En las últimas semanas, hemos visto tantas situaciones conflictivas, como lo que ha pasado en La Araucanía, en Carabineros, en las FF.AA., las protestas en Valparaíso, la decisión de aprobar o no el pacto migratorio, etc. etc.

Sin embargo, el tema previsional, la discusión que se avecina, es bastante incierta y seguro que será un proceso largo y difícil de concluir el próximo año 2019. Lo que en verdad todos concordamos es que las pensiones en nuestro país es un lastre que se arrastra por más de 4 décadas y no es fácil solucionar, porque es un tema de recursos y también político.

Cada gobierno que asume, crea expectativas que muchas veces no se condicen con la realidad, porque no se ataca las verdaderas causas del problema que significa que nuestros adultos mayores viven diariamente, con la incertidumbre de no saber cuánto será la pensión que recibirá cuando llegue el momento de la jubilación.

Diferentes personalidades de distintos ámbitos, dan su opinión al respecto, sabiendo que ninguno tiene la verdad absoluta, porque ésta no sólo no existe, sino que va a depender de varios factores que no siempre son mirados con el mismo cristal y bajo un mismo parámetro, ya sea político, económico, social y cultural, pero con diversos matices muy difíciles de consensuar.

Podemos mirar que sucede en nuestros países de la región, también en continentes más lejanos, como Europa u Oceanía, sin embargo, en ninguno de ellos, está solucionado esta problemática que en nuestro país, se ha acrecentado, porque nuestro sistema previsional es muy peculiar, en el que sólo aporta el trabajador, en forma insuficiente por cierto, pero que el empleador y el estado no lo hace y por ende, las pensiones son paupérrimas y eso es sólo una parte del problema previsional.

Todos los gobiernos, y las entidades involucradas en el tema previsional, incluidas las AFP, no previeron que el sistema nuevo implementado, necesitaría ajustes y modificaciones, porque las cadenas por muy fuertes que parezcan, con el tiempo sufren un desgaste propio de los cambios, como también sucede con las expectativas de vida, de pensar que los trabajos no son a largo plazo, y que ninguna persona ni entidad puede asegurar que no existiría períodos sin cotizar y por ende una cesantía, ni tampoco sueldos mínimos que no alcanzan para adquirir una pensión digna.

Por lo tanto, ya es el momento de pensar en las futuras generaciones, en que nuestros hijos y nietos tengan una realidad distinta a la de hoy y puedan en un futuro no muy lejano, poder vivir del esfuerzo del trabajo, reflejado en una pensión digna y duradera.

Margot Guerrero Bruner
Asesora Previsional
Corredor de Seguros
www.margotpensiones.com

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