Hace cincuenta años el marxismo revolucionario obtuvo un gran triunfo propagandístico contra un bastión de la derecha nacional: habiendo usurpado por la fuerza la Casa Central de la Universidad Católica y habiendo sido, el respectivo movimiento subversivo, denunciado editorialmente por “El Mercurio” como manejado por el Partido Comunista, los usurpadores colgaron en el frontis de la Casa Central cautiva un gigantesco lienzo, de una cuadra de extensión, que decía, en enormes letras rojas: “Chileno: El Mercurio Miente”.
Difícilmente se encontrará un eslogan más exitoso que ése. Yo era, a la fecha, el más joven editorialista de “El Mercurio” y aprecié en toda su magnitud el dolor que esa espectacular injuria pública le infligió al decano de la prensa chilena. La consigna prendió tanto que desde entonces y en el siguiente medio siglo el diario ha debido soportar que sus  detractores repitan, en los momentos álgidos del debate nacional (que ese periódico aspira a presidir) la consigna, “¡El Mercurio miente!”, lo que siempre lo deja en incómoda postura.

Y ello pese a que los hechos y la historia subsiguiente comprobaron que el diario había dicho la verdad, pues Miguel Ángel Solar —el estudiante que encabezó la toma de la UC, y los demás cabecillas— terminaron confundidos con el resto de la subversión encabezada por la extrema izquierda marxista en las poblaciones y sólo experimentaron su derrota final cuando la Revolución Militar Chilena se impuso en 1973 y su “Misión Cumplida” lanzó al basurero de la historia a Miguel Ángel Solar y sus secuaces marxistas.

Hoy yo he resuelto extender desde este blog y a lo largo y ancho de todas las redes otra consigna, pero en este caso verdadera: “Chileno: el ‘No’ te Miente”. Pues, aprovechando los aniversarios del 11.09 y del 05.10 y el control que tiene sobre los medios la “Dictadura del ‘No'” que ejercen conjuntamente el Ejecutivo presidido por Sebastián Piñera y el Legislativo controlado por la oposición política (“gobierno y oposición unidos jamás serán vencidos”), nos han mentido sin tasa ni medida en estos días.

El más repetido slogan falso corre así: “la dictadura militar cometió ‘graves, crueles, sistemáticos e inaceptables atropellos a los derechos humanos” (Sebastián Piñera). Usó cuatro adjetivos en lugar de los tres acostumbrados, tal vez debido a que la mentira era de marca mayor. Pues su afirmación es falsa de falsedad absoluta. La Junta y su Presidente ordenaron, desde el primer momento y en sucesivas circulares, respetar los derechos de las personas. Esas órdenes están documentadas, desde luego, en mi último libro, “Historia de la Revolución Militar Chilena 1973-1990”. Como tal directriz no fuera obedecida en variados casos, el régimen disolvió la DINA por trasgredirla. Cuando su sucesora, la CNI, también cometió excesos, la Junta le prohibió detener a nadie sin previa orden competente. La constancia de toda detención debía dejarse en el Ministerio del Interior.

Por supuesto, ningún régimen puede garantizar que ninguno de sus funcionarios no cometerá excesos, y hubo funcionarios que los cometieron. Pero eso no cambió la política del respectivo gobierno, sino que, simplemente, la contravino. Fue lo que sucedió.

Aparte de eso se repite como un mantra la denuncia de “¡torturas!”, como si hubieran aparecido en Chile bajo la Junta. Carlos Peña, en “El Mercurio”, criticaba a la propia conmemoración oficial del “No” por no reiterar la consigna “¡torturas, desapariciones, abusos sangrientos!”

Pero los abogados de izquierda hicieron en 1970 una presentación a la Corte Suprema, de 120 páginas, denunciando las torturas a sus subversivos por la policía política de Frei Montalva. El gobierno posterior, de Salvador Allende, practicó la tortura oficialmente y por eso fue denunciado a ese efecto en el Acuerdo de la Cámara de 22 de agosto de 1973. Dos diputados nacionales, Maximiano Errázuriz y Juan Luis Ossa, electos en marzo de 1973, habían sido víctimas de torturas a manos de funcionarios de Allende. El segundo fue interrogado en Rancagua, tras las aplicaciones eléctricas, por el propio subdirector de Investigaciones, Carlos Toro, funcionario comunista de la confianza de Allende. Después de denunciado, nunca se tomó medida alguna contra él.

