Muchos tendrán miedo al toparse con el reto. ¡Si a veces cuesta el primer orgasmo, como para proponernos muchos! En realidad, es más fácil de lo que parece, y si estás leyendo esto es porque ya tienes lo más importante: confianza en que es posible, y ganas de ser tú el que lo logre.

Es verdad que el sexo con una mujer deseosa no tiene que ser una competición, pero, ante la duda, mejor que sea una competición que una masturbación. Si quieres que la diversión dure y que te recuerde como un amante de manual, échale un ojo a estos consejos que te harán insustituible.

1. Mejor a fuego lento

Por poca experiencia que tengas, sabrás que la media de las mujeres no concibe el sexo como eso que sucede durante los diez minutos o menos entre la penetración y la eyaculación de la mayoría de los hombres. Podríamos decir que es ya sexo mucho antes de los preliminares, de las caricias o los besos. Un paseo previo es sexo, una cena o un baile es sexo… pero a menudo esto se interpreta mal: algunos hombres que no han sabido coger el tren hasta el final consideran, por ese tipo de cosas, que a las mujeres les gusta menos la parte genital del asunto.

En realidad es todo lo contrario. Lo que ocurre es que tardan más en estar en su mejor momento para la batalla, pero cuando llegan dan más guerra. El buen sexo empieza horas antes de la cama, y precisamente por eso para ellas es un bluf si se agota veinte minutos después de llegar a ella solo porque se ha cumplido la primera etapa. De hecho, en el mejor de los casos, la tensión sexual se habrá elevado tanto que las primeras sacudidas del orgasmo serán casi frustrantes por lo rápidas. Si llega tan pronto, no es como para felicitarse y echarse a dormir: es la noche perfecta para ser ambicioso. ¿Pero cómo? Sigue leyendo.

2. Relajación, relajación y relajación

Los orgasmos se complican más en las mujeres nerviosas. Si eres un hombre probablemente te relajarás después y no durante, así que entender esto puede costarte un poco en tus primeras relaciones. Olvídate del “relax” de los neones de carretera. Con sus orgasmos pasa algo similar a lo que sucede con tus erecciones. Ella no necesita tener una erección para empezar, pero si no está relajada, para ella los primeros minutos no cuentan, porque aún está entrando en materia.

Es importante que no te agobies si no la notas loca de placer desde el minuto uno. Solo que esté cada vez más relajada y ansiosa es un triunfo. La mayoría de las mujeres no usan el sexo para relajarse, se relajan para tener mejor sexo. Y un rato corto después del primer orgasmo es uno de los momentos más relajantes posibles. Si no has tenido prisa con tu propio orgasmo, podrás repescarlo en el segundo de ella.

Si estás menos animado que al principio no te preocupes porque, como norma general, si se ha quedado con ganas de repetir, las siguientes serán cada vez más rápidas.

3. No seas servicial

A menudo, los consejos que se dan a los hombres para que se conviertan en buenos amantes son instrucciones demasiado técnicas. Plazos, ángulos, palabras concretas… En realidad la mayoría de las chicas quieren sentirse contagiadas por una situación más que dar órdenes y, si notan que estás haciendo algo únicamente por complacerlas, la magia se puede romper.

Sabemos que el matiz es complicado. Un ejemplo negativo son las preguntas excesivamente pegadas al presente: “¿Esto te gusta?”, “¿Cuánto te queda?”, “¿Por qué no te gusta?” Además del riesgo de añadir tensión, sobre todo si las formulas demasiado pronto, antes de que hayan perdido el control, pueden dar la sensación de que no lo estás pasando bien. Las mujeres son tan empáticas que dependen (demasiado) de tu placer. No le llames la atención sobre tu generosidad o sentirán que estás “atendiéndolas” como haría su peluquero gay.

La comunicación está bien, pero mejor un buen rato antes del momento de la verdad.

4. Presta atención a sus ciclos

Hay días del mes en que las mujeres sienten menos deseo y eso es inevitable. Aunque hayas leído toda la autoayuda posible no podrás darles una sesión maratoniana. La contrapartida de esto: no dejes pasar los días buenos con una relación rapidita para salir del paso. Si notas las señales, insiste y no pares. Y no esquivéis los días más fértiles, son esos los mejores para que ella experimente el máximo.

5. Evita la brusquedad y los parones

Cada persona tiene sus puntos erógenos favoritos y muchas mujeres se volverán locas con sus pies, o con un masaje en la espalda, no te quedes en lo de siempre. Si ya ha llegado una o más veces, no hace falta que mantengas la penetración, ni siquiera el contacto con las manos o la lengua, acuérdate de que su cuerpo es diferente y pueden mantener la excitación sin contacto.

Lo importante es que sigas dentro de la situación sexual, hablando o con leves caricias sin alejarte demasiado de las zonas calientes ni “cambiar de tema”, de forma que no parezcan asaltos distintos sino una sola experiencia. Si paras a coger comida o ver una película esa semiexcitación se puede perder.

Ten especial cuidado con el clítoris justo después del orgasmo: suele estar sensible, y puedes hacer otras cosas. Aunque hay excepciones, los pezones son importantes, muchas mujeres son capaces de llegar al clímax solo con roces de los dedos o la lengua. La conexión es tan fuerte que está documentado que a veces les sucede mientras dan de mamar.

…Y no te obsesiones con el orgasmo

Ahora, pon entre paréntesis todo lo que hemos dicho antes. Nada de todo esto sirve si no estás disfrutando, y centrarte demasiado en conseguir muchos orgasmos puede ser agobiante para los dos. Eso sí: cuando ella te pida algo muy concreto, ve a por ello sin mirar atrás, sobre todo si no suele decir lo que quiere. Si no echas el resto en el momento preciso, la próxima vez puede ser demasiado tarde…

O puede no haber próxima vez.

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