Todo comenzó como una complicidad. El 28° presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, enviudó durante su primer mandato. Al poco tiempo, conoció a otra mujer, Edith Boiling, a la que comenzó a frecuentar en su domicilio. Era el año 1915 y el presidente no quería que se hiciese público su nuevo romance. El Servicio Secreto, la fuerza federal encargada de la custodia de los jefes de Estado, inventó un código secreto para referirse a su nueva pareja y evitar que se filtrara la información: la llamaba “Grandma” (“abuelita”). Así, cada vez que el Presidente partía a un encuentro amoroso con su amada, los agentes del servicio secreto pasaban la voz de que Wilson iba a visitar a la “abuelita”.

Desde entonces, el sistema se fue desarrollando con algunas decenas de palabras en código que los agentes del servicio secreto utilizan para referirse al Presidente, su familia y algunas de sus actividades. Durante décadas, el objetivo fue evitar que quienes escucharan casualmente las conversaciones entre los agentes pudieran saber los movimientos del Presidente. Y la tradición se mantuvo casi como un juego, a pesar de la aparición de equipos de comunicación encriptada y sofisticada. Tanto es así, que los nombres utilizados por el Servicio Secreto se suelen filtrar rápidamente en la prensa, pero los hombres de la seguridad presidencial los siguen utilizando.

Con la llegada de cada nueva familia a la Casa Blanca, la Agencia de Comunicación de la residencia presidencial elegía nombres en código de para cada uno de ellos y los pasaba a los agentes del servicio secreto. Los nombres se seleccionan de una lista de palabras “aceptables” y todos los integrantes de la misma familia comienzan con la misma letra.

Desde hace un tiempo, los nombres en código pasaron a asignarse cuando se oficializa la nominación de un candidato presidencial (pues desde ese momento pasan a ser protegidos y escoltados a todas partes por el Servicio Secreto) y hasta su muerte (los ex presidentes reciben la custodia del Servicio Secreto de por vida).

Así, John Kennedy fue el Lancer (“Lancero”) y Jacqueline Kennedy, “Lace” (“Lazo”). Ronald Reagan fue “Rawhide” (“cuero crudo”) y Nancy Reagan, “Rainbow” (“Arco iris”).

Bill Clinton es “Eagle” (“Aguila”) y Hillary, “Evergreen” (“Perenne”).

Barack Obama es “Renegade” (“Renegado”) y Michelle Obama, Renaissance (“Renacimiento”). Mientras sus hijas, Malia y Sasha, son “Radiance” (“Resplandor”) y “Rosebud” (“Pimpollo”).

(Getty)

(Getty)

Pero las cosas se pusieron más picantes cuando el primer presidente afroamericano fue el primero que pidió al Servicio Secreto que tomara cierta distancia y no lo molestase cuando tenía un momento de intimidad con su esposa en su habitación. Así, los agentes del Servicio Secreto debieron inventar una expresión para referirse a esos momentos en los que  el Presidente no podía ser molestado. ¿Cuál fue? “The Bosnian problem” (“El problema bosnio“).  Así, durante los últimos ocho años, no fue extraño que un agente del Servicio Secreto informase a otro que “El Renegado no puede ser molestado ahora. Está con Renacimiento discutiendo el problema bosnio”.

Donald Trump y Melania ya tienen sus nombres en clave: “Mogul” (“Magnate”) y “Muse” (“Musa”). Los acreditados de la Casa Blanca informaron que se mantiene “el problema bosnio” como la expresión para referirse a los momentos íntimo de Trump y su esposa.

/Infobae

/gap