Mientras más uno lee y más escucha, pareciera que le es más difícil entender la contingencia política… Crea, mi escéptico lector, que ésta no es una frase retórica, es una cruda realidad… al punto de que esta semana fui sorprendido por un ecléctico amigo -siempre muy ilustrado y bien informado- quien, haciéndose eco de lo leído y lo escuchado, me confesó que no podía creer lo que estaba ocurriendo… “Viste lo que pasó en España: la extrema derecha, los ultra, los fascistas, han logrado un sorprendente porcentaje en Andalucía, ni más ni menos que en el corazón de la izquierda y la centroizquierda… esto nos enciende una luz de alerta que no podemos desconocer….”.

Con diversos argumentos, y variadas evidencias, intenté persuadir a mi atribulado interlocutor que lo que él estaba comprobando no era ni más ni menos que el signo de los tiempos: el ciudadano común y corriente se cansó, se hastió, se aburrió de comprobar que lo “políticamente correcto” es lo que manda…; que las minorías pesan más que las mayorías; que la calle habla más fuerte que la razón y que, poco a poco, producto de lo mismo había empezado a enarbolar -cada vez con más decisión- las banderas de la sociedad libre:… orden, progreso, justicia, seguridad, respeto, tolerancia, etc… Bastaba con ver lo que estaba ocurriendo en Francia, Alemania, Grecia, Italia, aquí al lado en Brasil, y ahora en España…

Sin ser un hombre de izquierda, sino más bien un representante del burgués políticamente correcto, mi contradictor reaccionó alterado:… “es el fascismo que está de regreso, es la extrema derecha, son los ultras…”.
Después de escuchar su lastimera advertencia de lo que se nos podría venir en nuestra ya difícil y compleja situación política, argumenté que estaba de acuerdo con él en cuanto efectivamente estaban soplando vientos de cambio, pero que era un tremendo error -del sector que presumía ser de centro, centro derecha o centro izquierda- el pensar que podrían retener a su electorado acusando a quienes no pensaban como ellos de ultras, neofascistas o extrema derecha…

Latamente le precisé que no había que ser muy ilustrado para deducir que, en política, las vicisitudes vienen por un lado distinto a lo que estábamos viendo… La tendencia es clara: no más izquierdas, no más derechas, no más politiquería… no más gobiernos ni instituciones de rodillas, no más banderas de minorías encabezando las masas… ¡En Francia, la francesa; en España, la española; en Brasil la brasilera, aquí la tricolor…!

¡Nada nuevo bajo el sol! Europa siempre nos ha ido advirtiendo el camino, al menos con una temporada de anticipación, por lo tanto, si no queremos que la situación política en nuestro país se descontrole, las cosas debieran cambiar… nada se logrará gritando como el pastor necio… “viene el lobo, viene el lobo…”, porque cada vez son menos los que creen que el que no es de izquierda… es ultra.

Un sabio parroquiano me dijo un día que: “la libertad y la razón van siempre de la mano y, si queríamos progresar, teníamos que pedalear fuerte y hacia adelante; esto es igual que una bicicleta: si no queremos perder el equilibrio… hay que pedalear, pedalear y pedalear. Esta bicicleta no tiene reversa, el único camino es hacia adelante y si no queremos desbarrancarnos debemos renunciar al sendero de lo “políticamente correcto…” y ejercer la autoridad con firmeza y sin complejos”.

por Cristián Labbé Galilea