“Mi abuela y mi abuelo fueron presos políticos. Mi abuelo, Miguel Otero Silva -fundador de El Nacional– de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez; mi abuela, María Teresa Castillo, del régimen de Eleazar López Contreras. Mi papá lleva cuatro años en el exilio bajo el régimen de Maduro, y esto solo me dice una cosa: mi genética me afirma constantemente que esta es una etapa más que también vamos a poder superar y así será”. El recuento lo hizo Alejandra Otero, hija del presidente editor de El Nacional, Miguel Henrique Otero, en una rueda de prensa. Hasta la semana pasada se distribuyó la versión impresa del diario El Nacional, el último periódico independiente de circulación nacional que quedaba en Venezuela.

Poco tiempo después del ascenso de Hugo Chávez al poder comenzaron las críticas del Mandatario hacia la línea editorial del medio. Una lucha que terminó ganando el gobierno gracias al control que ejerce sobre las divisas necesarias para la adquisición de las materias primas indispensables para imprimir un diario.

En el año 2012 el gobierno eliminó el papel prensa como bien de importación prioritaria -en consecuencia, esta industria dejó de recibir los dólares al precio preferencial que fijaba el Estado a través del control de cambio-. Pese a que se anunciaron diversas iniciativas, la producción de estos insumos nunca fue suficiente para abastecer el mercado. Al año siguiente, en 2013, el régimen impuso una nueva traba y monopolizó la venta de papel periódico en Venezuela a través del Complejo Editorial Alfredo Maneiro S.A. (CEAM), adscrito al Ministerio de Comunicación e Información.

Con los impresos han aplicado distintos mecanismos: utilizan los tribunales, aplican acciones legales de demandas, ataques físicos a las sedes de los medios, restringen la publicidad oficial, a través de los impuestos, más las campañas de desprestigio, que ejercen desde los programas de televisión del gobierno, comenzando por Chávez en su Aló Presidente”.

“Este es el final de una larga agonía que se inició entre 2013 y 2014, cuando el gobierno de Nicolás Maduro decidió no seguir otorgando los recursos para acceder de manera libre a los insumos que garantizaran la impresión de este diario. En los últimos cinco años, la importación y distribución de papel prensa en Venezuela se ha convertido en una política de premio y castigo, que favorece a los medios cuya línea editorial es complaciente con el gobierno y castiga a los medios independientes”, resume Marco Ruiz, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), en Venezuela.

Las cifras avalan los dichos de Ruiz. El Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) Venezuela informa que solamente en 2018 han suspendido su circulación 35 medios. 66 medios impresos han dejado de circular desde el año 2013. De esos, 49 cerraron de manera definitiva y otros 17 han recurrido a paralizaciones de impresión intermitentes. Esa fue la primera medida adoptada por El Nacional para lograr estirar las bovinas de papel que lograba adquirir; hasta ayer cuando circuló la última versión del impreso para migrar a la web.

Quiero pensar que esto es un paréntesis. Los periodistas tenemos el gran defecto de que somos muy tercos. Vamos a seguir informando, a seguir diciendo la verdad, a seguir hablando del país que el gobierno no quiere ver y que el resto del país padece”, dijo Patricia Spadaro, editora jefe del impreso.

El medio -que llegó a tener cinco cuerpos, diversos suplementos y revistas- en los últimos tiempos salía con 16 páginas y vio reducido progresivamente su tiraje. Además, tuvo que limitar sus días de circulación a los martes, miércoles, jueves, viernes y domingo.

“Nuestros niveles de trabajo eran impresionantes. Aquí se sacaban por lo menos entre cinco y siete suplementos adicionales al periódico. En este último tiempo quedó solamente el de viajes, que fue uno de los suplemento más importantes y terminamos haciéndolo digital nada más. Llegamos a tener suplementos hasta con 30 páginas, y terminamos haciendo uno de cuatro páginas”, dice Lorena Gil, periodista del diario durante 14 años.

