¿Cuánto tiempo tiene que durar el sexo para resultar satisfactorio? La estadística dice que las relaciones sexuales de pareja llevan entre cinco y siete minutos pero que, al mismo tiempo, la mayoría se queda con la sensación de que deberían de haber durado más. Lo cierto es que el placer no tiene que ver con lo que se tarda en llegar a la meta sino con lo que ocurre por el camino, pero los investigadores a cargo del estudio señalaban la pervivencia de “estereotipos”.

El principal de estos clichés afecta a los varones: un hombre que “dura poco” se siente poco viril. Y es que la andrología tiende a considerar un problema el que la descarga ocurra entre un minuto y dos después de comenzar la penetración, ya que sería sintomático de un caso de eyaculación precoz. Cualquier otra duración es “aceptable”, aunque se haya popularizado de mano de la pornografía el mito de un semental que funciona como un martillo pilón durante los 20 minutos que dura una escena.

 Esta inseguridad colectiva es la que observó la sexóloga y autora estadounidense Tracy Cox durante su trabajo en una clínica de salud sexual orientada al hombre. Las consultas anónimas que recibían iban en su práctica totalidad en la misma dirección: querían saber como evitar eyacular demasiado pronto. Cox manejaba por entonces el consejo tradicional: al sentir que se está alcanzando el orgasmo, hay que “desactivarlo” con una tarea mental aburrida como contar de 500 hacia atrás, o imaginando situaciones relajantes.

La experta, sin embargo, identificó un problema de sentido común: apartar la mente del placer no contribuye a una relación sexual más satisfactoria. Y tampoco había evidencias de que funcionase: “Es el viejo ‘síndrome del elefante rosa’: si te planteas no pensar en elefantes rosas, tu cerebro hará que no imagines otra cosa“- explica. De ahí que se plantease un nuevo método. De ahí surge la idea del ‘peaking‘: entrenar al hombre para controlar su ‘subida a la cima’.

La sexología tradicional distingue cuatro fases del orgasmo: excitación, meseta, orgasmo propiamente dicho y resolución. Esta definición es más relevante en el caso de la mujer, ya que en el hombre las tres últimas fases tienden a ‘liquidarse’ de golpe en el momento de eyacular. Cox se planteó que los hombres también podían mantenerse en la fase de meseta, prolongando el placer previo a clímax. Esto también tendría un beneficio para sus parejas femeninas, para las que el problema tiende a ser el inverso: alcanzar la meseta con la penetración pero no culminar.

Para ello, la sexóloga plantea una escala de excitación: de cero, el aburrimiento total, a diez, el orgasmo más espectacular que haya tenido jamás su paciente. El reto pasa ahora por que el sujeto sea capaz de identificar cuándo ha alcanzado la meseta: sería el punto siete dentro de ese baremo. Para ello, Cox invita a ponerse manos a la obra y practicar con ánimo científico. Dicho de otro modo, a masturbarse regularmente durante un mes para ir comprobando las mejoras de rendimiento.

Lo primero es, efectivamente, cronometrar cuanto tarda uno en eyacular en una sesión. Y, a partir de ahí, trabajar en identificar el punto de placer de meseta y mantenerse ahí, sin prisas ni ansiedades, controlando los ritmos y estímulos. Pasado el mes de entrenamiento en solitario, la técnica se puede poner en práctica en la cama. “El sexo habrá mejorado, habrá mayor excitación, durará más y podrás controlar el momento en el que tu pareja alcanza también en orgasmo“- afirma la experta.

Llegados a este punto, hay una objeción que se le puede hacer a Cox: la de perpetuar el estereotipo de que el sexo se circunscribe únicamente a la penetración. La estadística también dice que la mayoría de las mujeres consideran imprescindibles los “preliminares” y otras formas de estimulación no penetrativa para alcanzar el orgasmo. Y ahí se puede tardar todo lo que se quiera: la media es de unos 15 minutos.