La broma de Kramer en la Teletón, riéndose de una performance imaginaria del Presidente en una supuesta participación suya en el concurso “Pasapalabra”, ha dado lugar a varias opiniones, partiendo por la de la Primera Dama, en el sentido de que ello ha sido una falta de respeto inaceptable.
Pero el Presidente se ríe de todos nosotros constantemente y nadie vela por impedir que nos falte el respeto cotidianamente. Ayer mismo fue a ocupar el lugar que su agenda de gobierno señala, es decir, el centro de la escena, de la pantalla y la primera plana de los diarios, en la ceremonia de la Fuerza Aérea. ¡Y se permitió después criticarla por el “exceso de gasto” que supondría el respectivo desfile de aviones y helicópteros!
Lo que sucede es que, como imitador irredento, ha visto recién a López Obrador, en México, iniciar una publicitada etapa de reducción de gastos oficiales, ordenando vender el avión presidencial y suprimir otros lujos gubernamentales. Y eso, como se trata de un izquierdista, encandiló a Piñera y en la primera ocasión, que fue la festividad de la FACH, condenó el exceso de gasto de la ceremonia, dejando mal a sus anfitriones sin miramiento, como está dejando mal a Carabineros y Ejército en los últimos días, a sabiendas de que todos ellos son “los más débiles de la sociedad”, según he probado reiteradamente en este blog.
Pero lo que hizo con la FACH fue también reírse una vez más de todos los demás chilenos, porque al conocerse el fallo de La Haya, hace dos meses, y encontrándose él, como siempre, buscando el centro de la foto y la concentración de las cámaras en su persona en Santiago, advirtió que el protagonismo estaba en la celebración que tenía lugar en Antofagasta y convocó al avión presidencial, un Boeing 767 de la FACH para centenares de pasajeros, para volar a Antofagasta, blandir allá una bandera ante las cámaras y decir cuatro obviedades sobre el triunfo en La Haya, y luego volver a ponerse “donde prenden el cohete” en Santiago. Carísimo gesto exclusivamente publicitario y político que el país no necesitaba y cuyo costo yo estimé, probablemente exagerando, como suelo hacerlo, en 544 mil dólares, cifra paradigmática, pues fue el total no explicado de exceso de uso de gastos reservados que el Director socialista de Impuestos Internos pudo encontrar EN TODO el gobierno de Augusto Pinochet de casi 17 años, equivalente a lo que los gobernantes de la Concertación “se llevaban” en “sobres con billetes” cada dos meses para la casa y sin que nadie supiera… hasta que los pillaron.
Entonces, es reírse de los chilenos criticar a la FACH por exceso de gasto en una ceremonia que, obviamente, demandaba una presentación aérea, y usar el avión más lujoso de la FACH para ir a Antofagasta a mediodía a blandir una bandera, decir un discurso y volver inmediatamente a Santiago.
Es que Piñera se ha reído siempre de los chilenos y lo sigue haciendo, como ahora que está libre de polvo y paja en los procesos por financiamiento ilegal de la política, en que fue de los que más percibió mediante facturas objetables –que por añadidura él destinó en parte a pagar a sus ejecutivos de Chilevisión, entre ellos a Jaime de Aguirre, al cual ahora quiere despedir de TVN– y sin embargo ni siquiera es nombrado en los procesos respectivos, pues tiene a Santiago Valdés, un ex ejecutivo suyo que obedeció sus órdenes, que no fue candidato, que no tenía campaña alguna que financiar, que nada ganaba con pedir facturas truchas a los ejecutivos de Chilevisión y que, sin embargo, hoy debe “pagar el pato”.
Si hubiera igualdad de derechos en Chile, todos deberíamos tenerlo a que, a raíz de nuestros deslices, pudiéramos designar a un “Santiago Valdés” que cumpliera la condena por nosotros. Debería ser, como se dice ahora, “un derecho social”, pero es exclusivo y personalísimo de Sebastián Piñera.
Éste seguramente se debe haber reído mucho de mí cuando postulé que no podía ser candidato presidencial porque, en el caso SQM, iba a ser  procesado por un delito acreedor a pena aflictiva, y eso eventualmente le suspendía su derecho a sufragio y le impedía inscribirse como postulante presidencial. Pero “estamos en Chile” y Piñera tuvo toda la razón al reírse de mí y de los demás chilenos, pues a nadie se le ocurrió que el responsable de todo era él y no Santiago Valdés.
Entonces, a un pueblo tan ingenuo, burlado e inadvertido, negarle que, por una vez y en broma, a través de Kramer se pueda tomar revancha de quien se ríe todos los días y a toda hora de él en su cara, parece una exageración.
/Blog de Hermógenes Pérez de Arce