Días después de la muerte del comunero mapuche Camilo Catrillanca, el gobierno de Venezuela extendió sus condolencias y, además, emitió un comunicado. En el primer párrafo “repudian enérgicamente” la muerte de Catrillanca y, luego, se refieren a que el “uso indiscriminado e injustificado de la fuerza por parte del Estado Chileno en contra del pueblo originario mapuche que reclama la reivindicación de sus derechos sobre sus territorios ancestrales, evidencia una sistemática política de criminalización de la protesta social en clara contravención a los tratados y acuerdos internacionales sobre Derechos Humanos”.

El texto, fechado el 20 de noviembre, llama a que se realice una investigación imparcial de los hechos y resalta que el gobierno de Chile debe “cumplir con las recomendaciones de organismos internacionales de Derechos Humanos sobre la aplicación selectiva por motivos étnicos de una legislación que violenta derechos fundamentales como el debido proceso, la libertad de expresión y la libertad personal”. Cierran expresando su solidaridad con el pueblo mapuche y ratificando su duelo por Catrillanca.

No obstante, la posición de ese país habría ido más allá de la remisión del comunicado. Fuentes vinculadas a la Cancillería venezolana, que por razones de seguridad prefieren mantener su nombre en el anonimato, aseguran que al día siguiente de la muerte del líder mapuche, desde el Viceministro para América Latina le extendieron la orden al embajador de Venezuela en Chile, Arévalo Méndez, para que iniciara la formación de grupos para promover la movilización de los mapuches, con la intención de producir la “gran revolución mapuche”, generar paros, revueltas y manifestaciones; y financiarlos económicamente.

Desde la Asamblea Nacional (AN) de Venezuela -el Congreso-, no se sienten extrañados por esta actitud del Ejecutivo. “Oficialmente no tenemos información sobre posibles intervenciones que quiera hacer el gobierno venezolano en Chile, pero sobre ese tema hay que decir lo siguiente: el Plan Socialista Simón Bolívar establece que la Revolución Bolivariana debe tener un contacto directo con grupos sociales y movimientos de izquierda, para oponerse a lo que ellos denominan el ‘Estado Liberal Burgués’. Esa ha sido la política exterior de Venezuela, del Socialismo del Siglo XXI, y en el caso del movimiento mapuche no nos extrañaría en lo absoluto”, argumenta Francisco Sucre, diputado y presidente de la Comisión de Política Exterior de la AN.

Sucre agrega: “Hay que recordar que el gobierno del Presidente Piñera ha sido bastante crítico de la dictadura en Venezuela. Además, Chile está recibiendo a cientos de miles de compatriotas venezolanos que salen huyendo producto del hambre, la falta de medicinas, de oportunidades, y el desastre en el que han convertido al país; y el presidente Piñera, a quien le agradecemos todo su apoyo, sigue alzando su voz en la defensa de la reinstitucionalización de Venezuela. La dictadura pretende alentar a estos movimientos para crearle problemas al Mandatario”.

Más allá de la coyuntura política, esta sería una táctica del gobierno venezolano, que sigue los lineamientos “aprendidos” de La Habana. Esta semana El Líbero publicó dos reportajes que dan cuenta de los encuentros del embajador de Cuba –a quien se le acusa de ser agente de inteligencia– con comunidades mapuches y con la familia de Camilo Catrillanca; y otro sobre la estrategia de La Habana para influir en la política interna de los países de América Latina. En este caso, explica José Javier Blanco, académico venezolano Doctor en Ciencias Políticas, se conjuga la pretensión tradicional de Venezuela de querer ejercer una influencia diplomática en el continente y también la pretensión cubana de tratar de expandir su revolución en la región.

“Desde la segunda mitad del siglo XX, Venezuela ha tratado de proyectarse como una potencia regional y, en ese sentido, ha intentado expandir su ascendente político en distintos ámbitos; bien sea en la solución de conflictos o a través de su participación en organismos multilaterales; promocionando esta política a partir del petróleo. El segundo factor que hay que tomar en cuenta es el actual ambiente totalitario que hay en el país y en el cual, obviamente, Cuba tiene una influencia bastante marcada, que viene dada por la relación de los líderes de la revolución venezolana con Fidel Castro, quien los utilizó como fichas para lograr su objetivo de exportar la revolución a toda América Latina”, dice Blanco.

Para alcanzar esto, subraya, el método que le ha valido mayores réditos “ha sido la infiltración a través de organismos de inteligencia en las Fuerzas Armadas de los distintos países… Ambos Estados tienen interés en facilitar apoyo logístico y, en el caso de Venezuela, dinero a todo movimiento de izquierda que pueda utilizarse para subvertir el orden político en los distintos países; y de esta forma lograr un apalancamiento que fortalezca la posición de Caracas y de La Habana y que debilite cualquier oposición que se le pueda estar haciendo, cualquier factor adverso a su proyecto ideológico en el resto del continente”.

La misma fuente de la Cancillería de Venezuela manifestó que en la Embajada de Venezuela en Chile habría funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), utilizando la fachada de la diplomacia.