“Brasil va a seguir siendo Brasil, y ningún Presidente tiene poderes para cambiarlo. El Carnaval seguirá coexistiendo con un cristianismo sincrético, el fútbol y la samba en la calle, una cultura habituada a la corrupción, entre muchas otras cosas”. Es una de las conclusiones que saca Francisco Javier Leturia tras seguir de cerca la elecciones que dieron como triunfador a Jair Bolsonaro.

El abogado, integrante del Consejo para la Transparencia y académico de Derecho y de Periodismo  de Universidad Católica de Chile, cuenta las lecciones que la región puede sacar de este proceso: “La señal para el resto del mundo es que los políticos tendrán que volver su mirada a lo que realmente le importa a la gente, y no a las élites dirigentes”.

-Usted está haciendo una investigación sobre el fenómeno de Jair Bolsonaro y ha podido compartir con él y su círculo. ¿Qué conclusiones ha sacado sobre cómo una figura atípica puede liderar un país como Brasil?

-Estando en Brasil, me di cuenta pronto que Lula no era tan querido como lo decían las encuestas y que había un gran descontento. Conocí a Bolsonaro y dije: “Algo va a pasar acá. A fines de año, el mundo entero querrá saber sobre él”. Mi idea original era acompañarlo en la campaña y contar, con total libertad, lo que viera. Un libro que se llamara “20 días con Bolsonaro”, que no se pudo hacer, entre otras razones, porque desde que fue el atentado estuvo hospitalizado. Es curioso que será elegido presidente, sin haber estado en campaña en los últimos dos meses.

-Por lo que analizó en este período, ¿cómo ve Bolsonaro a Chile? Se ha destacado que elogia la economía chilena…

-Elogia Chile. Como muchísimos brasileros, lo aprecia como que es un país estable, con la economía y las instituciones más sólidas de la región. Le gustaría que Brasil siguiera el rumbo de Chile, y no el de otros países latinoamericanos. A veces dice que quiere que Brasil sea como un Chile grande.

-¿Cree que él solo captó el voto de castigo al Partido de los Trabajadores? ¿A la corrupción que ha marcado los últimos años en Brasil? ¿O también se vio un voto “pro Bolsonaro?

-Obviamente el voto de castigo al PT es enorme. La corrupción, la desconfianza a los políticos, y los niveles de violencia son espeluznantes. Fueron 12 años, la gente les pasó la cuenta. Pero también hay mérito en Bolsonaro. Muchos quisieron sacar ventaja de ese río revuelto, sin lograrlo. Creo que mucho del estilo que sorprende y se le critica, le puede haber traído beneficios. Más que un Trump, lo veo más como un Clint Eastwood brasilero. Guste o no, son arquetipos que siguen movilizando, sobre todo en épocas de crisis.

-Hace unas semanas, usted comentó que el empresariado, en un comienzo, no estaba con su candidatura, pero la Bolsa después fue al alza cuando triunfó en primera vuelta. ¿Qué señal entrega al mercado financiero?

-Los empresarios no estaban con Bolsonaro. Habían logrado un pacto fáustico con los políticos, manejaban muy bien “los mecanismos”, y tenían miedo de las consecuencias de un cambio, sobre todo de tipo penal. Muchos quizás tampoco creyeron que fuera una candidatura viable (solo 8 segundos de franja TV gratuita, versus 15 o más de crítica negativa). Es interesante que los que primero comenzaron a apostar por su despegue fueron los inversionistas internacionales, que sin temor a ser investigados o perseguidos, luego del “cuchillazo”, comenzaron a “comprar” Brasil. En el último tiempo, al hacerse más evidentes los resultados, muchos empresarios comenzaron a pasarse al bando ganador.

 

-¿Cuán influyente será el mundo militar ahora?

-Los militares son la institución más respetada del país, por lejos. Por eso, cuando Jair Bolsonaro propone nombrar militares en ministerios y en las escuelas, no hace más que unirse a la mayoría, y captar votos. Ahora mismo, Temer tiene a varios militares en su gobierno, y hay miles en la frontera con Venezuela. Siempre han sido muy influyentes, y la gente los vota cuando postulan a elecciones. Pero los militares brasileros actuales son claramente no golpistas. Será un gobierno institucional, con militares en cargos relevantes, como comúnmente sucede en épocas de crisis (Allende en los 70 también lo hizo).

