Aunque la oposición se ha esmerado en transformar la muerte de Camilo Catrillanca en una crisis política para el gobierno, la bala que lo mató causó una profunda crisis de credibilidad en Carabineros. Y el cuestionable desempeño del General Director Hermes Soto la ha agravado. Su mención de que el carabinero que destruyó la tarjeta de memoria de su cámara lo hizo para eliminar imágenes comprometedoras con su pareja deshonra a la institución. O Soto está burdamente intentando relativizar la criminal actuación de sus subalternos, o simplemente es demasiado ingenuo para ocupar el cargo que actualmente ostenta. Su evidente falta de liderazgo constructivo hace pensar que el general es más parte del problema que de la solución.

 

La lamentable muerte de Catrillanca el 14 de noviembre ha generado una crisis política que parece agravarse cada día. Si bien la renuncia del Intendente de La Araucanía, Luis Mayol, bajó la presión de la oposición sobre el gobierno, a medida que se conocen más datos sobre lo que ocurrió ese día aumentan las dudas sobre el actuar de Carabineros en los minutos y horas posteriores a la muerte del mapuche. De hecho, la renuncia de Mayol se debió fundamentalmente a que hizo declaraciones el día de los hechos que terminaron siendo desmentidas por los datos que aparecieron después. Aunque el ahora ex Intendente acusó a la oposición de mezquindad, la principal responsabilidad de su forzada renuncia recae en la información que presumiblemente le entregó Carabineros y que él repitió como si fuera una verdad incontrarrestable. Dado el historial de errores garrafales cometidos por Carabineros en La Araucanía —y los escándalos de corrupción que han sacudido a la institución a nivel nacional en los últimos meses— hubiera sido más apropiado esperar hasta verificar que, esta vez, la información entregada resultara verídica.

 

La información equivocada entregada por Carabineros también golpeó al propio Director General. En una entrevista el pasado sábado, Soto aseguró que los carabineros que participaron en la operación que terminó con la muerte de Catrillanca no llevaban cámaras. Al día siguiente, el ministro del Interior desmintió esa información y anunció que los carabineros fueron dados de baja. En la entrevista en que declaró que no había cámaras, Hermes Soto prefirió no explicar —porque no quiso o porque nunca supo— las razones que llevaron a carabineros a llevar detenido ilegalmente al menor de 15 años que acompañaba a Catrillanca y que era el único testigo civil de los hechos que terminaron con la muerte del comunero. Después que se supo lo de la destrucción de evidencia, Hermes Soto quedó como un mentiroso o como el líder de una institución jerárquica que no sabe lo que está pasando con sus subordinados.

Para empeorar más su situación, en su comparecencia ante la Cámara de Diputados el miércoles, Soto articuló una inverosímil explicación sobre las razones que llevaron al carabinero a destruir la tarjeta de memoria con evidencia que pudiera aclarar la causa de muerte de Catrillanca. Soto dijo que el carabinero destruyó la evidencia porque había imágenes privadas del funcionario con su pareja. Además de que no hay razón para que el carabinero grabe imágenes privadas con una herramienta de trabajo, repetir esa absurda explicación es un insulto a la inteligencia de cualquier persona. Que Soto se preste para repetir esa inverosímil explicación lo hace, en el mejor de los casos, profundamente ingenuo.

 

Además, sin presentar prueba alguna, al comentar la muerte de un nuevo comunero el 20 de noviembre en un presunto ataque incendiario contra una iglesia protestante en Teodoro Schmidt, Hermes Soto deslizó que los grupos violentistas en La Araucanía se financian gracias a la venta ilegal de marihuana. Después que carabineros quedara en ridículo cuando se conocieron los detalles del fraude que constituyó la llamada Operación Huracán, lo menos que puede hacer el Director General de la institución es presentar evidencia creíble antes de lanzar nuevas acusaciones al vuelo.

 

Para que exista estado de derecho, es esencial que el Estado pueda ejercer adecuadamente el monopolio en el uso de la fuerza. Un cuerpo de policía profesional, respetable y ampliamente respetado por la ciudadanía es esencial para que se protejan los derechos de todas las personas, especialmente de los más débiles. La muerte de Catrillanca ha puesto en entredicho la credibilidad de Carabineros. El desempeño del General Director en los días posteriores ha profundizado la crisis de credibilidad de la institución. En vez de ayudar a reconstruir la credibilidad de Carabineros y liderar positivamente a su institución para salir de la crisis, el comportamiento de Hermes Soto solo ha sembrado más dudas respecto a qué tan bien Carabineros puede hacer su indispensable trabajo.