No había pasando ni media hora del inicio de la lectura del fallo, cuando los rostros de los parlamentarios presentes en la Plaza Murillo hablaban por sí solos. La gente congregada allí por los movimientos sociales que apoyan a Evo y que pidieron a todos los bolivianos escuchar el fallo en sus plazas, comenzaron a alejarse de las pantallas, en clara señal de que el asunto no venía bien para ellos.
Un silencio brutal recorrió La Paz cuando el juez de la Corte Internacional de La Haya dio la sentencia en que por 13 votos contra 2, los jueces resolvieron que no solo no existe obligación de negociar, sino que tampoco llamaba a una negociación. El hecho de que ni siquiera se instara a Chile a abrirse al diálogo hizo que el golpe fuese aún más profundo.

El libreto que estaba preestablecido en Bolivia buscaba dar una señal del triunfo y al final lo único que les quedó fue destacar que al menos llevaron a Chile a un tribunal internacional. Un triunfo mínimo y difícil de presentar de otra manera. Apenas conocido el fallo, y aun sin dar una declaración oficial, algunos ya comentaban el mal pie en que quedaba ese país para seguir presionando a Chile. Es más. Yerko Ilic, abogado y experto en derecho internacional señala que a partir de ahora Bolivia tendrá que “modifcar sus conductas” y que como lo señaló el propio fallo, solo podrá volver a retomar una aproximación con Chilr en el tenor de lo que fue la agenda de 13 puntos, es decir, “dejar atrás el concepto de soberanía y buscar iniciar un proceso de integración comercial con Chile”.

Al cierre de esta edición, el gabinete del Presidente Morales -quienes no están con él en La Haya- continuaban reunidos en la casa del Pueblo, donde vieron juntos la lectura del fallo.

Los escenarios previos

Aunque las autoridades bolivianas han dicho en los últimos meses que el solo hecho de llevar la causa marítima al tribunal internacional era un triunfo,  en los últimos días, autoridades y expertos internacionales bolivianos han planteado que no habría conseguido nada nuevo si es que la Corte no obligaba a Chile a negociar una salida soberana al océano Pacífico y establece condiciones y plazos a la negociación.

Bolivia también ha cambiado en los últimos seis meses qué entiende por acceso soberano, dejando atrás la reivindicación histórica de obtener un territorio costero soberano. “Se está hablando de propuestas flexibles, creativas y agregaría imaginativas”, indicó el vicepresidente Álvaro García Linera a La  Tercera PM.

Pero las esperanza que habían depositado los bolivianos en la corte de La Haya, abre, sin embargo, nuevas preocupaciones. A sólo horas de que se conociera el contenido de la sentencia algunos analistas internacionales y expertos en manejo diplomático se atrevían a advertir lo que muy pocos acá en La Paz quieren reconocer. “El gobierno no se ha preparado para lo que viene después del fallo, Bolivia no ha desarrollado una estrategia de negociación”, sostenía el analista internacional y ex funcionario de la Dirección de Reivindicación Marítima Boliviana, Andrés Guzmán, antes de conocer el fallo.

Para Guzmán la falta de estrategia también se demuestra en el hecho de que Bolivia tampoco ha buscado apoyo internacional, un tercer elemento que, a su juicio es fundamental para que tenga éxito en una eventual negociación con Chile. “La diplomacia boliviana en vez de priorizar nuestros intereses nacionales, a priorizado la ideología anti imperialista del gobierno de turno que apoya a ciertos regímenes autoritarios y se pone en contra de todo lo que haga estados Unidos. Eso en vez de contribuir, está perjudicando a Bolivia, porque nos ha aislado, nos ha valido el repudio de muchos países que son claves en una negociación con Chile”, asegura.

En ese sentido, en sectores políticos y entre ex diplomáticos bolivianos preocupa el nivel de relación que tiene el gobierno de Evo Morales con países de la región, como Brasil y Argentina, y más aún con Estados Unidos. Muchos en Bolivia creen que sin el respaldo de esas naciones es muy difícil que Chile se siente a una mesa de negociaciones.

/Escrito por Francisco Artaza para La Tercera

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