En Chile se están produciendo todos los días en La Araucanía, acciones violentas dirigidas contra Iglesias, centros de producción forestal, unidades de transporte de pasajeros y maderas, bloqueos nocturnos de carreteras y enfrentamientos armados.
Al mismo estilo del Partido Comunista Sendero Luminoso (foto), la etapa de generación de una zona liberada es uno de los ejes principales. Así lo hicieron en Ayacucho, también al sur de la capital peruana.
Se libera la zona, generando miedo y violencia, incendiando casas y vehículos, asustando a viajeros y usando un discurso que sea máscara de reivindicaciones. Además, el pretexto de los derechos humanos es vital para que la Policía y las Fuerzas Armadas se debiliten en la represión y captura de los extremistas.
La idea central se resume en “el campo como principal y la ciudad como complemento” lo que significa escalar la violencia –secuencia y frecuencia- en La Araucanía y fortalecer en las ciudades la idea que se trata de un tema indígena de explotación o dominio histórico. Un levantamiento para recuperar algo, no importa si se tiene la razón, sino que se siembra una razón.
En esa lógica caen fácilmente algunos políticos y medios que inventan términos como conflicto armado interno, desborde popular, problema de violencia campesina, reivindicación histórica y otras definiciones que esconden una sola verdad: se trata de terrorismo.
Repito: queman camiones, maquinaria de trabajo, casas, galpones, atacan transportes con disparos hiriendo a trabajadores y además, emboscan a unidades policiales con enfrentamientos armados.
Destruyen todo lo que sea empresa o trabajo, amedrentan a los pobladores, tienen en zozobra a los pequeños empresarios y destruyen Iglesias. Es decir, generan emigración, nuevos pobres y los que quedan, o se unen o se inclinan, porque para resistir se necesita al Estado y las Fuerzas Armadas en un doble trabajo de inteligencia y represión.
Eso no se ve en las grandes ciudades, porque aún no es el momento –para estos subversivos- en la estrategia de cercar la ciudad desde el campo.
Además, es necesario resaltar que existen vínculos de evidente inter relación con las FARC de Colombia, cuyas finanzas nunca fueron desmanteladas o ubicadas y fácilmente están circulando en el sur de Chile.
Así que las cosas claras. Los que quemaron a personas en su propia vivienda, a indefensos que clamaban por sus vidas, no pueden ser denominados otra cosa que asesinos terroristas y si hasta ahora en Chile no se dan cuenta algunos, se los decimos con mucha autoridad desde el Perú que no se trata de violencia rural, sino de terrorismo.

Escrito para la Revista Valora por abogado y cientista político, Ricardo Escudero, que encabeza el Instituto del Ahorro en Perú, un centro especializado en asesoría personal, familiar y empresarial

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