El fenómeno se ha detectado sobre un cratón, una porción rígida y antigua de la corteza continental

Hay algo caliente escondido bajo los hielos de la Antártida oriental, algo que está derritiendo el hielo profundo, pero los investigadores que lo han descubierto no saben muy bien lo que podría ser. Aunque manejan algunas pistas. Sus conclusiones se acaban de publicar en Scientific Reports.

Sabemos que la zona Este de la Antártida es un cratón, una gran porción de la corteza terrestre de tamaño continental, rígida, gruesa y que lleva cientos de millones de años sin resultar afectada por los movimientos geológicos. Una «tapadera» perfecta que impide, o debería impedir, el paso del calor procedente del interior de la Tierra. Algo muy diferente de lo que sucede en la Antártida Occidental, donde la corteza es mucho más delgada y el magma del interior está, en algunas zonas, bastante cerca de la superficie.

La existencia de ese cratón, por lo tanto, implica que no debería de haber mucha agua derretida al fondo de la capa de hielo de la Antártida oriental. Pero sin embargo, ahí está. Y no se trata de cantidades pequeñas. Según los investigadores, del British Antartic Survey, el Norwegian Polar Institute, la Universidad Técnica de Dinamarca y el Imperial College de Londres, ese derretimiento no tiene nada que ver con el cambio climático, que sí derrite los márgenes del continente. Se trata más bien de una anomalía térmica en un lugar muy antiguo, separado del mundo de la superficie, aislado y alejado de la atmósfera, pero que aún así se las arregla para permanecer cálido en medio de los hielos perennes. Los científicos consiguieron detectarlo gracias a un radar especializado que es capaz de penetrar el hielo.

¿Qué hay ahí abajo?

Tal y como reza el estudio, no está del todo claro qué puede estar causando el calor detectado «ahí abajo». El cratón, como se ha dicho, debería de estar protegiendo el hielo del calor interior de la Tierra. Así que los miembros del equipo exploraron otra posibilidad: energía hidrotermal. Podría ser que una falla en la corteza esté llena de agua, que corriera hacia arriba y hacia abajo entre las cálidas profundidades del planeta y el fondo de hielo. Algo así como un conducto para que el calor escape y haga posible la fusión de una parte del hielo. Pero no pueden estar seguros de que esa explicación sea la correcta.

Por supuesto, esta fuente de calor inesperada resulta interesante por sí misma, pero los investigadores creen que su verdadera importancia radica en el hecho de que podría influir en los datos que se utilizan para comprender el pasado de nuestro planeta. Para obtener esos datos, en efecto, los científicos suelen tomar muestras de ese hielo viejo, y las usan para comprender cómo la atmósfera terrestre ha ido cambiando con el tiempo. De hecho, cada capa de hielo funciona como una especie de registro del aire del periodo en que se formó.

«Se trata de un área de especial interés –reza el artículo–. Tal y como lo sugieren los modelos de la Antártida oriental, ahí puede estar el hielo más antiguo del planeta, y ese hielo puede haber conservado registros de importantes transiciones climáticas».

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