La nave espacial Juno acaba de confirmar la existencia de algo que lleva intrigando a los científicos desde hace casi cuatro décadas: gigantescas olas de kilómetros de altura sobre la superficie de Júpiter.

De hecho, enormes estructuras de aire en movimiento fueron detectadas por primera vez por las misiones Voyager de la NASA durante sus sobrevuelos al planeta gigante en 1979. Y ahora, la cámara de a bordo de la misión Juno también las ha detectado en su atmósfera.

Llamadas “trenes de olas atmosféricas”, estas imponentes estructuras de aire en movimiento se suceden en crestas y valles a medida que avanzan por el planeta en dirección este-oeste. Al parecer, son más numerosas en las regiones ecuatoriales.

Con una resolución muy superior a la que tenían las sondas Voyager, la JunoCam ha conseguido observar las olas individualmente, proporcionando una valiosa información sobre la dinámica y estructura de la atmósfera joviana.

“JunoCam ha conseguido contabilizar más trenes de olas atmosféricas que cualquier otra misión desde la Voyager -afirma Glenn Orton, del Jet Propulson Lab de la NASA en Pasadena-. Los trenes, que pueden ser de solo dos olas o de varias docenas, pueden tener una distancia entre crestas tan pequeñas como 65 kilómetros y tan grande como 1200 kilómetros”.

Llegaría a la altitud de un avión

Durante el tiempo que estuvieron observando, los investigadores llegaron a ver una ola que alcanzaba los 10 km de altura, apenas un poco menos que la altitud de crucero de los vuelos comerciales en la Tierra. “Algunas olas -explica Orton- pueden aparecer junto a otras características atmosféricas jovianas, como vórtices o líneas de flujo, mientras que otras no muestran ninguna relación con nada cercano. Algunos trenes de olas parecen estar convergiendo, y otros parecen estar superpuestos, posiblemente en dos niveles atmosféricos diferentes. En uno de los casos, los frentes de onda parecían estar irradiando hacia afuera desde el centro de un ciclón”.

Aunque es pronto para decirlo y las olas están aún siendo analizadas, los investigadores piensan que la mayoría de ellas son ondas gravitacionales atmosféricas (a no confundir con las ondas gravitacionales en el espaciotiempo). Se trata de ondulaciones ascendentes y descendentes que se forman en la atmósfera por encima de algo que interrumpe el flujo de aire, como una corriente ascendente o una perturbación no detectada por JunoCam.

El descubrimiento revela, pues, una pieza más del rompecabezas que sigue siendo la atmósfera de Júpiter. De hecho, uno de los objetivos de Juno es, precisamente, aprender más sobre lo que sucede bajo la gruesa capa de nubes giratorias del planeta. Desde que entró en órbita en 2016, la nave espacial ha realizado ya importantes descubrimientos sobre la composición interior de Júpiter, sus flujos atmosféricos, sus bandas tormentosas y su clima extremo.

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