Google, el “rey” de las búsquedas de internet, no atraviesa su mejor momento.
Algunas de las marcas más grandes del mundo han decidido retirar su publicidad de YouTube, la plataforma de videos del gigante tecnológico.
La cadena de almacenes y supermercados Marks & Spencer fue la última en eliminar sus anuncios del sitio web.
Antes lo hicieron también el gobierno británico y grandes marcas internacionales como Audi, L’Oreal, McDonald’s, los bancos Lloyds, HSBC o RBS o clientes en el país de Havas Group UK, el brazo británico de la sexta agencia de publicidad más grande del mundo, entre los que se incluye la BBC.
La discordia entre los anunciantes y la compañía tecnológica se produce a raíz de una investigación del diario The Times, de Reino Unido, que concluyó que Google estaba colocando avisos publicitarios junto a videos extremistas de contenido político y religioso.
Matt Brittin pidió disculpas a los clientes y dijo que la empresa “asume la responsabilidad” del problema.
La comparecencia este lunes de Matt Brittin, el director de Google en Europa, en la Advertising Week Europe (Semana de la Publicidad en Europa) -un gran evento de publicidad en Londres- no pudo haber sido más oportuna.
El nuevo reto del motor de búsqueda más importante del mundo no es fácil: solucionar el problema y reparar los daños en su reputación.
“Mala publicidad”
Google es uno de los negocios más lucrativos del mundo y perder la confianza de sus clientes es, para la empresa, una cuestión de importancia.
Por eso, Brittin comenzó pidiendo disculpas: “Lamentamos que algo así haya ocurrido. No queremos que pase y asumimos la responsabilidad”.
Sin embargo, le restó cierto dramatismo asegurando que esos anuncios no habían tenido, en realidad, tantas vistas.
Luego se apresuró a prometer que Google se estaba tomando el asunto muy en serio, invirtiendo millones de dólares y empleando a miles de personas para garantizar que la “mala publicidad” no logra colarse en la plataforma.
¿Será capaz Google de controlar el contenido de la forma más adecuada?
El gigante tecnológico se enfrenta ahora a dos problemas. Por un lado, identificar los videos ilegales que que deben ser eliminados de YouTube. Por otro, determinar cuáles son legales pero no son aptos para ofrecer publicidad.
Durante su intervención, los periodistas presionaron a Brittin para saber si la firma contratará a gente cuyo rol específico sea eliminar los videos extremistas.
Pero el presidente de Google en Europa se mostró evasivo, respondiendo que la mejor opción era combinar tecnología inteligente con alertas de los usuarios sobre contenido inapropiado.
No obstante, su mayor desafío será proporcionar más claridad a sus clientes a la hora de decidir qué videos son “seguros para ofrecer anuncios”.
Y poner los límites no será fácil.
Tal y como señaló Brittin, los medios de comunicación publican mucho contenido sensible en internet, pero necesitan ganar dinero con publicidad si quieren seguir haciendo periodismo.
Brittin parece estar seguro de que al hacer un análisis exhaustivo de sus políticas y mostrar a los anunciantes cómo pueden controlar dónde aparecen sus mensajes, Google será capaz de recuperar su confianza.
La empresa, que insiste en que es una plataforma tecnológica y no una empresa mediática, encuentra cada vez más difícil mantener esta distinción.
Los medios de comunicación se enfrentan a regulaciones estrictas y las próximas podrían surgir del propio Google si no se solucionan los actuales problemas de otra manera.