El sexo es increíble, todos los que alguna vez lo hemos probado, lo sabemos. Además, de que conlleva a diferentes beneficios para tu cuerpo.

Y, estoy muy convencida de que el sexo, es una parte primordial a la hora de querer mantener una relación, no solo por la complicidad que se logra con el tiempo, sino también porque si la química no es buena, la relación está destinada a fracasar.

Mantener relaciones sexuales con tu pareja – o…tú sabes, si eres soltera, con alguna otra persona-, siempre nos hace sentir bien, incluso, muchos siempre alardean de lo constantemente que lo hacen y, otros, se quejan de lo poco que lo practican.

O sea, querámoslo o no, es MUY importante en nuestras vidas.

Pero, hay momentos de los que nadie te cuenta o de los que nadie conversa porque son muy vergonzosos pero, nadie considera de que a TODOS nos han ocurrido alguna vez.

Realmente, algunos momentos pueden ser bastante vergonzosos, hasta extraños, diría yo…ocurren antes, durante y después pero todos decidimos ignorarlos. Pero, honestamente, a quién no le ha pasado que durante la relación, ocurre algo que nos avergüenza. A mí sí. Y lo único que puedo pensar, es…ojalá que no se haya dado cuenta, ojalá que no lo haya notado. Y sí…lo notó. Pero preferimos creer que no. Y seguir en nuestro asunto.

– Cuando no sabes ni por dónde empezar. Llegar al primer beso es, en muchas ocasiones, una auténtica odisea. Miras, retiras la mirada, ‘sonrisita’, vuelves a mirar… Vamos, que o a alguno os da un arranque o ese momento romántico de que te mire fijamente a los ojos, te coja una mano, y con la otra te acaricie el rostro mientras acerca su boca… Es ciencia ficción para ti. ¿La solución? Si no quieres alargar momentos incómodos, ¡lánzate, no pasa na-da!

– Cuando te dan ganas de gritar y/o decir cosas ‘sucias’. Reconócelo: eres de las que gime como si no hubiera un mañana pero (lo sabes), quizá pecas un poco de exagerada. Pero oye, a ti te desahoga y ni te lo propones. De hecho, a veces, a los gritos les sucede un “¡joder, sigue, sigue!” y una retahíla de palabras obscenas que no vienen al caso. ¿El problema? Generar sonidos con este ímpetu en lugares donde estáis rodeados, darte cuenta que se da cuenta (valga la redundancia) de tu exageración, o lo que es peor, ser así de natural con alguien nuevo al que, ante todo, le gustan las chicas discretas. Fin de la historia.

– Cuando se acomoda para la primera penetración… Y no hay manera. Tú debajo, tú arriba, él debajo, tú de lado, él arriba… Qué lío. Al final, la postura del ‘misionero’ acaba siendo el comodín de la suerte sobre todo, si es vuestra primera vez. Pero hay momentos en los que no hay manera (sequedad, nervios o sencillamente, muy mala puntería). Al final, cuando lo consigue, más que un encuentro estelar acaba siendo un mero trámite para “acabar cuanto antes”. ¿A que sí?

– Cuando descubres que… ni la notas. Ojo, porque la situación anterior se puede agravar si el resultado es este. Te encanta, es un chico alto, robusto, guapo… En fin, un macho alfa donde los haya. Al fin llega el momento álgido que tanto estabas esperando, y zas! No, no es gatillazo (ojalá), más bien es que sus manos de “macho protector” no se corresponden con el tamaño de su miembro. Una pena, porque tu cabecita loca le va a querer decir ‘Bye bye, babe…’.

– Cuanto te entran ganas de orinar. ¿Lo peor? Suele suceder en el mejor álgido, justo cuando más estabas disfrutando. Pero, ¿sabías que algunas posturas como las del ‘perrito’ generan esta sensación, ya que estimulan el punto G, provocando tu eyaculación femenina, que sale de la uretra? Así que, la próxima vez que tengas que interrumpir tu velada, si es por este motivo, no te sientas mal ¡y disfruta lo que puedas!

– Cuando quieres demostrar tu maestría con el sexo oral. Ha llegado el momento: uno de sus preferidos, seguro. Por eso, tu condición de auto-exigente quiere cumplir con las expectativas y te vienes arriba. En lugar de ir poco a poco, y altura por altura, te lanzas como aquella vez que devoraste 20 caramelos de golpe. ¿El resultado? Acabas intentando disimular tus ganas de vomitar.

– O cuando lo hace él y se cree el ‘rey del mambo’. Es su turno, cree en el cunnilingus como su as bajo la manga… Y a ti más bien lo que te parece es que te han puesto ahí abajo cualquier cosa a velocidad centrífuga. Ehhh… ¿cómo se lo dices y le quitas la ilusión? Momento para demostrar tus mejores artes…

– Cuando te abstraes mentalmente. Tu punto fuerte no es tu capacidad de concentración y a veces, en la cama, te ocurre lo mismo. No es que no le quieras, o no te guste lo que está haciendo, es que eres muy dispersa. Si está bien puesto o no el preservativo, lo pesada que es tu jefa o los dos kilos de más que te tienes que quitar antes de tu próxima boda son problemas muy serios que a veces, sin darte cuenta, obnubilan tu mente. Truco: piensa en lo que quieras pero aprende a disimular, nena.

– Cuando olvidaste depilarte. ¿Seguro? ¿Olvidar o vaguear? Sea por lo que fuere, se te presenta una oportunidad de oro y alerta roja: tus piernas parecen las de una cavernícola. Tienes dos opciones: o no desnudarte y salir corriendo, o ponerle tan cachondo que no corras ni el más mínimo riesgo de que se percate de la situación. Aquí cada una tiene que saber cuáles son sus capacidades.

Cuando pone caras ridículas. Te encanta y todo va fenomenal… Hasta que empieza a gesticular de esta (extraña) forma. ¿Le repite la comida picante de la cena? ¿Se acaba de pillar algún dedo? ¿Por qué diablos esa cara bonita que tanto me gusta se transforma? Consejo: cierra los ojos y no dejes que se rompa el encanto.

– Cuando se escapan gases vaginales. Con tu pareja de hace ocho años, con tu rollete, en tu primera cita… Esta es una de las situaciones más incómodas que podamos vivir. Básicamente quieres morir, es un “tierra t-r-á-g-a-m-e”. Otro argumento (científicamente probado) para que duermas mejor la próxima vez: únicamente es aire atrapado en tu vagina, como consecuencia –probablemente– de tus múltiples cambios de postura. ¿La solución si ocurre? Ríete (y una por una, no te aboques únicamente al ‘misionero’)!

– Cuando te levantas al día siguiente. Sí, este momento no podía faltar en nuestra lista. Sobre todo si se trata de alguien que has conocido con una buena dosis de alcohol encima. Le recordabas como Ryan Gosling y resulta guardar más parecido con William Dafoe. Otros daños colaterales: le tienes que pedir dinero para volver a tu casa, que te des cuenta que vive con sus padres o sencillamente… no sabes cómo se llama.

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