Mientras algunos se dedican a jugar al deporte nacional de buscar responsables políticos por los sucesos que llevaron a la lamentable muerte de Camilo Catrillanca, alguien debe procurar sacar lecciones de estos hechos que sean útiles para encauzar el proceso de progreso en paz de esa región que impulsa el gobierno de Sebastián Piñera. Aunque en los 15 casos de comuneros mapuche muertos en actos violentos desde 2001 a la fecha, que casi en su totalidad fallecieron en los gobiernos presididos por Ricardo Lagos y Michelle Bachelet no ha habido un solo ministro renunciado, políticos de izquierda corrieron a pedir la cabeza del ministro del Interior Andrés Chadwick apenas producidos los hechos. Parte de la prensa se sumó a esta actitud, mostrando una vez más la distinta vara con que miden a los gobiernos de izquierda y derecha.

La desproporcionalidad de esta pretensión fue tan manifiesta ante la actuación serena, oportuna y responsable de Chadwick, que luego de las bajas en Carabineros que decretó el Gobierno que incluían algunas por responsabilidad del mando, la presión se trasladó hacia la renuncia del intendente Luis Mayol. Aunque las investigaciones de las Fiscalías aún no permiten evaluar si el ex Intendente fue o no muy crédulo frente a las versiones que le entregó Carabineros, Mayol decidió renunciar, como un gesto hacia el Presidente Piñera que le permitiera al mandatario un mayor margen de maniobra frente a un objetivo más importante: mejorar el futuro de la Araucanía.

Si bien, especialmente entre los partidarios del gobierno, la salida del ex Intendente puede considerarse injusta, en su renuncia está la nobleza que sus detractores no tuvieron con él. Sabemos, aunque nos rebele, que la política no es justa. ¿Por qué el Presidente Piñera acepta esta renuncia, si ninguno de sus antecesores hizo valer responsabilidades políticas a sus colaboradores ante situaciones similares? Lo hace precisamente porque es el único que tiene un verdadero Plan para la Araucanía, cuya puesta en marcha y progreso se ven amenazadas por el clima que se ha generado en la zona después de estos luctuosos hechos. Y ese propósito es de una entidad superior a la suerte política de cualquiera de los colaboradores de un gobierno. La posición fácil es criticarlo porque no defendió a los suyos; no cuesta mucho hacerlo cuando no se tiene responsabilidad sobre la vida de personas de la región, ni un proyecto para cumplir el sueño de sus habitantes de progresar en paz junto a sus familias y compatriotas.

Ese plan, necesariamente, debía tener dos componentes. Por una parte la mantención del orden público y el Estado de Derecho en la región, tarea en que las instituciones policiales juegan un rol fundamental; por otra, el impulso a la actividad productiva de la Araucanía a base no sólo de medidas de tipo económico e inversiones públicas, sino también de un restablecimiento de las confianzas entre los diversos grupos que viven allí. En esta última tarea era fundamental el proceso de diálogo conducido por el Ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, que dio origen al Plan Impulso Araucanía.

Ese esfuerzo quedó dañado después de la muerte de Camilo Carillanca. Carabineros de Chile, hay que decirlo, volvió a fallarles a los chilenos. Es del todo inaceptable que sus funcionarios mientan y oculten información sobre lo sucedido, llegando a destruir evidencia. Las investigaciones tienen por objeto aclarar las responsabilidades ante un hecho trágico, y una institución policial colaboradora de la justicia no puede actuar así. Las medidas que tomó el gobierno del Presidente Piñera luego de las investigaciones del Caso Huracán han probado ser insuficientes.

 

El gobierno tiene una tarea pendiente con Carabineros.

 

La tarea de resguardar el orden público, que es irrenunciable, se debilita con lo ocurrido. La institución de Carabineros pierde credibilidad ante la opinión pública. También se debilita esta tarea con la actitud de quienes relativizan la gravedad de los hechos de violencia en la zona, con los que dejan de lado que la persecución policial que terminó con la vida de Catrillanca se originó a partir de un violento robo de automóviles en las cercanías de la comunidad de Temucuicui. Ello no justifica que se haya disparado y muerto a un comunero, pero nadie ha desmentido que esos vehículos fueron encontrados al interior de esa comunidad. La investigación de la Fiscalía debe aclarar completamente los hechos, todos los hechos, y la Justicia debe determinar responsabilidades.

El gobierno tiene una tarea pendiente con Carabineros. Más allá de los cambios y renuncias, éstos no son suficientes para garantizar el cambio necesario en la institución, que es un cambio cultural, que requiere de protocolos y procedimientos más estrictos, capacitación y recursos. En definitiva un estándar de eficiencia y transparencia que aún parece estar lejos de la situación actual de la institución. Sin ese cambio, la tarea de mantener el orden público en la Araucanía no podrá realizarse con la presteza que se requiere.

Creo que podemos pedir al gobierno del Presidente Piñera un esfuerzo adicional en esta materia que esté a la altura del inmenso logro que significaría sacar adelante a la Araucanía. Creo que podemos pedir a sus adversarios el mínimo de grandeza política que significa no entorpecer esa tarea.

/Escrito por Luis Larraín para El Líbero