“Raquel, usted me va a excusar. ¡Hablo por 15 años de silencio!”.

El momento que pasaría a la historia había sido cuidadosamente ensayado, con siete personas frente a las cámaras, el mismo número que hubo en el programa de Canal 13 De cara al país: los cuatro representantes del PPD que fueron al programa -Armando Jaramillo, que provenía de la derecha; Jorge Schaulsohn, del radicalismo; Carolina Tohá, elegida por su juventud, e hija del ex ministro de Salvador Allende, y Ricardo Lagos, el líder del partido- y tres periodistas opositores a la dictadura, cada uno cumpliendo el papel de los tres conductores que puso Canal 13. Fueron Patricia Politzer, que hizo el papel de la periodista Raquel Correa; Carmen Imperatore, que estaba como la historiadora Lucía Santa Cruz, y Jorge Andrés Richards, quien cumplía la función del periodista Roberto Pulido.

El set se había armado tal cual era el original, incluso en los colores, disposición de los participantes en la mesa, la iluminación y las cámaras, con tiempos cronometrados igual que en el programa. La mise en scène era muy cuidadosa. Estaban “cada uno al frente, tal como en el set del canal” –recuerda Patricia Politzer–. “Nos preocupamos no solo de ver cómo se respondían las preguntas, porque los tres hicimos las preguntas más incisivas, lo más fuerte que podíamos atrincarlos profesionalmente, pero además nos preocupamos de todos los detalles: de cómo iban a ir vestidos y peinados. Incluso el expresidente Lagos no usaba argolla y nos parecía que un señor que tenía que ser el líder de la oposición necesitaba una argolla. No nos gustó el reloj que tenía, por lo que alguien le prestó un reloj moderno para ir al canal. Carolina Tohá tenía un sweater blanco invierno para dar cuenta de juventud, pureza, energía y luz”.

La escenografía la hizo Carlos Lepe, un estilista y pintor ya fallecido. “La estética la armó él. Una de las cosas que decía Lepe era que la Carola (Tohá) tenía que estar vestida de blanco, como una especie de virgen”, precisa Carlos Ominami, entonces representante del PS-Núñez y de Lagos en el Comando del No, y que estuvo en ambos ensayos, según cuenta.

Se preocuparon que la corbata no reverbera en la imagen de televisión. “Jorge Andrés y Patricia le hicieron cambiar la corbata (a Lagos) y lo aconsejaban con los colores de la ropa que iba a ponerse. Y él acataba todos los consejos”, afirma Carmen Imperatore.

“Me acuerdo que fue una preparación con mucha ansiedad porque había que hacerlo bien. Este programa de televisión era la primera vez que la oposición podía aparecer en televisión, por lo tanto era un momento determinante. Faltaban pocas semanas para el plebiscito, entonces era muy importante”, recuerda Politzer.

“Era el momento que tenía Lagos para constituirse como el principal opositor a Pinochet y había que prepararlo muy bien”, dice Ominami.

El intercambio

Raquel Correa: “Mucha gente en este país se pregunta: ¿qué pasaría la noche del No?”

Lunes 25 de abril de 1988. Era el tercer bloque del programa De cara al país, de Canal 13 de Televisión, que duraba en total 45 minutos, a los que se sumaban otros 15 de publicidad. La pregunta de la periodista abría la oportunidad para que respondiera el presidente y fundador del Partido por la Democracia (PPD), Ricardo Lagos. Abogado de la Universidad de Chile, con un doctorado en la Universidad de Duke, Lagos, que un mes antes había cumplido 50 años y al que todavía le faltaban 12 años para llegar a ser presidente de la República, no desperdició la posibilidad. Los opositores a la dictadura casi no tenían acceso a la televisión, y Lagos, que había sido presidente de la Alianza Democrática y después encabezó el Comité de Izquierda por las Elecciones Libres, aparecía con frecuencia en las revistas y diarios de oposición, pero todavía no era masivamente conocido, en especial en el “Chile profundo”, donde reinaba la pantalla chica. En el canal estatal había aparecido años antes por primera vez en una declaración de 30 segundos para hablar de la Alianza Democrática, siempre y cuando no dijera “dictadura” ni se refiriera a Pinochet en “términos inadecuados”, lo que él aceptó a cambio de que le admitieran su imposición de que no le editaran lo que iba a decir y lo transmitieran íntegro, sin cortes.

