Recientemente ha reflotado un episodio de violencia contra los animales difícil de olvidar, ocurrido hace algunos años en Borneo, Indonesia, y que guarda relación con el abuso sexual que sufrió por décadas una orangután llamada Pony.

Durante años el animal  fue depilado, maquillado, vestido con ropa de mujer, junto con ser adornado en la zona de su cuello y orejas con joyas, las cuales buscaban excitar a los usuarios de un burdel que requerían sus servicios sexuales y que pagaban algunas libras por pasar una noche junto a ella. La mayoría de los clientes del prostíbulo provenían de zonas agrícolas cercanas al lugar y que en su mayoría solicitaban directamente la compañía de Pony.

Cuando fue rescatada, un grupo de 35 policías armados debieron intervenir en la liberación del animal, que fue celosamente protegida por los propietarios del prostíbulo, y que no titubearon en ocupar armas y cuchillos para evitar que su principal fuente de ingresos se marchara de su lado. Todo el operativo de protección de Pony se desarrolló luego de una ardua investigación impulsada por la Autoridad Central de Conservación y Recursos Naturales de Kalimantan (BKSDA) en colaboración con la Fundación BOS, señala Infobae de Argentina.

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Cuando se corroboraron las versiones acerca de repetidas y sostenidas violaciones diarias a las que estaba expuesto el simio, se organizó el rescate que finalmente liberó al animal. Aún hoy es imposible determinar cuánto tiempo estuvo expuesta a estos vejatorios tratos, aunque se sabe que Pony fue separada de su madre cuando apenas era un bebé.

Durante mucho tiempo sólo mujeres fueron las cuidadoras de Pony, debido a que ella temía la compañía de hombres y tardó cerca de diez años en aceptar el cuidado a cargo de trabajadores de sexo masculino. Actualmente, 15 años después de su rescate, la orangután vive en cautiverio en el Centro de Rehabilitación Nyaru Menteng, en compañía de otros siete orangutanes, tratando de olvidar las perturbadoras experiencias que fue obligada a vivir.

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