“Nadie sabe exactamente dónde está el taller de Santa Claus en el Polo Norte, pero es seguro que si este viejo y alegre personaje está comiendo criaturas que vivan  en el Ártico,  tiene unas altas posibilidades de estar cargando su organismo con productos químicos tóxicos”, según el biólogo Bjørn Munro Jenssen de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega (NTNU).

Munro Jenssen y su equipo han detectado altos niveles de contaminantes industriales, como retardantes de llama bromados y PCBs (bifenilos policlorados) en una amplia gama de animales y peces del Ártico, como ballenas, osos polares, gaviotas de marfil, focas, leones marinos y perros de trineo, por lo que Santa Claus también podría verse afectado, según este estudio noruego.