Pero ahora era 1988, el año del plebiscito, y Canal 13, entonces de propiedad de la Universidad Católica, había abierto un espacio de debate político transmitido en directo, en horario prime, que dirigía Gonzalo Bertrán, donde por primera vez cabían los opositores arriba de la mesa. Al comenzar el programa, cuando se sentó frente a Correa, Lagos preguntó cuál era su cámara, “la tres”, le respondieron y se la mostraron. Finalmente interrogó: “¿Si en algún momento quiero dirigirme a la audiencia, ¿la cámara dejará de enfocarme?”. Le respondieron que “no podría desviar la cámara si usted estuviera de frente a ella”, cuenta Lagos en sus memorias. La luz roja señalaba cuál cámara estaba saliendo al aire. En el último intervalo antes que terminara el programa, Lagos acotó que quedaban 9 minutos, pero le aclararon que habían tardado mucho en los bloques previos y solo restaban 6 minutos.

Era ahora o nunca.

Un minuto y 49 segundos históricos

Había llegado el momento para emplazar a Pinochet frente a las cámaras. Lagos podría decir la idea que había expuesto una vez en dos ensayos previos al programa, realizados en la productora de Carlos Flores, en la comuna de Providencia.

Ricardo Lagos: “Es el inicio del fin de la dictadura” [responde categórico a Correa, enfatizando con un movimiento hacia arriba y abajo de su mano izquierda]. “Y más importante, creo indispensable, que en ese momento el país tenga claro que habremos impedido que el general Pinochet esté 25 años en el poder. El general Pinochet no ha sido claro con el país. Primero dijo [mira de frente a la cámara tres y apunta con la mano derecha entreabierta], primero dijo, usted, general Pinochet, que había acá metas y no plazos. Después, general Pinochet, tuvo plazos, y planteó su Constitución del 80. Le voy a recordar, general Pinochet, que usted el día del plebiscito de 1980 dijo ‘presidente Pinochet no sería candidato en 1989’. La cámara está enfocando, espero”. [Lagos muestra un recorte de El Mercurio del 11 de septiembre de 1980, titulado como él leyó, y que en la bajada agrega “anuncio de S.E. al referirse al final de la transición…”, mientras una cámara situada en su espalda enfoca la noticia].

“Y ahora” [continúa y la cámara tres vuelve a enfocarlo mientras sostiene el recorte con su mano derecha] “le promete al país otros ocho años con tortura, con asesinato, con violación de derechos humanos… Me parece inadmisible que un chileno tenga tanta ambición de poder para pretender estar 25 años en el poder. Chileno alguno nunca ha estado así…”

Raquel Correa [interrumpe]. “Ricardo Lagos…”

Ricardo Lagos [apunta con su índice, usa un tono conminatorio y continúa impertérrito]: “Y usted va a tener que responder…”

Ricardo Lagos [prosigue imponiendo el volumen de voz por sobre la de Correa]: “Usted va a tener que responder entre el Sí o el No”.

Raquel Correa [interrumpe]. “Ricardo, lo que el país quiere saber…”

Ricardo Lagos [no se deja acallar]: “Raquel, usted me va a excusar. ¡Hablo por 15 años de silencio! Y me parece indispensable que el país sepa que tiene una encrucijada y una posibilidad de salir de esa encrucijada civilizadamente, a través del triunfo del No”.

El origen del “dedo”

Según rememoran 30 años después, hubo dos ensayos y solo en el segundo, sin que se hubiera estudiado previamente, surgió el emplazamiento de Lagos apuntando a Pinochet con su índice. “Nos sorprendió a todos, fue algo por completo inesperado” recuerda Politzer, mientras que Richards enfatiza: “A él se le ocurrió. Todos nos dimos cuenta que era algo especial, muy importante. Detuvimos el programa y le dijimos que tenía que hacerlo. Se le dieron instrucciones que tenía que hacerlo después del tercer comercial”, cuando iba a comenzar el último bloque.

“El dedo fue aporte de él. La preocupación que teníamos era en qué momento lo hacía. Porque también sabíamos que del otro lado sabían que Lagos iba a tratar de hacer algo. Había que tener mucho cuidado que se fuera el tiempo sin hacerlo”, dice Ominami.

“Cuando estábamos en el ensayo, en que se hacía todo tal cual iba a ser en la realidad, Ricardo Lagos apunta a la cámara y hace este discurso hablando directamente a Pinochet, al dictador”, relata Politzer.

