La nebulosa de la Mantarraya en imágenes tomadas por el Telescopio Espacial Hubble en 1998 y 2016
La nebulosa de la Mantarraya en imágenes tomadas por el Telescopio Espacial Hubble en 1998 y 2016

El ciclo de vida de las estrellas es muy largo, eterno para la concepción humana del tiempo. Tardan millones de años en nacer y su etapa adulta se extiende durante miles de millones de años. Cuando las que son como nuestro Sol agotan el núcleo de hidrógeno que les sirve de energía, se dilatan y expulsan sus capas externas formando una brillante nebulosa planetaria que, a su vez, tardará decenas de miles de años en difuminarse. Pues bien, el telescopio espacial Hubble ha captado algo inédito: la desaparición de la nebulosa de la Mantarraya, la más joven conocida, en apenas dos décadas. Como explican investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), nunca antes se había visto nada semejante en tiempo real.

La nebulosa de la Mantarraya, o Hen3-1357, fue presentada como la nebulosa planetaria más joven conocida en 1998: se calculó que el núcleo de la estrella central apenas llevaba veinte años produciendo la energía suficiente como para ionizar la envoltura de gas que se había formado a raíz de la expulsión de las capas externas. Los datos mostraban, además, que la estrella central se había calentado más rápidamente de lo esperado teniendo en cuenta su baja masa. Y su tamaño es equivalente a una décima parte de las dimensiones habituales de las nebulosas planetarias.

Cambios extraños

Pero las extravagancias de esta mantarraya cósmica no terminan ahí. Un nuevo trabajo muestra que se ha desvanecido a lo largo de las últimas dos décadas, y que las capas de gas que rodean a la estrella central han perdido nitidez.

«Son cambios dramáticos y extraños», apunta Martín A. Guerrero, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) que participa en el estudio. «Estamos presenciando la evolución de una nebulosa en tiempo real, y vemos variaciones en pocos años. Nunca habíamos visto esto de forma tan clara», añade.

La comparación de las imágenes obtenidas por el Hubble en 2016 y las que obtuvo en 1996 muestra cómo la nebulosa ha perdido brillo y cambiado de forma. Los tentáculos y filamentos fluorescentes de gas de las regiones centrales casi han desaparecido, y los bordes curvilíneos que sugirieron su asociación con las mantarrayas prácticamente se han desvanecido.

Los investigadores han documentado cambios sin precedentes en la luz emitida por el nitrógeno, el hidrógeno y el oxígeno expulsados por la estrella moribunda en el centro de la nebulosa. La emisión de oxígeno, en particular, disminuyó su brillo en un factor de casi mil entre 1996 y 2016.

«Se han visto cambios en las nebulosas antes, pero lo que tenemos aquí son cambios en la estructura fundamental de la nebulosa -señala Bruce Balick, investigador de la Universidad de Washington Seattle (EE UU), que encabeza la investigación-. En la mayoría de los casos, la nebulosa va ganando tamaño. Aquí, en cambio, está cambiando su forma y se está debilitando en una escala de tiempo sin precedentes. Además, para nuestra sorpresa, no está creciendo; de hecho, el anillo elíptico interior que fue brillante parece encogerse a medida que se desvanece».

Las observaciones desde tierra habían mostrado señales de variabilidad en el brillo a lo largo del tiempo en otras nebulosas planetarias, pero esos indicios no se han podido confirmar hasta ahora. «Debido a la estabilidad óptica del telescopio espacial Hubble, estamos muy, muy seguros de que esta nebulosa está cambiando de brillo con el tiempo. Esto es algo que solo se puede confirmar con la agudeza visual del Hubble», apunta Guerrero.

Cada vez más fría

Los investigadores señalan que los rápidos cambios de la nebulosa son una respuesta a su estrella central, SAO 244567, cuya temperatura superficial se disparó hasta los 60.000 grados, diez veces la temperatura del Sol, en un breve periodo de tiempo entre 1971 y 2002. Desde entonces ha experimentado un descenso gradual hasta 22.000 grados, por lo que la estrella es incapaz de producir suficientes fotones para mantener ionizada la nebulosa.

«Es difícil saber cuál será su destino definitivo. Tal vez la estrella central vuelva a calentarse e ionizar la nebulosa, o tal vez nunca lo haga y Hen3-1357 se convierta en una nebulosa planetaria fallida», concluye Guerrero. Con las tasas actuales de desvanecimiento, se estima que la nebulosa apenas será detectable en 20 o 30 años.

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