Los lamentables hechos ocurridos en la Araucanía, que alcanzan su nota dramática con la muerte del comunero mapuche Camilo Catrillanca, ha provocado que se abran nuevamente los cauces de quienes mantienen latente el resentimiento y el odio hacia Carabineros de Chile.

Aún antes que la justicia se pronuncie varios de ellos han sido dado de bajas (uno de ellos al que incluso se le calificó de héroe por su participación en el rescate de los mineros de Atacama.

No pretendemos aminorar la responsabilidad de los hechos sucedidos en Ercilla, pero sí estamos seguros que tanto a nivel de gobierno como de gran parte de la comunidad se comete una injusticia tremenda contra Carabineros de Chile. Porque se les aplica la peor de las condenas públicas cuando supuestamente por exceso de uso de la fuerza atentan contra los derechos humanos de civiles, como sería este último caso. Pero, nadie hace hincapié cuando ellos son agredidos, insultados e incluso asesinados.

¿Para los carabineros no rigen los derechos humanos?

Recordemos sólo algunos ejemplos.

El cobarde asesinato del cabo Alejandro Gálvez Gálvez en la noche del “Día del joven combatiente” el año 2015.

Una publicación del Instituto Nacional de Derechos Humanos durante el gobierno pasado, destinada a formar en DD.HH. a escolares, induciendo a los jóvenes, superficial e injustamente, a actuar contra Carabineros en el marco de las manifestaciones sociales.

Cuantas veces hemos escuchado esta frase: “las detenciones en las marchas han sido un elemento de represión que ha utilizado Carabineros para evitar la reunión libre de las personas que luchan por sus derechos”.

¿Es tan así?

La galería fotográfica que ofrecemos a continuación, sin duda que demuestra lo contrario:

Waldo Mora Longa, como ex diputado, ex Intendente, ex director regional del Colegio de Periodistas siempre ha dado fe del tremendo ejemplo de compromiso y entrega de Carabineros de Chile en todo el país, y en todas las múltiples funciones que la ley y la sociedad les ha encargado. Desde su rol cotidiano en la lucha contra la delincuencia, pasando por su liderazgo en emergencias de todo tipo, hasta su rol tan necesario como difícil e incomprendido en términos de garantizar el orden público.

Por lo mismo, a través de sus comentarios en radio Santiago y en estas páginas del Diario de Santiago ha manifestado incansablemente la injusticia que se comete contra una institución que tiene más de 50 mil funcionarios y donde siempre puede existir un error, un abuso o una manzana podrida. Cuando ello se detecta, la sociedad, los medios de comunicación, la autoridad y el mismo mando de Carabineros debe proceder con celo a la investigación de lo denunciado, y a las sanciones cuando corresponda. Pero de ahí a sostener que su labor es sinónimo de represión para evitar la reunión libre de personas que luchan por sus derechos y llegar incluso a tratarlos de asesinos, hay un enorme trecho.

La secuencia gráfica anterior muestra sólo algunos ejemplos de los  numerosos carabineros que han sido brutal y cobardemente heridos en protestas. Quemados en emboscadas con bombas molotov, agredidos con todo tipo de elementos contundentes, incluso con armas de fuego. Está en las fotos lo ocurrido al teniente Vidal, quien casi fue asesinado a golpes en la plaza Brasil por una horda de violentistas.

Es ante estos hechos que resulta incomprensible que nadie abogue por los derechos humanos de quienes son los llamados a defendernos ante la violencia irracional y delictual.

En estos tiempos duros, es cuando el Gobierno más que nunca debiera darle su irrestricto apoyo a Carabineros de Chile y, sobre todo, evitar generalizar responsabilidades que son siempre individuales y no colectivas.