El Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular se firmaba. Esa era la decisión tomada por el gobierno del Presidente Sebastián Piñera en la que participaron el Ministerio de Interior, la Cancillería y el mismo Mandatario.

Tanto es así que, la semana pasada, se trasladaron hasta la ciudad de Marrakech, en Marruecos, el embajador de Chile ante la ONU, Milenko Skoknic; el asesor en temas de inmigración de Interior, Mijail Bonito, y el director de la política Consular del Ministerio de RR.EE., Francisco Devia. En el país africano se les sumó el embajador chileno en Rabat, Alex Geiger.

La estrategia elaborada en Santiago era adherir al pacto, pero con reparos que se entregarían de manera oficial durante la ceremonia del lunes 10. Eso dejaría margen de acción al país para poder retirarse o no ratificar el documento en la Asamblea General o en el futuro.

Esas eran las instrucciones con las que, la semana pasada, llegó la delegación chilena hasta Rabat, capital del Reino de Marruecos, y que luego se trasladó a Marraquech donde sería la cumbre. Pero en 24 horas el escenario cambió.

Todo ocurrió el 8 de diciembre, en el hotel donde estaba alojada la delegación chilena. Durante ese sábado se llevó a cabo una reunión en la que participó Skoknic, Bonito, Devia y Geiger. El objetivo era coordinarse para las citas oficiales y el pleno de los días 10 y 11 de diciembre. Se abordaron diversos temas entre los diplomáticos y las autoridades de gobierno, como las distintas posturas que estaban adoptando algunos países frente al Pacto de Migración.

Y el punto de quiebre vino después. Skoknic, como representante ante la ONU, tenía en su poder el discurso que debía dar en el momento en que Chile daría el visto bueno al pacto. En el documento, elaborado por Interior y la Cancillería, se planteaban prevenciones de fondo, como que el Pacto no hacía distinciones de los derechos y obligaciones que deben tener los migrantes regulares e irregulares y no era claro en una posible intervención de actores internacionales en la política interna sobre la materia, algo que podía afectar la soberanía. Postura que, luego en Santiago, reafirmaron tanto el ministro de RR.EE., Roberto Ampuero, como el subsecretario de Interior, Rodrigo Ubilla.

Con esto, si bien Chile se sumaba al Pacto, dejaba constancia de un verdadero “téngase presente” de manera pública. E incluso, se evaluó que si aquello generaba algún tipo de controversia, estaba la opción de no ratificarlo en la Asamblea General de la ONU del 18 y 19 de diciembre.

Pero ninguno de estos planes pudo llevarse a cabo. En el hotel de Marrakech, el embajador Skoknic se rebeló. Le comunicó al resto de la delegación que tras leer las palabras que tenía que pronunciar el día 10, había decidido hacerle algunos cambios para que quedara en línea con la postura de ONU en la materia.

El resto de los presentes quedó atónito. Se le hizo saber que el discurso había sido visado por el Presidente Piñera y que iba en línea con la política de migración que se estaba llevando el Ejecutivo de “ordenar la casa”, uno de los pilares emblemáticas de la administración. La conversación fue subiendo de temperatura -acorde a los 27 grados que marcaban los termómetros en la ciudad marroquí, por sobre la media para esta época del año-. Fuentes que supieron de la reunión aseguran que Bonito le insistió al embajador que el mismo Mandatario había revisado el texto. Sin embargo, Skoknic mantuvo su postura y que él asumiría las consecuencias de “editar” el texto.

Ante este complejo escenario, a solo días de la votación, el asesor de temas migratorios se comunicó de inmediato con Santiago. Al tomar conocimiento de la situación, el Presidente Piñera ordenó el regreso de la comitiva. Y decidió que en esas condiciones, Chile se restaba del Pacto. Esa misma noche debían partir de Marraquech a Rabat los enviados desde Chile, Mijail Bonito y Francisco Devia. Para, desde ahí, volar a Madrid para conectar a Santiago.

Con la salida del Pacto, se dejaba sin efecto otro rol que Chile cumpliría en este tema: su candidatura a la vicepresidencia de la Conferencia, cargo que estaba prácticamente asegurado, solo faltaba la ratificación de los delegados presentes.

¿Por qué este rol tan protagónico de Chile? La explicación se encuentra en las fechas en que empezaron las negociaciones para el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular. Estas comenzaron hace dos años, en 2016, durante la segunda administración de la Presidenta Michelle Bachelet. La antesala a Marruecos fue la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2016, ocasión en que se firmó la “Declaración de Nueva York” tras la Reunión Plenaria de Alto Nivel sobre los grandes desplazamientos de refugiados y migrantes. De ahí emanó el Pacto Migratorio de este año.

Una exposición de cómo el gobierno de Bachelet promovía esta agenda -acorde a la ONU- es la que dio en agosto de 2017, el embajador Carlos Appelgren, en esa fecha Director General de Asuntos Consulares y de Inmigración, ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. Allí detalló que “Chile ha participado activamente de este proceso, promoviendo una serie de principios establecidos en el parco de la Política Nacional de Migraciones”.

De este modo, la agenda ONU de la ex Mandataria jugaba perfecto con el mentado pacto y el rol activo de Chile. Y en Cancillería tenía de “aliado” a su ministro Heraldo Muñoz.

Skoknic, el hombre de Heraldo Muñoz y del bacheletismo en Cancillería

Tras el triunfo de Piñera, el canciller Roberto Ampuero tuvo más de una reunión con su antecesor, Heraldo Muñoz, en el marco de traspaso de información de la cartera.

Una de ellas se realizó en enero cuando la nueva administración aún no asumía. El hoy presidente del PPD, le pidió a quien sería canciller que “cuidara” a algunos de sus funcionarios, entre ellos, Milenko Skoknic , quien había sido cónsul de Chile en Bolivia y luego Director General de Política Exterior en al “era Muñoz”.

Si bien el diplomático fue jefe de gabinete del ex canciller Alfredo Moreno, en Bachelet II adoptó un perfil bacheletista que lo mantuvo en la misma línea del líder del PPD. El actual gobierno, tras esta recomendación, y con la aprobación del primer subsecretario de RR.EE. de Piñera -Alfonso Silva- designó a Skoknic como representante del país ante la ONU.

Con estos antecedentes, más la posibilidad de asumir él la vicepresidencia de la Conferencia sobre migración, para algunos no fue sorpresa la postura del embajador. El diplomático cumple 65 años en febrero por lo que la edad de jubilación del servicio exterior de Chile lo habría sorprendido ostentando un cargo que depende de ONU.

Se comenta en el Edificio Carrera que quizás se debió prever este escenario, adelantar algunas acciones y no confiarse hasta el último minuto. Pero se optó por la alternativa de hacer presente los reparos en el momento de adherir al Pacto. Algo que finalmente no pudo suceder.

Hoy, con miras, a la Asamblea General de la ONU de la próxima semana, los más suspicaces consideran que no debe ser Skoknic quien represente a la delegación chilena. Esto, porque en esa ocasión se votará la ratificación del Pacto y, como hoy es un embajador “en rebeldía”, debiese ser otra la autoridad a cargo del tema. Se estarían manejando nombres como el de subsecretaria de RR.EE., Carolina Valdivia, o que sea el mismo Mijail Bonito quien acuda junto a algún diplomático de confianza.

Original de ellibero.cl

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