“Quiero decir que el gobierno, el Presidente Lagos y la ministra que habla están absolutamente convencidos que el general Cheyre es una persona íntegra y no tiene ningún tipo de delitos y crímenes sobre los cuales las personas deben preocuparse”.(…) “Nosotros tenemos certeza de eso, estamos convencidos”.

Con esas palabras, el 16 marzo de 2002, la entonces ministra de Defensa Michelle Bachelet respaldó a quien era el comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre. Todo esto, lo hizo ante la Agrupación de Familiares Ejecutados Políticos, quienes lo acusaban de estar involucrados en casos de violaciones a los derechos humanos. Así, a solo seis días de que Cheyre tomara posesión del cargo, ya contaba con el apoyo de la ex Mandataria.

Por esa época, durante la presidencia de Ricardo Lagos, el general mantuvo una estrecha relación con dirigentes de la Concertación, quienes incluso veían con distancia su vinculación con casos de violación a los DD.HH. Pero ayer, a más de 10 años de que Cheyre integrara las filas del Alto Mando castrense, el ministro en visita Mario Carroza lo condenó a 3 años y 1 un día de libertad vigilada, por el episodio La Serena del caso Caravana de la Muerte. Transformándose así en el primer ex comandante en jefe del Ejército en ser sancionado por este tipo de delitos.

La relación de Cheyre con el Presidente Ricardo Lagos surgió seis años antes de que asumiera la comandancia en jefe. En 1996 España fue el país que los unió cuando el general era agregado militar en esa nación y participó de un encuentro entre civiles y militares en el Hotel Victoria Plaza de El Escorial, en Madrid.

Reunión que fue impulsada por dirigentes de la Concertación y en la que participaron oficiales del Ejército, dirigentes socialistas y representantes de la centroderecha.

En 2002 Cheyre se volvería a encontrar con Lagos, pero esta vez en el contexto de su designación como comandante en jefe del Ejército. Pero como antecedente no solo estaba la reunión en España sino que el general era amigo del principal asesor de La Moneda,el sociólogo Ernesto Ottone. Ambos, 40 años antes, habían coincidido en la Escuela Militar como cadetes, aunque Cheyre tenía un año más de antigüedad que Ottone.

Antes del nombramiento, se inició un diálogo entre el sociólogo y el general. Los principales lineamientos de las conversaciones, impulsadas por Lagos, estaban en cómo enfrentar las divisiones provocadas por el golpe militar de 1973, según aparece en el libro “Bachelet: La historia no oficial”, de los periodistas Andrea Insunza y Javier Ortega.

Cuando asumió Michelle Bachelet en Defensa, no conocía a Cheyre y es el mismo Ottone quien ejerció como “puente” entre ambos. Desde ese periodo que la agenda de ambos estaría destinada a trabajar en conjunto y avanzar en materia de derechos humanos.

Fue en medio de ese contexto que la ex Mandataria tuvo que salir al paso por segunda vez, para respaldar al ex comandante en jefe de las críticas vinculadas a los DD.HH. En mayo de 2002, Bachelet reiteró el respaldo de su cartera a Cheyre ante el caso de los dos menores ejecutados en Coquimbo en diciembre de 1973. “Lo primero que quiero señalar, y ya lo he hecho, y no voy a hacer más comentarios, es que nosotros respaldamos en todo momento al comandante en jefe del Ejército”, dijo la entonces ministra.

En el libro de Insunza y Ortega se describe la relación entre Bachelet y Cheyre: “De todos los comandantes en jefe, el general del Ejército es lejos el que más la visita. Los dos se llevan bien. Se tienen un mutuo respeto intelectual”.

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