“Es una política general de acorralamiento en contra de los periodistas”
Cifras de organizaciones no gubernamentales, dedicadas a la defensa de la Libertad de Expresión en Venezuela, dan cuenta de que desde el año 2013 han cerrado más de cien medios de comunicación en ese país.

“El cierre de El Nacional impreso no es un hecho aislado, sino producto de una asfixia, del desprecio por el pensamiento crítico y distinto. Es una política general de acorralamiento, silenciamiento, en contra de los periodistas. De creación de leyes restrictivas, procedimientos administrativos sancionatorios, omisión de respuestas de Conatel (la Comisión Nacional de Telecomunicaciones) que amenaza a estaciones de radio, las mantiene sumisas, al no renovar sus concesiones, aunque lo hayan solicitado, y ahora amenaza y persigue medios digitales”, asegura Marco Ruiz, del SNTP.

El gerente general de El Nacional, Jorge Makriniotis, aseguró que sobre el diario pesan cinco procedimientos administrativos. Miguel Henrique Otero, presidente editor del diario, lleva cuatro años fuera de Venezuela, así como la mayoría de los miembros del Consejo Editorial; después de que Diosdado Cabello, número dos del chavismo, primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, los demandara tras replicar un reportaje de ABC de España que lo vinculaba al narcotráfico. Cabello también demandó al ABC y a The Wall Street Journal en Estados Unidos, por haber difundido la misma información. En esos países no prosperó la querella, pero en Venezuela los tribunales declararon admisible la demanda por “el daño moral causado”. La multa asciende a mil millones de bolívares y si el periódico no puede pagar la deuda, incluso estaría en riego su sede.

Este proceso fue iniciado el 11 de agosto de 2015 por Cabello. Sobre El Nacional web hay otro proceso iniciado por Conatel el 22 de mayo, alegando que el medio estaba violando la Ley Orgánica de Responsabilidad en Radio, Televisión y Medios Electrónicos (Resorteme) y la Ley Constitucional Contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, “al difundir mensajes que desconocen a las autoridades legítimamente constituidas y además incitando, y/o promoviendo el odio”.

El cierre de El Nacional impreso no es un hecho aislado, sino producto de una asfixia, del desprecio por el pensamiento crítico y distinto… Es una política general de acorralamiento, silenciamiento, en contra de los periodistas. De creación de leyes restrictivas, procedimientos administrativos sancionatorios”, asegura Marco Ruiz, del SNTP.

Miguel Henrique Otero envió un video a sus trabajadores desde España en el que advierte que “en el caso de El Nacional la represión es por todo, es por informar sobre la realidad que hay en el país, sobre la destrucción, el proceso autoritario de Venezuela, y la corrupción. Han aplicado distintos mecanismos, empezaron en radio y televisión con la Ley Resorte. Con los impresos han aplicado distintos mecanismos: utilizan los tribunales, aplican acciones legales de demandas, ataques físicos a las sedes de los medios, restringen la publicidad oficial, a través de los impuestos, más las campañas de desprestigio, que ejercen desde los programas de televisión del gobierno, comenzando por Chávez en su Aló Presidente. También lo han hecho Maduro y Diosdado para atacar a la disidencia, en el especial a la disidencia mediática”.

Otero asegura que esta migración a la web se trata solamente de un paréntesis; pues confían en que una vez que caiga el régimen podrán volver a circular como acostumbraban: “El Nacional es un guerrero, si se le cierra una puerta, él abre otra. No muere con esto, va a seguir informando, va a seguir luchando por la democracia; que no exista el impreso por un tiempo no significa que no podamos hacer lo que hemos hecho siempre: El Nacional va a seguir dando la cara”.

