La mesa se fue completando rápidamente, los comensales llegaron más temprano que nunca, no querían perderse ninguna opinión ni apreciación sobre lo que estaba ocurriendo en torno al Ejército. No quiero decir que mis inquietos tertulianos sean copuchentos sino, muy por el contrario, que el tema les preocupaba de sobre manera…

El llamado a retiro del Director de la Escuela Militar, la baja anticipada del coronel Krassnoff, la renuncia del segundo hombre de la institución, el caso de los pasajes y viáticos, eran cuestiones insoslayables por el ruido que estaban generando en el ambiente, no solo castrense sino que también político.

Cuestiones como: Bolsonaro en Brasil -un ex militar y “outsider del establishment” ad portas de ser presidente-, el periodista desaparecido en Estambul y, sin ir tan lejos, la crisis en la Contraloría, el caso del Fiscal Nacional Abbott, las pugnas de poder al interior de las coaliciones políticas… fueron temas que quedaron relegados a un muy apartado segundo plano.

Los ánimos estaban caldeados. Largas y sesudas opiniones fueron interrumpidas por un muy juicioso parroquiano: “Cómo va a ser posible que no se pueda expulsar a un alumno que rocía con parafina a un profesor o que quema un colegio, argumentándose que “el niño” tiene derecho a un debido proceso, y sin embargo, que al Director de la Escuela Militar se le dé de baja en menos de 24 horas, sin proceso alguno…. porque al gobierno lo presionó la izquierda…”.

La sensación en los presentes era una sola… “hoy impera en el país un doble estándar inaceptable…”. Todos coincidieron en que -desde hace tiempo- se buscaba el escarnio público de los militares por cualquier cosa, y que ahora les había dado con la compra de pasajes, así como con los viáticos, en circunstancias de que, pudiendo ser una práctica discutible, en ningún caso, ésta constituía dolo ni perjuicio fiscal.

No faltaron quienes las emprendieron contra los “bon vivant” de las comunicaciones y los “honorables del buen vivir”… quienes se olvidan del escándalo que produjo el caso MOP GATE y los millonarios “sobre sueldos” que cientos de ejecutivos del gobierno recibían irregularmente todos los meses, situación que mágicamente se solucionó en las “alcantarillas de la política” con un simple apretón de manos entre dos políticos -uno de izquierda y otro de derecha- y… “colorín colorado, aquí, nada ha pasado”.

Tratando de centrar la conversación, después de muchos dimes y diretes, comenté que había llegado a mis manos un pequeño libro titulado “El Peligro de la Historia Única” (Random House, 2018) escrito por una joven nigeriana -Chimamanda Ngozi Adichie (1977)- quien, en pocas líneas, hacia un entusiasta llamado a rechazar los relatos únicos, advirtiendo sobre los peligros de reducir cualquier hecho a un mito univoco, concluyendo que siempre habrá quienes, a través de la difamación, buscaban cambiar la historia verdadera.

No había terminado de recomendar la lectura de esta joven africana cuando un acampado feligrés salto al ruedo… “es cierto profe, es inaceptable lo que está ocurriendo con el Ejército, tenemos que salirles al paso a quienes quieren denostar a los militares… En el campo dicen que: un viejo roble no se perturba cuando un par de cerdos famélicos se rascan en su corteza…”.

/por Cristián Labbé Galilea