Como pocas veces me había ocurrido antes, al ver las noticias estos últimos días he tenido la percepción de haber desandado  dos mil quinientos años… Si, así mismo como lo lee. El despliegue y la parafernalia de que fuimos testigos a raíz de la llegada de Garay a nuestro país y la cobertura periodística que se le dio me llevó de vuelta al mundo de las tinieblas del que nos sacó Platón cinco siglos antes de Cristo.
Virtualmente “encadenado” a la pantalla chica (léase embrujado) veía pasar en las imágenes que me mostraba algo sin ninguna relación con la realidad. Un simple y vulgar estafador movilizaba más medios de seguridad, más prensa y más notas que la detención del peligroso “Chapo Guzman” o incluso que Pablo Escobar “el patrón del mal”.
Como en la caverna platónica -donde el hombre vivía en un mundo de sombras y de imágenes teatralmente proyectadas en la pared- sentí que habíamos perdido el sentido y la percepción de la realidad y, lo que es más grave, la proporción de las cosas y de los hechos. ¡Cómo no! Vivimos “la venerable posverdad” que no es otra cosa que la realidad dominada y tergiversada por las emociones y no por la verdad (el sensacionalismo y el morbo son más creíbles que la verdad misma).
Pegado al televisor el país no se percataba que la hollywoodense detención de Garay los lograba distraer dejando como “alpargata vieja” un acto terrorista que, en solo una noche, quemaba 17 camiones con un costo de más de tres millones de dólares… ¿Dónde están las proporciones y la sensatez, dónde están los representantes de la Región; los partidos políticos; las autoridades del poder Judicial? ¿Aló, aló…, no hay nadie?
A vista y  paciencia de toda la estructura política, administrativa, judicial y de seguridad del país -con todo desparpajo- la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) se adjudicó el ataque incendiario  señalando: “Reivindicamos la acción de sabotaje… realizada por el Órgano de Resistencia Territorial (ORT) obedeciendo a nuestro proyecto de liberación nacional… En este sentido se debe entender las acciones de sabotaje y ejercicios de control territorial…” Si esto no es subversión y, los hechos reconocidos por sus propios autores, actos terroristas, no me imagino qué tiene que ocurrir para que nuestras autoridades reestablezcan la seguridad, el orden y el estado de derecho.
Como, además de la “posverdad”, vivimos en una sociedad mediatizada donde los medios de comunicación se han transformado en “los notarios de la realidad” y donde lo que ellos digan, transmitan o publiquen es la realidad, y si al mismo tiempo se considera que la izquierda es insuperable a la hora de manejar las comunicaciones y que son indiscutibles maestros para tergiversar la realidad y torcer la verdad, era absolutamente previsible que se le bajaría el perfil a este nuevo acto terrorista en la Araucanía: ¿por qué entonces los principales actores políticos guardaron culposo silencio, si en esta oportunidad, la inoperancia, la falta de gobierno y la irresponsabilidad no solo dijeron fuera… sino que se aprovechó a un estafador de baja estofa como Garay para armar un patético circo al mejor estilo romano?
Porque perdido el sentido de la realidad al interior “de una caverna de sombras y engaños” y distraída por el “circo de Garay” la comunidad nacional, en su molicie, se satisfizo como los romanos con —panem et circenses— o como precisó, siglos más tarde con igual sentido el gobernante, sabio y poeta florentino Lorenzo de Médicis: con “pane e feste tengono il popolo quieto”.
Cristián Labbé Galilea
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