La vida tiene sus ciclos como todas las cosas, todos sabemos que nacemos para un día morir y ello es parte de nuestra existencia. Sin embargo, cuando somos niños es algo que no podemos vislumbrar y creemos que nunca llegaremos a ser como nuestros abuelos, y los años parece que no avanzaran y está muy lejano el día en que nos convertiremos en jóvenes, adultos, padres y abuelos.

Nuestro país, es dentro de Sudamérica, el que más rápidamente envejece y no tenemos políticas públicas que vayan acorde a esta realidad. Esto se hace más latente, cuando se conoce que cada vez nacen menos hijos y que no se está produciendo la renovación generacional, que nos permita como país, tener esa fuerza propia de la juventud, de ir construyendo un mejor futuro, y asimilando el avance tecnológico propio del descubrimiento del saber y del conocimiento.

Lamentablemente, si bien es cierto, las expectativas de vida han ido en aumento, también es cierto que las personas mayores que tienen mayores ingresos, tienen acceso a mejores condiciones de salud, de hacer deportes, viajar, llevar una vida plena, lamentablemente no es factible a todos los adultos mayores, por lo mismo existe una brecha muy grande entre quienes con sacrificio han entregado sus años de trabajo, en condiciones muy sacrificadas, por horarios extensos, por problemas climatológicos, problemas de enfermedad y económicos, que van mermando la calidad de vida y así vamos envejeciendo.

Hoy se posterga el hecho de tener hijos, por varios factores, ya sean profesionales, porque no se tiene un trabajo estable, porque no existe seguridad en las empresas, porque existe cesantía, porque no hay oportunidades a los jóvenes, etc. etc. y ello se traduce en que a medida que se va envejeciendo, comienza la pobreza porque no existe el mirar como le irá a ir a ese joven de hoy que se siente discriminado por su físico, por su color de piel, por sus estudios, por su nacionalidad, y que ve un futuro incierto cuando llega la vejez.

En unos años más, los adultos mayores por sobre los 60 años de edad, serán mucho más que los jóvenes de hoy y como país, no estamos preparados para asumir esa realidad ya latente en estos tiempos, y que debemos integrar a la sociedad, entregándoles herramientas a que los mantengan activos, disfrutando de la experiencia adquirida, pero ayudándoles a no ser ni menos sentirse una carga para la familia, si no que entregarles no sólo el respeto que cada adulto mayor se merece, sí mejorar  su calidad de vida, empezando por corregir la vergüenza que significa ser un jubilado y recibir migajas de pensión después de haber trabajado y entregado toda una vida.

En varios países, principalmente europeos, se están haciendo políticas de integración de los adultos mayores, donde el “viejo” es respetado, donde tiene acceso gratuito a la salud, al transporte, a tener unas vacaciones y en definitiva a tener una buena pensión que le permita afrontar la vida con optimismo y disfrutar los últimos años con respeto y dignidad.

 

Margot Guerrero Bruner

Asesora Previsional

Corredor de Seguros

www.margotpensiones.com