Según el ensayista estadounidense Christopher Morley, un ser humano es en esencia «un ingenioso montaje de tuberías portátiles». Uno con sentido del humor, desde luego, pero también alguien capaz de tener conciencia de sí mismo, con importantes habilidades tecnológicas y además sociales, por las que intuimos las intenciones de los demás y actuamos en consencuencia. Nuestro gran cerebro nos ha permitido llevar una vida muy diferente a la del resto de criaturas de la Tierra, hasta el punto de que en la actualidad intentamos alcanzar otros planetas, construir máquinas más inteligentes que nosotros mismos e incluso aspiramos a eludir la muerte.

El libro «Cómo ser humano» (Alianza Editorial), un proyecto de la revista «New Scientits», aborda de manera rigurosa y al mismo tiempo muy entretenida cómo es de verdad la naturaleza humana. Sus páginas relatan qué dice la ciencia sobre diferentes aspectos relacionados con nuestro cuerpo, lo que tenemos en la cabeza, nuestra necesidad de acumular posesiones, las emociones, el sexo o la muerte. Un viaje apasionante, del que extraemos algunas de las ideas más curiosas, para conocerse mejor a uno mismo.

¿Por qué te sonrojas?

El rubor es uno de los rasgos más misteriosos del ser humano. ¿Por qué evolucionaría una respuesta que nos sitúa en desventaja social obligándonos a desvelar que hemos engañado o mentido? Darwin decía que era la manifestación más peculiar y humana de todas. Una propuesta es que el sonrojo comenzó como un ritual de apaciguamiento: una manera de revelar a los miembros dominantes del grupo que nos sometemos a su autoridad. Después, esta reacción se asoció con emociones como la culpa, la vergüenza y el bochorno. El sonrojo tal vez añada atractivo a las personas al ser un signo de honestidad difícil de fingir. Las mujeres se ruborizan más, por lo que el sonrojo pudo evolucionar como una forma en la que ellas manifestaban su fidelidad a los hombres para lograr que se implicaran en la crianza de los hijos. Es como decir: «no puedo mentir».

¿Por qué te gusta besar?

Los humanos nos besamos. Y nos sentimos bien cuando lo hacemos. No todos, claro está, porque hay culturas que no lo practican. Eso significa que no está en los genes. Según «Cómo ser humano», existen varias explicaciones sobre esta práctica. Una propuesta es que la primera experiencia de satisfacción, seguridad y cariño del bebé proviene de las sensaciones bucales asociadas al acto de mamar. Además de esto, es probable que nuestros ancestros destetaran a sus hijos mediante una alimentación boca a boca de comida masticada por los progenitores, tal como hacen hoy en día los chimpancés. Otra idea es que nuestros ancestros se sintieron atraídos en primer lugar por los frutos maduros, rojos, y después adoptaron esta atracción con fines sexuales, lo que favoreció una coloración rojiza en los genitales y en los labios.

Lo cierto es que los labios son una de las partes más sensibles del cuerpo, repletos de neuronas sensoriales conectadas con los centros del placer del cerebro. Besarse reduce los niveles de la hormona del estrés llamada cortisol y aumenta los de la hormona «del amor», la oxitocina.

Algunos estudios también apuntan a que el beso podría permitirnos detectar el olor personal de los demás. Nos sentimos más atraídos por el olor corporal de la gente con un sistema inmunitario más diferente del nuestro, con quienes es posible tener descendencia más sana.

¿Por qué eres generoso?

El verdadero altruismo rara vez se da en la naturaleza. Sin embargo, los seres humanos sí parecen comportarse de manera desinteresada. Como evolutivamente no tiene sentido, los expertos en biología han desarrollado diversas explicaciones. Una de ellas es que la amabilidad con extraños sea tan solo una extensión de nuestra amabilidad con las personas de nuestra propio grupo, lo que favorece nuestros intereses genéticos. También es posible que al vivir en grupos en los que dependemos unos de otros, los actos de generosidad sean favores egoístas que nos cobramos cuando lo necesitamos. De igual manera, nos permite mantener una buena reputación, lo que puede incrementar las posibilidades de supervivencia y reproducción del individuo. Otra idea apunta a que los que aunaban esfuerzos derrotaban a otros grupos formados por individuos más egoístas y aseguraban su supervivencia. Una versión del clásico «divide y vencerás».

¿Por qué no puedes dejar ese mal hábito?

