En una ballena azul con algunos sitios vacíos pero con el círculo rojo en pleno, Daniel Funes de Rioja, cabeza del B-20, el brazo privado del G-20, dio la bienvenida a los directivos de varias de las principales compañías del mundo y envió como mensaje que la sociedad espera del G-20 medidas concretas.

Entre ellas, transparencia y normas contra la corrupción. Dos de quienes serán indagados por el juez Bonadio por el escándalo de los cuadernos, Paolo Rocca y Marcelo Mindlin, lo escuchaban en primera fila. En el evento, desarrollado íntegramente en inglés, estaban Luis Pagani, Alberto Grimoldi, Miguel Acevedo, Eduardo y Alejandro Elsztain, Martín Migoya, Alberto Arizu, Daniel Pelegrina, Jaime Campos, Adelmo Gabbi, Miguel Gutiérrez, Marcos Bulgheroni, Carlos Moltini, Marcela Noble Herrera y Adela Nores. entre otros.

De la Cámara de la Construcción, tan salpicada por los cuadernos, se vio a su actual titular, Gustavo Weiss, y también a quien suena como su futuro presidente, Julio Crivelli. Mientras desde las pantallas saludaban Alejandro Bulgheroni, Luis Pérez Companc y Eduardo Eurnekian.

A Daniel Funes de Rioja le tocó enumerar las recomendaciones que se presentarán a los presidentes que se reunirán a fines de noviembre en Buenos Aires. Se resumen en consenso, libre comercio, futuro del trabajo y agenda de género. Funes de Rioja sintetizó desde la perspectiva de que “Argentina tiene que ser un país normal”.

Y en torno a esa premisa era curioso lo que se decía en los pasillos durante las exposiciones. Es que cuando se decidió la presidencia argentina en el organismo multilateral, que reúne al 85% del PBI Mundial, nadie suponía el escenario de incertidumbre en la región, con las elecciones en Brasil y la caída de la economía argentina.

Aunque Gabriel Martino, del HSBC, decía que si bien las cosas no van bien, la cadena de pagos está lejos de mostrar indicadores que alarmen. Marcos Bulgheroni destacó que el acuerdo con el FMI despeja dudas sobre la capacidad de pagos de la Argentina y Vaca Muerta está dando sorpresas todos los días en términos de producción.

Ya en el estrado, Marcos Peña, con ese inglés perfecto que lo caracteriza, pintó la organización del G-20 como una gran oportunidad.

“Es el evento global más importante de la historia argentina.Mostramos lo que somos capaces de organizar. Hace tres años, Argentina decidió cambiar con una convicción muy profunda. Sabíamos que era un proceso largo con dificultades en un país lleno de oportunidades pero con años de malos gobiernos. Recibimos el país con más del 39% de pobreza. Macri puso en la agenda lo que Argentina tenía para ofrecer, no sólo en oportunidades de negocios sino como una voz, como país integrado al mundo”.

Peña admitió que hay “mucha gente en el mundo con dudas sobre la globalización por eso es importante el futuro de los trabajos”. E hizo hincapié en que el Gobierno piensa en un “proceso de construir instituciones, en superar los errores del pasado, tenemos que ser nosotros quienes solucionemos nuestros problemas, es nuestra responsabilidad al margen de la ayuda del mundo, ya sea vía los mercados o del FMI. Lo tenemos que resolver construyendo más consenso y transformación”.

Y sostuvo que el liderazgo de Macri “se demuestra en atravesar dificultades sin romper las reglas ni los contratos. Esta vez va a ser distinto, lo vamos a lograr, con humildad y el orgullo de trabajar con la comunidad global”, sostuvo.

Le tocó a Horacio Rodríguez Larreta la tarea de “vender” la Ciudad y mientras recomendaba a los visitantes evitar la 9 de Julio por el acto inaugural de los Juegos Olímpicos de la Juventud, contó con orgullo cómo se generaron las nuevas multinacionales argentinas de tecnología (Mercado Libre, Despegar, Globant y OLX). Lo atribuyó a políticas activas a los polos tecnológicos y a las universidades. Tuvo un reconocimiento a la UBA que es “gratuita y de las mejores de América latina”.

En la sucesión de expositores del exterior, como la del alemán Igno Kramer y el japonés Schuzo Sumi, hubo coincidencia en la necesidad de reglas más claras para el comercio internacional en estos tiempos de acelerada revolución tecnológica. El sherpa argentino, es decir el guía que tendrá Macri, lo sintetizó en una frase: “Hacen falta 20 para bailar este tango”, sostuvo Pedro Villagra Delgado.

Paolo Rocca, la OMC y el peso de China

“Tenemos buenas noticias esta semana por el acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá, aunque se llame distinto al Nafta, significa que los tres países están juntos de nuevo”, arrancó Susan Segal el panel más esperado de la noche, que tuvo al comienzo una silla vacía, la del ministro Dujovne, quien llegó unos minutos más tarde y saludó casi en reverencia al estrado.

En el panel, Paolo Rocca pidió una transformación de la OMC mientras lo escuchaba con atención Roberto Azevedo, el brasileño que dirige el organismo de comercio y quien dijo luego: ”En eso estamos ya que las transformaciones tecnológicas han avanzado mucho, las reglas existen pero tienen demasiados vacíos. Estamos trabajando”.

Las palabras de Rocca, presidente y CEO de Techint que hoy declarará ante el juez por el caso de los cuadernos, atrajeron toda la atención. “La comunidad empresaria está pronunciándose a favor del comercio mundial basado en reglas y es muy importante un campo de juego que esté nivelado, y eso se aplica a las empresas de propiedad estatal y su rol”, señaló Rocca en obvia referencia a China, que compite en el negocio del acero.

Según su razonamiento, “el peso de las empresas de propiedad estatal ha crecido muchísimo en los últimos 20 años y están generando una distorsión grande por la forma en que se financian”. El otro problema, señaló, es la importancia del comercio de los intangibles y el comercio electrónico, y las dificultades del acceso a los mercados.

/psg