio hasta los 81 años.

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