La decisión de la Corte Internacional de Justicia fue, como ha sido calificada por muchos, contundente. Más allá de las expectativas de ambas partes, lo relevante de la sentencia es que demuestra que el Derecho Internacional continúa siendo una herramienta válida para dirimir controversias entre países de manera pacífica.

Y es tranquilizador que así lo sea, pues tanto la Corte Internacional de Justicia como los demás organismos que componen el Sistema Jurídico Internacional son el resultado de un largo camino que hemos recorrido para construir reglas aceptadas por todos, que aseguren una resolución pacífica de las controversias. Como parte de la comunidad internacional debemos sentirnos orgullosos de ese orden vigente.

Luego de la lectura del fallo de la Corte Internacional de Justicia, concuerdo plenamente con lo expresado por nuestros representantes políticos: Chile siempre ha buscado mantener buenas relaciones con los demás países, especialmente con sus vecinos. En este punto me parece importante agregar que la sentencia no debe cambiar este propósito ni hacernos olvidar el espíritu de hermandad que debiera regir nuestras relaciones, no sólo con Bolivia, sino con todos los países, particularmente con los de la región latinoamericana.

Sólo el continuo diálogo entre naciones nos traerá paz y prosperidad. El Derecho Internacional es una de las piedras fundamentales para avanzar en este objetivo.

Hoy, cuando reaparecen nacionalismos xenófobos en un sinnúmero de países, Chile representa una buena democracia, abierta al mundo, que busca derribar murallas en vez de construirlas, facilitando no sólo el libre comercio y el flujo de inversiones, sino también el intercambio de recursos humanos que nos ayudan a aprender de otras naciones y su gente.

El justo resultado para Chile después del largo proceso previo a este fallo hace necesario reconocer la excelencia profesional y la dedicación de los equipos de abogados, abogadas y diplomáticos que contribuyeron a esto; así como a la Presidenta Bachelet y al Presidente Piñera, a sus cancilleres y a los agentes que nos representaron. Encabezaron una notable articulación de la defensa chilena y mantuvieron en la práctica una línea de continuidad, más allá de las legítimas diferencias entre los dos gobiernos.

Este resultado abre además una oportunidad para retomar la voluntad de encarar las próximas tareas de desarrollo económico y social con una actitud de diálogo permanente con quienes piensan distinto, hasta construir acuerdos estables en torno a los principales desafíos de los años que vienen.

/Escrito por Alejandro Foxley para La Tercera