El dicho dice que se tarda 21 días en adoptar un nuevo hábito o en dejar un antiguo vicio. Lo que sabe la ciencia es que algo cambia en el cerebro cuando una acción consciente se convierte en costumbre. Cuando una rata aprende a atravesar un laberinto y empieza a seguir siempre la misma ruta por costumbre, las ondas cerebrales se vuelven más lentas en una región del cerebro llamada cuerpo estriado. Esto puede indicar la aparición de un hábito. Los estudios revelaron que las células del cuerpo estriado se estimulan de este modo al comienzo y al final de un comportamiento, como si señalizaran la activación y desactivación de un piloto automático. Esta partición del comportamiento nos permite evitar desperdiciar una capacidad cerebral muy valiosa con actividades rutinarias. El inconveniente es que el cerebro también se puede acostumbrar a comportamientos poco saludables o indeseables. Un mal hábito, como comerse las uñas, pueden empezar con la finalidad de aliviar la tensión o el nerviosismo, pero después se convierte en algo habitual y comienzas a hacerlo sin darte cuenta. «Aunque sea un fastidio, el cerebro no distingue entre los buenos y los malos hábitos», dice el libro.

¿Por qué estás en las nubes?

«Durante la lectura de estas frases es casi seguro que tu mente se despistará al menos una vez», advierten los autores de «Cómo ser humano». ¡Y eso que el asunto es de lo más interesante! Seguramente, un recuerdo te trasladará a otro lugar; o quizás sea el hambre; puede que el sexo. Según las estimaciones, cita el volumen, podemos pasar casi la mitad de nuestra vida «desconectados» del momento e inmersos en nuestra vida interior. Aunque durante mucho tiempo se ha considerado un defecto grave, lo cierto es que es una señal de la mente sana. Los estudios del cerebro mediante escáner cuando la mente no está concentrada han demostrado actividad en una serie de regiones. Se conoce como red neuronal por defecto, y se activa cuando estamos despiertos pero mentalmente ociosos. Su cometido es la ensoñación, cuya tarea es incorporar a nuestros planes futuros las lecciones aprendidas en el pasado. Esto podría suponer algo muy importante para la creatividad, ya que ayudaría a relacionar conceptos disparatados que tenemos en mente. De ahí los beneficios de desconectar. Al parecer, se trata de un ejercicio tan relevante que el cerebro se sume en él siempre que puede.

¿Por qué has llorado?

Los humanos somos los únicos que lloramos por motivos emocionales. Algunas interpretaciones dicen que así eliminamos sustancias químicas dañinas para el cuerpo, como las hormonas del estrés, pero es una idea poco creíble. El llanto promedio tan solo produce alrededor de un mililitro de lágrimas. Sí hay algunos indicios de que llorar relaja el cuerpo mediante la activación del sistema nervioso parasimpático o mediante el incremento de los niveles de oxitocina, la hormona del amor. Sin embargo, dicen los autores, la verdadera función del llanto es social. Llorar indica que necesitamos ayuda. Por eso ocurre en los ojos, la parte del cuerpo más visible, y no, por ejemplo, en la palma de las manos.

¿Por qué sientes asco?

El asco, esa especie de aversión o repulsión, nos permite protegernos de enfermedades y de la muerte haciendo que nos apartemos de las cosas perniciosas, pero hoy en día también es un sentimiento muy social. Nos distancia de la gente que se salta las normas o de quienes creemos que pueden padecer alguna enfermedad. Numerosos estudios indican que cuando sentimos asco durante unos instantes tendemos a juzgar con mayor severidad a los demás, por lo que el asco puede ser utilizado para manipularnos deliberadamente. La propaganda nazi identificaba al pueblo judío con ratas inmundas y los extremistas hutu de Ruanda llamaban «cucarachas» a los tutsis.

Algunos experimentos muestran que la inducción al asco puede llevar a la gente a rechazar a las minorías. Y las personas con más tendencia a sentir asco suelen ser las más conservadoras. Esto podría llevar a la manipulación política. «En abril de 2012, los Republicanos sacaron tajada de la historia de que Barack Obama comió carne de perro en Indonesia cuando vivió allí de niño», recuerdan los autores. Antes de las primarias de 2010 para la elección de gobernador en el estado de Nueva York , el candidato Carl Paladino del Tea Party envió miles de octavillas impregnadas con olor a basura con el mensaje «deshazte de la peste» junto a fotografías de sus contrincantes. Algunos analistas políticos creen que esas octavillas lo ayudaron a desbancar a sus rivales para ganar la nominación republicana.

Y un dato curioso sobre el asco. Las mujeres suelen sentirlo en las primeras etapas del embarazo. El motivo es que el sistema inmunitario está debilitado y son especialmente vulnerables a la enfermedad.

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