¿Qué habría sucedido de haber triunfado el Sí? De partida, la Constitución de 1980 se hubiera implementado a la lettre . Pinochet habría gobernado a lo menos hasta 1997, controlando el Congreso vía parlamentarios afines y senadores designados. Igual los municipios. El PC y el PS habrían estado fuera de la ley y los militares habrían supervigilado a los civiles desde el Consejo de Seguridad Nacional. La Ley de Amnistía se habría mantenido y probablemente ampliado para delitos posteriores a 1978. Habrían seguido los presos políticos, y el Poder Judicial habría continuado renuente a investigar las violaciones a los derechos humanos.

Su triunfo hubiese sido objetado por las fuerzas del No, que se habrían movilizado para denunciar el fraude. El régimen habría estado obligado a usar la represión para contener las protestas, desbaratando la ilusión de presentar a Pinochet como un gobernante democrático “normal”. La postura del PC, reacio a participar en el plebiscito justamente por el riesgo de fraude, habría parecido justificada. Lo mismo su rechazo a una negociación para una transición pacífica y gradual. Los dirigentes políticos favorables al No habrían sido desalojados y sustituidos por partidarios de la línea dura.

¿Hubiese prosperado la sublevación nacional con perspectiva insurreccional promovida por el PC, abriendo paso a una ruptura revolucionaria, o se hubiese impuesto el itinerario del régimen, aun al precio de una severa y constante represión? Creo que lo segundo. Con el sentimiento de disponer de un respaldo popular que hoy suena envidiable, con una economía en alza, con un camino institucional delineado, con la demanda de autoridad ante el estallido de protestas y actos de violencia, Pinochet habría tenido el camino pavimentado. Más con la situación de la oposición.

Sacudida por los reproches, la convergencia alcanzada con el No se habría pulverizado. Los socialistas, excluidos de la institucionalidad, se habrían sentido atraídos ante el llamado del PC a restituir la “unidad de la izquierda”, abandonando la alianza con la DC. Parte de la ciudadanía de centro que había votado por el No se habría plegado al régimen ante el temor a la violencia, tal como sucedió a mediados de los años ochenta, a raíz de la radicalización de las protestas.

De haber triunfado el Sí, la década de los noventa del pasado siglo -y seguramente un tiempo aún más prolongado- la habríamos consumido en un conflicto cada vez más violento entre dos polos, el partidario de mantener la institucionalidad de la dictadura y el tipo de capitalismo surgido de ella, y el favorable a demoler ambos para volver a la situación de 1973 y, eventualmente, avanzar al socialismo. Esto habría tenido altos costos en vidas humanas, generando una situación de inestabilidad incompatible con el crecimiento económico y con políticas públicas que mejoraran la vida de la población.

¿Qué habría pasado con la sucesión de Pinochet en 1997? Ella se habría decidido entre una izquierda liderada por el PC y una coalición de centroderecha, la que habría integrado a parte de las fuerzas que en 1988 estuvieron por el No, la cual habría planteado una transición democrática real, pero muy gradual, con reformas muy moderadas al sistema económico vigente. En esa encrucijada hubiese ganado la segunda opción. En otras palabras, jamás hubiésemos conocido lo que dio origen a la experiencia de la Concertación: la alianza estratégica PS-PDC.

Ganó el Sí. Si esta hubiese sido la noticia el 6 de octubre de 1988 -y no estuvo lejos-, el destino de Chile habría sido muy diferente, y desde luego más sombrío. Sería hora de que quienes lo defendieron lo admitan fuerte y claro.

/Escrito por Eugenio Tironi para El Mercurio