El problema venía de antiguo y por eso el historiador Gonzalo Vial propuso en la revista “Portada”, en 1971, legalizar la tortura, puesto que todos los gobiernos hasta entonces la practicaban y, en concreto, lo hacía en enero de 1971 el de Allende con los presos por el caso Schneider.

Entonces raya en el cinismo que marxistas y DC, con tal prontuario de torturadores, pretendan descargar sobre el Gobierno Militar tal acusación, siendo que éste, para comenzar, enfrentado a más de 20 mil terroristas, trasladó ya en 1973 a 80 efectivos de Investigaciones para practicar los interrogatorios contra los apresados después del 11 de septiembre. Esos funcionarios venían de los gobiernos anteriores y aplicaron las mismas prácticas de éstos. Y, además, al denunciarse casos de torturas, por primera vez en Chile hubo denuncias judiciales que se tradujeron en condenas (casos “Vengadores de Mártires” y transportista Fernández), cosa desconocida bajo Frei y Allende.

Otra gran mentira reciente del “No” es que el Gobierno Militar “hacía desaparecer personas”. Es verdad que hubo muertes ilegales, que no fueron ordenadas por el Gobierno, pero al final el paradero de los 1.102 casos de personas cuyo destino se ignoraba fue aclarado. Y si permanecen restos sin identificar (entre ellos, increíblemente, en el recinto de la propia Agrupación de Detenidos Desaparecidos (“La Tercera”) es porque no se les quiere identificar y eso es responsabilidad de los 28 años de la actual Dictadura del “No”. Nunca la Cámara ha formando una comisión investigadora para identificar los cadáveres y los restos enterrados en el Cementerio General, en el Instituto Médico Legal y en la Agrupación de DD. DD. Tampoco ha querido investigar los casos de supuestos desaparecidos que no tienen existencia legal, de acuerdo al Registro Civil; de los que aparecen viajando al exterior o han sido vistos vivos por personas que así lo han declarado ante notario con posterioridad a su desaparición. Ni menos se ha explicado por qué seis han ido “reapareciendo” en estos años, sin sonrojo de los sobrevivientes de las comisiones Rettig y NRR de 1990-91.

La reciente y falsa acusación presidencial de que el Gobierno Militar perpetró violaciones a los derechos humanos tampoco puede sostenerse desde el momento en que el peor problema que enfrentó la Junta, desde su primer día, residió en que diversos gobiernos e instituciones del exterior se negaban a extenderle créditos o venderle armas atendiendo al slogan difundido desde el KGB de que se violaban acá los derechos humanos. La Junta fue el gobierno más vigilado del mundo en materia de derechos humanos, de modo que habría sido no solo imposible para ella, sino suicida, violarlos sistemáticamente. No podía ni le convenía hacerlo y por eso le garantizaba al presidente de la Cruz Roja Internacional el acceso a cualquier prisión o recinto de detención que deseara inspeccionar, sin necesidad de solicitud previa. Eso está documentado por el historiador James Whelan.

Por eso, en anterior blog, yo he dejado establecido que en Chile se están cumpliendo dos apotegmas difundidos por personajes europeos del pasado: el cínico consejo de Voltaire, “mentid, mentid, que algo queda”; y la comprobación aún más cínica y escandalosa de Goebbels: “una mentira mil veces repetida pasa a ser verdad”. Ésta se ha convertido en principio inspirador de la actual Dictadura del “No”.

Chileno: tu presente dictadura te miente cuando te dice que la Revolución Militar Chilena introdujo la tortura en el país, cuando te repite que hubo “miles de desaparecidos” y cuando te insiste en que hubo entre 1973 y 1990 “violaciones sistemáticas de los derechos humanos”, pues ese gobierno, el más vigilado en el mundo a ese respecto, tenía más motivos, no sólo morales, sino económicos que cualquier otro para respetar los derechos humanos.

Chileno: el “No” te miente. Que este slogan se extienda por tu cielo azulado, por las puras brisas que te cruzan también, por el mar que tranquilo te baña, por tus redes sociales, virtuales, radiales y escritas y por todo el largo y angosto territorio nacional como un gigantesco lienzo que permanecerá para siempre ilustrando la conciencia nacional.

/Blog de Hermógenes Pérez de Arce