“Todos los que estábamos en el estudio nos dimos cuenta de la potencia que esto tenía, lo importante que era esto. Después que él hizo esto, terminamos la grabación, porque era el final del programa. Ahí le dijimos algo que fue determinante –y así ocurrió en el programa–, que como los periodistas sabemos que en la televisión es el canal el que maneja el tiempo, si esperaba los últimos minutos para hablarle a Pinochet, podía no hablarle nunca y no mostrar nunca su dedo, por lo que le aconsejamos que cuando viniera el ultimo corte comercial, apenas comenzara el bloque final, la primera vez que le pasaran la palabra él tenía que apuntar a la cámara y hacer este discurso, aunque no fuera en el último minuto del programa. Así fue”, explica.

Aunque no recuerdan las preguntan que le hicieron a Lagos durante los ensayos, sí evocan el ánimo y tono con que las plantearon. “No me acuerdo exactamente qué le pregunté, pero tengo claro que lo interrogué tratando de hacerlo ‘pisar el palito’ para dejarlo mal parado”, cuenta Imperatore. “Fuimos bien incisivos”, especifica Richards.

Tomaron “cero” medida de seguridad en los ensayos, ni siquiera de protección a Lagos, dice Richards. “Éramos bien artesanales para los temas de seguridad. Entramos y salimos como Pedro por su casa del estudio. Lagos andaba con su chofer y punto”.

Para Ominami, “ensayar, ver cómo salía antes, fue una demostración de cierto profesionalismo nuestro. Trabajamos mucho. Hubo gente que lo hizo con Jaramillo, Carola, preparando los temas. Pasaron muchas personas en conversaciones bilaterales con ellos, porque teníamos cierta distribución de tareas”.

Cómo se gestó el desafío a Pinochet

Meses antes del programa, en diciembre de 1987, comenzó en Lagos la lenta gestación de su desafío a Pinochet. En un acto en La Serena al que asistieron unas 300 personas, donde cerca de una treintena le gritaban traidores a él y a Patricio Aylwin porque estaban llamando a inscribirse para votar en el plebiscito, un camino que significaba aceptar las reglas del juego de la dictadura, para intentar derrotarla con ellas. Lagos iba a intervenir, cuando una periodista le entrega un telegrama, en el que se daba cuenta de que Pinochet lo había amenazado en un discurso en Arica, nombrándolo por su apellido: “Por ahí anda un tal Lagos. Estamos siguiendo todos sus pasos”, según relata Lagos en sus memorias del período, el libro Así lo vivimos, La vía chilena a la democracia.

Tras leer el telegrama, Lagos le dijo a Aylwin que quería hablar primero “para calmar a la gente” que gritaba “¡Inscripción es traición!”. Pidió calma y leyó el telegrama con la amenaza. “En ese apasionado momento se me ocurrió hablarle directamente a Pinochet, como si pudiera escucharme desde ese lejano lugar. ‘Y yo aquí, desde La Serena, le respondo, general Pinochet’, rugió mi voz. ‘Le respondo desde La Serena. ¡Vamos a continuar nuestra lucha hasta derrotarlo en el plebiscito’”, escribió en sus memorias.

Lagos recuerda que todos lo aplaudieron, incluso quienes abucheaban. Entonces comenzó a repetir en los actos en que intervenía la fórmula de interpelar al dictador.

Una semana antes del programa de televisión, un partidario de Pinochet le preguntó a Lagos en un foro radial qué iba a decir en De cara al país. Contestó: “Voy a decirle a Raquel Correa algunas de las mismas cosas que se dicen acá”, refiriéndose a la necesidad de democracia y transición electoral. “Un buen amigo se volvió hacia nosotros y sonrió. ‘Sé muy bien lo que vas a hacer, Ricardo. Vas a mirar a la cámara y hablarle directamente al general Pinochet’”, relata Lagos.

Todos rieron. Pero eso era lo que Lagos iba a hacer.

Para Carmen Imperatore, “emplazar a Pinochet de esa manera debe haber estado en su ADN. Era el único líder que podía derrotarlo…”.

Las reacciones

Lagos no alcanzó a plantear todo lo que quería decir en el programa. No alcanzó a denunciar “la farsa de plebiscito de 1980, ni a insistir en que esta vez estaríamos atentos y nuestros propios observadores vigilarían la votación”, dice en sus memorias. Aunque después ha estado en numerosas ocasiones en televisión, “nunca he sentido tanta tensión como aquella noche”, confiesa.