“Vamos a seguir informando, a seguir diciendo la verdad, a seguir hablando del país que el gobierno no quiere ver y que el resto del país padece”
El diario también ha visto reducida su planta de trabajadores debido a la crisis económica que afecta a Venezuela y a la hiperinflación. Pasaron de tener una nómina que rondaba los 1.500 empleados, a 280 al momento del cierre de la rotativa. Desde la gerencia han asegurado que estos puestos de trabajo no corren peligro, pues a partir de enero comienza un proceso de capacitación, reorganización y reubicación del personal. Su web tiene 18 millones de usuarios al mes y es el primer portal noticioso en Venezuela.

Patricia Spadaro, editora jefe del impreso, destacó el trabajo de los periodistas que se mantuvieron hasta el final en el medio: “Dudamos, pero siempre al final del día trabajamos con la convicción fuerte de que estábamos haciendo lo que tenemos que hacer los periodistas honestos, los que hacemos de este oficio nuestra manera de vivir… El Nacional es importantísimo para el país, para la democracia. Quiero pensar que esto es un paréntesis. Los periodistas tenemos el gran defecto de que somos muy tercos. Vamos a seguir informando, a seguir diciendo la verdad, a seguir hablando del país que el gobierno no quiere ver y que el resto del país padece”.

El Nacional fue fundado hace 75 años por el periodista y escritor Miguel Otero Silva. Sus páginas las han firmado personalidades como Pablo Neruda, Tomás Eloy Martínez, Gabriel García Márquez, Gabriela Mistral, Mario Vargas Llosa, Plinio Apuleyo Mendoza, Alfredo Bryce Echenique, Miguel Ángel Asturias, Juan Carlos Onetti e Isabel Allende.

Se convirtió en el único diario independiente de circulación nacional que quedaba en Venezuela luego de que en el año 2014 fuesen vendido los periódicos El Universal y Últimas Noticias a capitales chavistas, cuyos nombres todavía se desconocen.

Espacio Público, ONG venezolana, ha denunciado que en “tres de los 24 estados de Venezuela no circula ningún tipo de medio impreso por la falta de insumos, la ‘situación país’ o la ausencia de dinero efectivo”.

Migrar a la web tampoco es garantía para que El Nacional se libre de la censura. IPYS Venezuela ha denunciado que “proveedores de internet, privados y estatales, aplican mecanismos selectivos de censura contra los portales informativos”.

La ONG registró en lo primeros nueve meses de 2018 fallas del servicio de internet y episodios de desconexión en varios estados del país, ataques a los servidores de los portales, detenciones arbitrarias y amenazas de acciones judiciales por expresión en redes sociales y otras plataformas digitales. “Entre enero y septiembre ocurrieron 48 casos de violaciones a los derechos digitales y con ellos se mantienen las restricciones a la libertad de expresión en internet”, aseguran en un informe.

Por su parte, los trabajadores afirman estar esperanzados de cara al próximo año, pese al cierre de la que fue una escuela. “Esta es una redacción en donde todo el mundo se siente bienvenido. Hoy vinieron a la sede del diario compañeros que habían renunciado antes y fue como un gran reencuentro familiar. La gente se mostró muy comprometida, con interés de cómo vamos a salir adelante. El Nacional ha sido siempre un periódico de referencia en Venezuela, se va un ícono de la Venezuela que fue sentando cátedra periodística. Mucha gente dice que aprendió a leer con El Nacional. Muchos nos hicimos periodistas leyendo El Nacional. Nos reiventaremos los que quedamos aquí y seguiremos apostando por volver”, asegura la periodista Lorena Gil.

Miriam Cañas, trabajadora por 35 años de la empresa opina: “Este es un viernes negro para el periodismo venezolano. La redacción impresa de El Nacional está muy, muy triste. Con muchos sentimientos encontrados: rabia, dolor, frustración, pero no debemos perder las esperanzas de que ese impreso vuelva a llegar a los lectores. Todos crecimos con este diario. Tenemos esperanza y fe y podremos todo nuestro esfuerzo para que ese impreso regrese”.

Por Emily Avendaño para ellibero.cl

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