En el Palacio de La Moneda y con la presencia del ministro de Salud,  Emilio Santelices y representantes de todas las comunas y organismos participantes, se presentaron los resultados de la encuesta aplicada a 8.422 estudiantes de segundo año de enseñanza media pertenecientes a 112 establecimientos educacionales de la Región Metropolitana. Esto, en el marco del programa “Planet Youth”, puesto en marcha en marzo de este año gracias a un esfuerzo conjunto de la Clínica Psiquiátrica Universitaria, el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol, Senda, y la Sociedad Chilena de Pediatría.

Esta iniciativa, creada por el Instituto Islandés de Análisis y Estudio Social, ICSRA, y dirigido por Jón Sigfússon, se ha implementado con muy buenos resultados en 30 países europeos, con el fin de disminuir el consumo de sustancias entre los adolescentes a través de una estrategia de prevención comunitaria.

Según explicó el doctor Carlos Ibáñez, encargado de la Unidad de Adicciones de la Clínica Psiquiátrica Universitaria y coordinador de este programa en nuestro país, este proyecto implicó la participación de seis comunas, como son Renca, Colina, Melipilla, Las Condes, Lo Barnechea y Peñalolén, en cuyos colegios aplicaron –durante junio y julio recién pasados- la primera encuesta diagnóstica; en particular, entre los estudiantes de segundo medio, logrando incluir en 112 establecimientos educacionales a 8.422 jóvenes de 15 años de edad en promedio.

Cabe mencionar que esta herramienta tiene como fin levantar información acerca del consumo de alcohol, marihuana y tabaco entre los adolescentes, así como también identificar factores preventivos y de riesgo frente a las conductas de abuso de sustancias.

“Entre los resultados más impactantes que nos presentaron también a los investigadores de la Clínica Psiquiátrica Universitaria, aparece que el 40% de los jóvenes encuestados ya se ha embriagado al menos una vez, cifra que en todo caso concuerda con las recabadas anteriormente por el Senda. Pero, más relevante aún, es que el 29,3% de ellos ya ha consumido marihuana; Islandia, en su peor momento, llegó a un 17%, y era el país de mayor consumo en Europa. Estamos muy mal en eso”.

Dentro los factores de riesgo que podrían dar cuenta de parte de esta situación, añade el especialista, se detectó que “la gran mayoría de ellos se aburre en el colegio; que muy pocos participan en actividades extraprogramáticas de cualquier tipo, como artes o deportes, luego de salir de clases; y que existe poca colaboración entre los padres para poner reglas comunes a los hijos”.

En tanto, otro factor que les llamó la atención al equipo de investigadores islandeses –que fueron quienes procesaron las encuestas- “es que el 40% de los participantes se queda fuera de casa pasadas las 12 de la noche al menos una vez a la semana. Es decir, en estas salidas nocturnas hasta tarde, con escasa supervisión de adultos y en ausencia de normas concordadas entre los padres, lo más probable es que los chiquillos incurran en conductas de riesgo”.

Por otro lado, se consideraron como factores protectores el que los padres pasen bastante tiempo con los hijos –“pese a que se podría pensar lo contrario”-, y que los progenitores suelen conocer a los amigos de sus niños, aunque no suceda lo mismo con sus padres.

“Tenemos un problema serio con el consumo de alcohol y marihuana entre nuestros adolescentes. Sucede que en nuestro país hay ciertas normas sociales que facilitan el consumo de alcohol en población que teóricamente no debiese tener siquiera acceso a él; es algo cultural, a los niños se les ofrece beber dentro de las propias casas, y ese es el problema que los expertos de Islandia identificaron: que muchos jóvenes inician el consumo antes de los 13 años, también presionados por sus pares”, afirmó el doctor Ibáñez.

Entre las labores por venir como parte de esta iniciativa por los próximos dos años, señala el académico, está definir cuáles son las acciones para modificar estos malos resultados, para lo cual el modelo islandés propone fortalecer la coordinación parental y su rol protector, con claridad respecto de las normas referidas a horarios fuera de la casa y tolerancia al consumo de alcohol y otras drogas.

Además, que la comunidad local –colegios y municipios, con el apoyo de programas ministeriales de Salud, Educación y Deportes- trabaje para ofrecer actividades atractivas que sean una alternativa al tiempo de ocio mal ocupado, de manera de apuntar a retrasar el inicio del consumo de sustancias. “Tenemos que lograr tener a los jóvenes entretenidos, motivados y vinculados con sus colegios y con programas recreativos, en el marco de reglas claras que normen los horarios para estar en casa y el consumo de alcohol y otras drogas”, finaliza.