Daniel Funes de Rioja, presidente de Copal que aglutina a la industria de alimentos y con la batuta en el B-20, la rama del sector privado del G-20, cree que en la última cumbre en Buenos Aires se trazó una ruta. Según su razonamiento, lograron por consenso dar un marco a las inversiones y a los negocios no sólo para los siete países más desarrollados que componen ese grupo que es el 84% del PBI global. También, para los otros 13 que, como Argentina, son emergentes.

Claro que esas discusiones, que se realizaron en el CCK y en la Rural contrastaron con lo que pasa hacia el interior de las fábricas. Funes de Rioja admite que la capacidad instalada de su sector es del 60%, aunque hay ramas como la pesca y la carne que “se están recuperando”. El dirigente señaló, sin embargo, que la caída del consumo en alimentos llega al 5%. Una cifra con pocos antecedentes y que alarma. El también vice presidente de la Unión Industrial explica a Clarín que hay fenómenos como el reemplazo de primeras marcas por segundas o terceras. Y la aparición de un circuito informal de producción de alimentos. Todo parece formar parte de ese talento innato de muchos argentinos ante las crisis.

De paso, afirma que las altas tasas de interés están dejando en las sombras a las pymes regionales. En la alimentación son pymes el 95% de las empresas y en el conjunto de la industria, las pymes representan el 80%.

Así, plantea la necesidad de corregir “impuestos distorsivos como Ingresos Brutos o tasas municipales. Entendimos la quita de los reintegros que significan para la alimentación US$ 200 millones. Otro tanto ocurre con la suba de las retenciones. Sabemos que obedece a razones concretas, a una situación muy delicada y estamos dispuestos a ayudar”, afirmó.

-¿Qué recomendación hizo el B-20 sobre el acceso a los mercados y el comercio mundial?

-La solución es el multilateralismo en vez de unilateralismo y que la Organización Mundial de Comercio tenga más músculo y sea efectiva en la resolución de disputas. Tiene que incorporar a la economía digital y resolver el problema de empresas estatales de países como China que suelen actuar con poca transparencia y son una seria competencia desleal.

Con la digitalización, ¿cuál es el futuro del mercado de trabajo?

-Esa revolución tecnológica ya está entre nosotros y hay que emprender una revolución educativa, hay que educar para el nuevo trabajo.

-Uno de los temas de debate fue la ética en los negocios. ¿Qué lección quedó para Argentina?

-La transparencia es esencial y se coincidió en que la contratación pública y privada no puede haber impunidad. Y que las empresas tienen que sobrevivir y desplazar de sus cúpulas y de las cámaras a los involucrados en casos de corrupción. En un país sin ética pública, no hay empresarios sino aventureros. Nuestro ejemplo a seguir es Alemania que salvó a las empresas. Siemens, que tuvo episodios de corrupción, se depuró y hoy preside el comité de transparencia del B-20.

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