Por estos días hay un fenómeno celeste que ‘alumbra’ la Navidad y cuyo responsable es el objeto 47P/Wirtanen. El denominado ‘cometa de Navidad’ brilla en el cielo nocturno desde hace algunas semanas, y tuvo el pasado 16 de diciembre su máxima aproximación a nuestro planeta en los últimos 400 años, mientras viajaba a una velocidad de 34.000 kilómetros por hora.

Algunos lo han observado este mes a simple vista en las noches oscuras y despejadas, y otros aprovechan para sacar sus binoculares y telescopios y para poder compartir una particular imagen de, literalmente, fuera de este mundo.

Este evento astronómico para cerrar el año nos trae a la memoria la observación del famoso cometa Halley, que cada 76 años regresa al interior del sistema solar y comenzó a ser visible, en su última visita, a finales de 1985. El paso del Halley despertó en aquella época decembrina muchas historias que lo relacionaban con la que es histórica y culturalmente la estrella más famosa en la Navidad, la estrella de Belén.

La escena del pesebre que representa el nacimiento de Jesús y las copas de los árboles de Navidad en millones de casas en todo el mundo se adornaban con una imponente estrella con cola, recordando la estrella que guio a los Reyes Magos hacia Belén siglos atrás en la conocida historia bíblica.

En realidad no eran ideas nuevas, y ya desde el Renacimiento comenzaron a aparecer escenas del portal de Belén con la tradicional estrella representada por un cometa con su insigne estela alargada. La más famosa de todas las representaciones se debe al artista italiano Giotto di Bondone, quien en 1304 pintó uno de los frescos de la capilla de la Arena, en la ciudad de Padua, titulado ‘Adoración de los Reyes Magos’. Allí representa la escena del nacimiento y sobre el techo del pesebre adorna el cielo con la estrella de Belén pintada con forma de cometa.

Es muy probable que Giotto se haya inspirado en la impresionante experiencia de ver la aparición del cometa Halley sobre los cielos italianos tres años atrás. Lo cierto es que la escena se popularizó e incluso ahora genera controversia sobre si un cometa fue realmente lo que vieron los sabios de Oriente.

Sabemos que el Halley fue visible en el año 12 a. C. Algunas pruebas sugieren que la Natividad tuvo lugar hacia los años 5 o 6 a. C., muy próxima al censo promovido por Herodes, o a la fecha de un eclipse total de Luna hacia el 5 a. C., por lo cual el paso del Halley parece estar desfasado temporalmente. Tampoco hay registro de observaciones de otros cometas en la época especialmente brillantes a los cuales se les pueda atribuir el fenómeno.

Por otro parte, los cometas, observados principalmente por culturas orientales eran vistos en la antigüedad como portadores de malos presagios y fatalidad, con lo cual ser guiados por uno de ellos no parece haber sido una opción oportuna.

¿Una conjunción planetaria?

Entonces, ¿qué fenómeno celeste puede atribuirse a la aparición de la estrella de Belén? No hay muchas pistas al respecto en el relato bíblico. Se sabe, según los escritos, que por la ‘estrella’, los sabios dedujeron el nacimiento de un príncipe en la casa real de Judea, como lo relata Mateo (2:1-2).

“Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, sucedió que unos magos venidos del Oriente llegaron a Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?’. Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle”.

Durante mucho tiempo, estudiosos han buscado opciones de fenómenos naturales capaces de generar un destello luminoso que se observara como una destacada estrella brillante en el firmamento hace más de 2.000 años.

Uno de los más reconocidos exploradores del cosmos de la historia, el astrónomo Johannes Kepler, fue de los primeros en darle una explicación al suceso en 1604, sugiriendo que era consecuencia del encuentro aparente en el cielo de Júpiter y Saturno, lo que se conoce como una conjunción planetaria, que tuvo lugar tres veces en el año 7 a. C. Se trata de una triple conjunción, la última de las cuales ocurrió a comienzos de diciembre.

Recientemente, gracias a los simuladores astronómicos, se puede demostrar que el acercamiento de ambos puntos luminosos en el firmamento no fue suficiente para confundirlos con un solo objeto, como una única ‘estrella’ brillante. Otra conjunción opcionada es la de Marte, Saturno y Venus, en el año 12 a. C., pero seguramente fue muy difícil de observar a simple vista porque los planetas estaban cerca del Sol.

Siendo la estrella de Belén un espectacular evento luminoso, qué mejor que recurrir entonces a fenómenos muy brillantes en el universo, como lo es una supernova. Este fenómeno genera un gran destello, producto de una explosión que tiene lugar en las etapas finales de una estrella. Su luz es tan intensa que puede superar el brillo de millones de estrellas que componen la galaxia en la cual se produce, y perdurar por varias semanas o meses. Sin embargo, no hay reportes de objetos en la época que puedan corresponder a supernovas.

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