“En Brasil, y quizás en muchas partes, la corrupción molesta mucho más que el machismo”

-¿Cuáles son, a su juicio, las señales y lecciones que deja este proceso de Brasil para la región?

La señal para el resto del mundo es que los políticos tendrán que volver su mirada a lo que realmente le importa a la gente, y no a las élites dirigentes. Un ejemplo rotundo en ese sentido, es la escandalera que se armó con la talla de Piñera de la minifalda, que puede ser fome, pero no es grave ni desatinada en ningún país latinoamericano. La agenda de género importa, en general, pero mucho menos que la pérdida de empleos o el aumento de la tasa de homicidios. Y entre un candidato duro y que invoca a Dios, y un grupo político que propone de candidato a un líder encarcelado (y no por juicio político)… ahí están los resultados. En Brasil, y quizás en muchas partes, la corrupción molesta mucho más que el machismo. Además, en el Brasil de hoy, mucha gente derechamente prefiere un hombre de carácter duro, irreductible. La otra lección es para la prensa y la mayoría de los analistas, que simplemente negaron la realidad. A nivel mundial, la descripción de Brasil y Bolsonaro no pasó de 3 o 4 clichésSus frases captaron toda la atención, y nadie reparó en su programa, ni en el escenario en que jugaba. Pero los electores brasileros vieron una realidad completamente distinta, y los resultados están a la vista. La realidad es como es, punto.

 

-¿Cómo se lo puede definir, finalmante? ¿Es extrema derecha? ¿Derecha a secas? ¿Populista? ¿O no es  etiquetable?

-Quizá lo más apropiado para describirlo es simplemente “Brasilero”. No puede ser traducido con lógica europea o chilena, desde una cultura mucho más moderada y contenida, menos intensa. Ser brasilero significa que convives con el Carnaval, el sincretismo religioso, y las favelas. Entonces puedes, al mismo tiempo, querer endurecer las penas, pero no tienes reales problemas con la moral sexual o el mundo gay, y promover una campaña masiva de vasectomía voluntaria. Bolsonaro es muy pragmático. No tiene mayoría en el congreso, por lo que tendrá que llegar a acuerdos con muchos partidos para sacar adelante proyectos, y creo que sabrá hacerlo, lo que garantiza cierto nivel de estabilidad y moderación. Es un político hábil, flexible en sus propuestas. Quien lo tome por un militar cuadrado y rígido, no sabe leer Brasil.

-De lo que vio en Brasil, ¿cómo toma el “ciudadano de a pie” sus dichos sobre las mujeres, los militares, la pena de muerte, los homosexuales?

-Bolsonaro hay que traducirlo en la cultura brasilera, que tiene otros códigos. Sus frases, sus “italianadas”, se valoran de modo distinto allá, incluso algunas pueden haberle reportado réditos. Nosotros pertenecemos a una cultura y una sociedad distinta en muchas cosas, entre otras, más hipócrita, porque las cosas que ha dicho Bolsonaro muchos chilenos las piensan y creen, solo que no las dicen. Al mismo tiempo, con una tasa de homicidios 10 veces mayor a la de Chile, e incluso superior a la Colombia de Pablo Escobar, no es raro que haya un anhelo de “mano dura” y se promueva la pena de muerte, como sucedía en Chile hace no tantos años. En Brasil hay 65.000 muertes violentas al año, casi 200 al día. La esperanza no es que eso termine mágicamente, sino que disminuya. Y en esa guerra, va a haber sangre, o más bien, ya hay sangre. Vale la pena ver “Tropa de Elite”, una película que ayuda bastante a entender la realidad Brasilera, junto con “O Mecanismo”, de Netflix. También pude conocer a sus hijos, son muy simpáticos y llanos. Eduardo, al que más conozco, y que además habla español perfecto, tiene un gran sentido del humor, sabe oír, acepta y agradece críticas constructivas, es muy intuitivo e inteligente. Yo le pondría ojo. Su altísima votación (la más alta en la historia de Brasil para un diputado) no es casual. Creo que tiene un futuro político incluso mayor que el de su padre.

 

De derecha a izquierda, el diputado Eduardo Bolsonaro, Francisco Javier Leturia, Arthur Braganca (asesor de Jair Bolsonaro), la primera esposa del Presidente electo, y la novia del parlamentario.