Analizando la contingencia esta semana en nuestra tradicional tertulia, coincidimos en que: etiquetar lo que se nos ponga por delante ha sido una vieja práctica a la que se recurre habitualmente, dado que es la forma más fácil y sencilla de clasificar personas, situaciones, lugares o lo que sea. Basta una oportuna y espontánea etiqueta, sea superficial o ligera, para poder opinar… “de un cuanto hay”.

Un parroquiano “sagaz y observador” recalcó que, en la sociedad política, esta práctica era aún más recurrente, y que normalmente las etiquetas que se colocan, unos a otros, no son siempre bien intencionadas, ni mucho menos ingenuas. Con algo de saña agregó: “En esto la izquierda ‘nos da cancha tiro y lado‘… ¡no hay quien le gane!, son maestros a la hora descalificar, estigmatizar o invalidar cualquier punto de vista que no sea el suyo…”.

Todos opinaron y los ejemplos sobraron… ¡No se salvó nadie! Poco tiempo demoró en que los dardos apuntaran a la “centro derecha” y a sus gurús, a quienes se les imputó que en esto de etiquetar no lo hacían nada de mal. Un antiguo y activo militante político sentenció…  “son de una candidez impresionante y tienen un complejo de identidad abismante; ahora se niegan a sí mismos y prefieren… ’correrse a la izquierda‘ posando de “progresista”, convencidos de que con esa etiqueta cautivarán a más electores y se podrán sacudir de los estigmas que la izquierda les cuelga…”.

Para encausar el raciocinio de los participantes hacia una dirección objetiva y prudente, apunté que me parecía que ambas conductas reflejaban los miedos que perturbaban a cada sector y, con la idea de “poner las cartas boca arriba”, agregué que estas actitudes encubrían las estrategias que cada uno de ellos ha asumido para neutralizar a sus adversarios políticos.

A poco andar coincidimos en que se equivocaban quienes así actuaban porque, con esa actitud, lo único que conseguían era desencantar a sus electores y aislarse cada vez más de la realidad que afecta al ciudadano común y corriente, el que ya está visiblemente decepcionado con la actuación de los políticos.  Situación comprobable en casi todos los sectores de la sociedad…

Sin dudas, lo anterior es la causa principal de porqué han florecido a nivel mundial (EE.UU, Hungría, Francia, Italia y últimamente en Brasil con Bolsonaro) iniciativas políticas que, apartándose de las opciones convencionales -izquierda y derecha- reciben el apoyo mayoritario de sectores ciudadanos que buscan: no sólo una respuesta a sus problemas, sino que aspiran simplemente a que se creen las condiciones para vivir en un estado de orden, seguridad, libertad, solidaridad y fraternidad.

Cuando concluíamos que esta nueva e independiente corriente política se fortalecía día a día, y que, al emerger como una opción real de gobierno, se había constituido en una severa amenaza para el establishment político -tanto de izquierda como de derecha-, un asistente sentenció apasionadamente… “los políticos de hoy han desarrollado una nueva práctica, ’la política hidropónica‘, es decir, pueden desenvolverse en un medio inerme, inactivo, sin raíces… en el aire… sin los pies en la tierra… sin contacto con las bases… Por eso, al verse amenazados, se apuran en etiquetar esta nueva opción como: populismo, ultra derecha, neo nacionalismo…. y se apoyan, sin ningún escrúpulo, en académicos, comentaristas, periodistas…”.

Por Cristián Labbé Galilea