El próximo 11 de noviembre, un oscuro objeto que pasa gran parte de su tiempo escondido detrás de Marte reaparecerá y nos hará su segunda visita desde su descubrimiento en 2015.

Conocido como el asteroide calavera por su siniestro aspecto, se trata de un cometa muerto más negro que el carbón que recuerda, al menos desde algunos ángulos, a una calavera humana casi perfecta. Mide unos 625 metros de longitud y aunque no es muy grande, tiene la masa suficiente como para destruir toda una ciudad si cayera en una zona poblada.

Hace tres años, 2015 TB145, auténtico nombre del asteroide calavera, se acercó a «solo» 486.000 kilómetros de nosotros, un poco más lejos que la Luna. Era el 31 de octubre, el día de Halloween, la fiesta de los muertos en la cultura anglosajona. Ni hecho a propósito. Por fortuna, si la primera vez pasó «como una bala silvando en nuestro oído», según explicaron entonces los científicos de la Agencia Espacial Europea (ESA), en esta ocasión nos saludará desde bastante lejos.

En efecto, la situación será muy diferente. El escalofriante objeto llegará algo tarde para Halloween y se situará a 105 veces la distancia que nos separa de nuestro satélite natural, según los datos del Laboratorio de Propulsión a Reacción (JPL) de la NASA. Esto es aproximadamente un cuarto de distancia de la Tierra al Sol.

Sin embargo, los astrónomos seguirán su paseo con atención, ya que se trata de un objeto fascinante. El asteroide no fue descubierto hasta 2015 en parte porque su trayectoria lo mantiene la mayor parte del tiempo escondido detrás de Marte y porque, además, es pequeño y oscuro. A pesar de eso, los investigadores lograron detectar su brillo, equivalente al de una brasa de carbón.

Por la forma de su órbita, los astrónomos consideran que el asteroide pudo ser en el pasado un cometa que perdió sus elementos volátiles (su característica cola) tras numerosas órbitas alrededor del Sol, lo que lo convirtió en una roca muerta en el espacio.

La próxima vez que el asteroide calavera se acerque a la Tierra será en 2082, cuando pasará a un tercio de la distancia entre la Tierra y el Sol. Igualmente muy lejos para obligarnos a hacer «truco o trato».

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