La automatización en el mundo del trabajo es un hecho. Las empresas están sometidas a una extraordinaria competencia que es el resultado, entre otras dimensiones, de la globalización y de la revolución digital. Pero también es consecuencia de clientes mucho más exigentes que tienen una amplia oferta nacional e internacional para elegir dónde comprar los bienes y servicios que necesitan.

Es interesante, en este sentido, la decisión de Falabella de instalar un centro de distribución con una tecnología de punta. Este contará con 264 robots que almacenan y extraen productos y los movilizan entre distintos puntos. A través de esta vía se mejorará la distribución de los artículos que se adquieren por el canal online de la empresa. El comercio electrónico va en aumento y los niveles de competencia se han elevado. Estos, además, están influidos por grandes compañías multinacionales como Amazon.

Otras empresas nacionales del retail y de otras industrias también han iniciado procesos de mayor digitalización y automatización. Este es un proceso inevitable en las actuales circunstancias. Los cambios que se están experimentando son muy vertiginosos y las empresas deberán innovar más si quieren seguir siendo actores en un mercado en el que los competidores van en aumento. Hay una paradoja en esta dimensión. Los mercados nacionales observan una concentración, fenómeno en que la tecnología juega un papel fundamental, y que sugeriría una disminución en la competencia. Sin embargo, las fronteras de los países son cada vez más sobrepasadas por los mercados y la verdad es que la competencia va en aumento.

En este contexto hay dos preocupaciones. Por un lado, la capacidad de las empresas chilenas de sobrevivir a estas realidades. Al respecto, hay ciertamente riesgos, pero en general están financieramente sanas y se las observa invirtiendo en nuevas tecnologías y conectándose de modos novedosos con las experiencias que están ocurriendo en otras latitudes. Indudablemente que los niveles actuales de inversión en investigación y desarrollo de nuestras empresas son bajos. Esta alcanza en Chile a apenas un 0,4% del PIB y las compañías aportan un tercio del total. En los países de la OCDE, la inversión es, en promedio, del orden de 2,4% del PIB y las firmas aportan aproximadamente un 60% de esta suma. Pero todo indica que las empresas han comenzado a invertir más en este ámbito y seguramente los números cambiarán en el futuro próximo.

Por otro lado, la situación de los trabajadores. La automatización está destruyendo empleos y se percibe que la adaptación de muchas personas frente a esta situación será compleja. Sin embargo, es un error pensar que solo hay sustitución. También hay creación de nuevas ocupaciones. El propio desarrollo de Falabella irá acompañado de alrededor de mil 500 nuevos empleos directos e indirectos. Además, debe considerarse que los desarrollos tecnológicos han permitido la creación de nuevos emprendimientos muy valiosos. Nunca antes se habían creado tantos emprendimientos en el país. Por cierto, muchos de ellos fracasarán, pero otros serán exitosos y crearán nuevos trabajos y más riqueza. Esos esfuerzos le introducen un dinamismo virtuoso a la economía chilena y, por tanto, hay espacio para ser optimistas respecto de la capacidad del país de adaptarse a esta revolución.

/EDitorial del diario El Mercurio