Al terminar el programa fue a explicar su irritación a Correa. Ella le respondió entonces en un tono que Lagos evoca como mesurado: “Ricardo, no tiene idea de lo que ha sucedido. Con lo que dijo esta noche va a haber una verdadera revolución”. Él cuenta que la periodista le explicó años después que lo interrumpió porque temió por la existencia del canal, una clausura al día siguiente.

Años más tarde, en su libro Preguntas que hacen historia, 40 años entrevistando 1970-2010, la periodista confesó que la situación “fue muy incómoda porque no logré cumplir con el deber de conducir la entrevista. Expertos me aseguraron que nadie podría haberlo hecho”. Y recordó que durante el programa Lagos miró tres veces la hora, “seguramente esperando el momento oportuno para lanzar su ofensiva”.

Después de la emisión, los entrevistados en el programa se fueron a celebrar en la residencia de uno de ellos, Armando Jaramillo, en Providencia, una casa de tres pisos y de estilo galo. Cerca de 50 personas, muchos de ellos involucrados en los ensayos, habían visto De cara al país. “Después lo fuimos a buscar al programa, y volvimos a celebrar, hasta muy tarde”, afirma Richards. “Recuerdo que fue puro jolgorio, esperanzas y alegría después de tanta desgracia, muerte y destrucción. Todos sentíamos que al fin teníamos a un líder de verdad”, dice Imperatore.

Los tres periodistas que lo prepararon para las preguntas coinciden en que la intervención de Lagos fue muy superior en De cara al país que en los ensayos. Salió “muchísimo mejor, porque la adrenalina, sabiendo que estaba viéndolo una muy buena parte del país, efectivamente le dio a Lagos toda la potencia del mundo. Y si Lagos tiene una virtud es su buena oratoria. Por lo tanto, no se equivocó y fue muy bien puesto, medido, lo justo y lo necesario”, dice Richards.

Quienes participaron en los ensayos percibían el programa como una oportunidad para contribuir a quitar en parte el miedo inoculado por la represión en esos años en el país. “El miedo en la sociedad chilena sigue vigente” –advierte Politzer–. “Sin embargo, el dedo de Lagos fue muy importante para bajar los niveles de miedo que tenía la sociedad chilena. Si Lagos podía hablarle al dictador en la televisión de esa manera, apuntarlo directamente con el dedo, entonces yo ¿cómo no voy a poder ir a marcar el No en el plebiscito? En ese sentido fue muy determinante… había que seguir el camino de este hombre valiente que se atrevía”, agrega.

Pinochet no permaneció indiferente. Estaba viendo el programa en directo. La prensa de esa época informó que se había puesto en pie de rabia, cuenta Lagos en sus memorias. “Su primera reacción había sido ordenar a uno de sus generales que desplegara tanques por las calles”, pero no lo hizo. En ocasiones posteriores se refirió a Lagos sólo por su segundo nombre, Froilán, y en una oportunidad le advirtió: “Digo a los malos chilenos que nos insultan en televisión, porque saben que nos encontramos en democracia y que no les haremos daño: tengan cuidado, porque la paciencia tiene un límite y ese límite ya se acaba”.

Un miembro de la Junta de Gobierno, el almirante José Toribio Merino planteó que el emplazamiento de Lagos jugaría a favor de Pinochet y del Sí, porque desacreditaba a la oposición. La réplica de Lagos fue rápida: entonces que retransmitan el programa.

En las filas del No, Aylwin felicitó a Lagos por su intervención. El periodista Jorge Andrés Richards recuerda que días después fue con Lagos al acto por el 1 de mayo. “Se vino abajo el acto. Lagos fue mucho más importante que todos los dirigentes de la CUT. Fue un fenómeno. Eso le dio mucha fuerza, le hizo perder el miedo a mucha gente. Mucha gente se entusiasmó y adhirió”.

“Que alguien interpelara a Pinochet por la televisión era un cambio muy importante, que daba garantías que lo que venía era algo jugable, era una invitación a atreverse”, plantea Ominami.

“Quizás el mayor error de Pinochet fue no haberme detenido después del programa”, reflexiona Lagos en sus memorias. Pero concluye que un don de la campaña del No fue haber caminado tan cerca de la línea de lo tolerable “que hicimos que esta dejara de existir”.

El episodio del “dedo de Lagos” amplió los límites de lo posible.