El equipo dirigirá los telescopios a Andrómeda

Ni una sola señal. Hasta el momento, la inquietud humana por saber si estamos solos en el Universo no ha recibido respuesta alguna. Existen distintas teorías que intentan explicar el motivo de por qué no hemos contactado aún con otra civilización avanzada, a pesar de los esfuerzos de décadas para dar a conocer nuestra presencia y entablar una primera y emocionante comunicación. Incluso hay quien piensa que, sencillamente, no la hemos encontrado porque no hay nadie ahí fuera.

Mientras tanto, cada vez aparecen más mundos, no tan lejanos, que podrían ser similares a la Tierra. Planetas que, como el nuestro, existen a la distancia adecuada de su estrella como para mantener agua líquida y, quién sabe, vida. Y lo que es aún más sorprendente es el conocimiento reciente de que existen, en promedio, tantos planetas como estrellas.

Si hay tantos planetas y algunos pueden reunir las condiciones para la vida quizás no estemos buscando con la suficiente insistencia. Eso es lo que cree Philip Lubin, físico y cosmólogo experimental y profesor de física en la Universidad de California en Santa Bárbara (EE.UU.). El científico es el impulsor de un ambicioso experimento, dirigido casi en su totalidad por estudiantes, para localizar vida inteligente no muy lejos: en la galaxia vecina Andrómeda y en otras, incluida la nuestra, la Vía Láctea. La novedad es que, en vez de utilizar señales de radio, televisión y radar, el método empleado durante el último siglo, el equipo de Lubin pretende utilizar una tecnología cada vez más avanzada, la fotónica, que en longitudes de onda ópticas e infrarrojas puede ofrecer un mayor alcance.

El experimento, llamado «Trillion Planet Survey», recurre a un conjunto de telescopios, un software para procesar imágenes y un poco de teoría de juegos. Lubin se plantea un sistema de ciego-ciego, en el cual ni nosotros ni la civilización extraterrestre somos conscientes el uno del otro pero deseamos encontrarnos. «En primer lugar, estamos asumiendo que existe una civilización similar o superior a la nuestra que intenta transmitir su presencia usando un haz óptico, quizás del tipo de matriz de ‘energía dirigida’ que se desarrolla actualmente aquí en la Tierra», explica el investigador principal, Andrew Stewart, estudiante de la Universidad de Emory. «Segundo, suponemos que la longitud de onda de transmisión de este haz es una que podemos detectar. Por último, suponemos que este faro se ha dejado encendido el tiempo suficiente para que la luz sea detectada por nosotros», añade. Si se cumplen estos requisitos y la potencia y el diámetro del rayo de la inteligencia extraterrestre son consistentes con una clase de civilización de tipo terrestre, el sistema detectará las señal.

Falsos positivos

Los investigadores están a punto de poner a prueba sus métodos en Andrómeda. Un conjunto de fotos tomadas por los telescopios, cada una de las cuales toma una porción 1/30 de Andrómeda, se unirán para crear una sola imagen. Esa fotografía se comparará luego con una imagen más prístina en la que no se conocen señales transitorias (señales interferentes de, por ejemplo, satélites o naves espaciales) además de las señales ópticas que emanan de los propios sistemas estelares. Sería de esperar que la primera foto tuviera los mismos valores de señal que la foto prístina de «control», lo que daría una diferencia de cero. Pero una diferencia mayor que cero podría indicar una fuente de señal transitoria. Esas señales transitorias serían después procesadas en la cadena de software desarrollada para expulsar falsos positivos.

«En Trillion Planet Survey experimentamos algo muy inspirador: tenemos la oportunidad de mirar desde nuestra burbuja terrenal a galaxias enteras, lo que potencialmente podría hacer que otros seres nos devuelvan la mirada», explica poéticamente Caitlin Gainey, estudiante de física en Santa Bárbara.

Andrómeda está a 2,5 millones de años luz de distancia, por lo que cualquier señal detectada ahora habría sido enviada hace al menos 2,5 millones de años, más que suficiente para que la civilización que la envió haya desaparecido cuando la luz nos alcance. Pero eso no amedrenta a los investigadores, quienes creen que eso no significa que no debamos mirar. «Después de todo, buscamos reliquias arqueológicas y fósiles que nos hablan de la historia de la Tierra. Encontrar señales antiguas definitivamente nos dará información sobre la historia de la evolución de la vida en el cosmos, y eso sería increíble», argumentan.

Naves a otras estrellas

Las ideas de Philip Lubin ha inspirado proyectos para enviar pequeñas naves espaciales a otras estrellas a velocidades relativistas (es decir, una fracción significativa de la velocidad de la luz). El programa Starlight de la NASA y el Breakthrough Starshot del multimillonario Yuri Milner, ambos con tecnología desarrollada en la Universidad de California, están intentando hacerlo realidad. Según Lubin, la tecnología en desarrollo sería la luz más brillante del Universo y, por lo tanto, capaz de verse en todo el Cosmos.

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